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“La historia sólo es interesante porque ilumina el presente”
El autor de «El Imperio eres tú», Premio Planeta de Novela 2011, explica: «Uso la literatura para intentar contar por dentro lo que los historiadores han contado por fuera».
Periodista: Imagino que está feliz de haber ganado con su los 600.000 euros del Premio Planeta de Novela 2011.
Javier Moro: Pero, anda, si es no es nada. Es un adelanto sobre las ventas, y se entrega a los tres años. No es que yo me vaya de la fiesta con dos bolsas llenas de dinero. Y eso no difiere de lo que he cobrado por las ventas de mis libros, que por lo común han sido unos 200.000 euros por año. Diría que eso está muy bien, es lo que proviene de un fuerte trabajo, el tiempo que me tomo y las investigaciones que hago para escribir cada libro. Llevo siete novelas y, por ejemplo, «Pasión india» lleva vendidos un millón trescientos mil ejemplares. Y con «El sari rojo» una cantidad parecida.
P.: Por ese libro le quisieron prender fuego en la India.
J.M.: En «El sari rojo» cuento de la familia Gandhi Nehru a través de Sonia Maino, una italiana que cuando estudiaba en Cambridge se enamoró de Rajiv Gandhi, y sin quererlo llegó a ser presidente del Partido del Congreso de la India, y sobre esa mujer hasta ese momento no se había escrito nada. Cuando salió la traducción al inglés cuestionaron los contenidos del libro. Y en la segunda semana de junio de 2010, las juventudes del Partido del Congreso, cuando aún no había salido el libro en la India, organizaron manifestaciones, sacaron fotos mías de Internet que quemaron junto a un muñeco que me representaba como si yo fuera George Bush. Una movilización contra un libro que no habían leído. A los pocos que lo habían leído les había indignado, porque nada duele tanto como la verdad. Yo cuento que Sonia Gandhi salió de una familia italiana humilde, y que el padre con esfuerzo había logrado avanzar socialmente. En Europa con eso todos estaríamos dichosos, pero en la India no, porque eso quiere decir que se es de baja casta, y ella es una diosa, la viuda de Rajiv y la nuera de Indira. Está emparentada a la «familia real». La realidad era políticamente inaceptable para sus partidarios, no admiten que la mujer más poderosa de un país de 1.200 millones de personas, la que elige el primer ministro, sea italiana. La bestial campaña contra mi libro la llevó adelante un abogado que era el presidente del Parlamento. Su agresividad iba tras sumar juicios y secuestrar la edición. Ahora lo han despojado de sus derechos profesionales porque lo pillaron tirándose a una joven jueza, a la que promocionó a altos cargos. El que hizo un escándalo con mi libro, tuvo un escándalo de novela; lo que es el karma...
P.: Con su nueva novela volvió a Brasil, escenario de «Senderos de libertad», la primera que publicó.
J.M.: La primera fue sobre la epopeya de Chico Mendes, del que hoy parece que nadie quiere hablar en Brasil. Fue el único de mis libros que no funcionó allí. Acaso porque habla del Brasil que no quieren oír hablar. Ellos quieren oír del Brasil imperial, de sus descubrimientos petroleros, de que son sexta potencia mundial, no que se les recuerde que hay una parte del país muy subdesarrollado, con una violencia endémica.
P.: ¿Qué pasó con «El imperio eres tú», que revisa los orígenes del Brasil?
J.M.: Ha habido una pequeña polémica que me ayudó mucho. Un escritor dijo que mi libro era un ejemplo del neocolonialismo de España con Brasil. Cuando estuve en la televisión de Brasil le contesté que esa era una fórmula idiota para espantarme del jardín privado que considera que es el Brasil. Y la historia no pertenece a nadie. Los mejores historiadores de España son ingleses. Y mi libro es una historia novelada, no pretende ser un libro de historia.
P.: ¿Qué le atrajo de esa etapa fundacional de Brasil?
J.M.: Que es apasionante. Parte de un país pequeño, Portugal que tuvo presencia en los cuatro continentes y se expandió en ellos. Cuento cómo la familia real portuguesa decidió largarse, antes de quedarse en Europa frente al avance de Napoleón. Eso permitió que hoy Brasil sea el país que es, grande y unido. Fue la única vez en la historia que una monarquía se instaló en una de sus colonias. Eso lo conté no como un historiador sino desde un punto de vista dramático, como el autor literario que soy. Me puse en la piel del rey Juan VI teniendo que decidir si gestionar a los suyos o salvar algo más grande que el Portugal, que era el imperio. Un lisboeta le espetó: «traidor, nos abandonas». No se pensaba traidor, sino que hacía su deber al salvar el imperio, que era más grande que la metrópoli. La de la familia real es una horrenda travesía hasta que llegan a Rio de Janeiro y ponen la capital del imperio. Había arrastrado con él a toda la elite de Portugal, casi un diez por ciento de la población. La reina, la española Carlota Joaquina de Borbón, baja con un enorme turbante que sorprende a las mujeres que creen que es un nueva moda europea, en realidad es para ocultar que se ha hecho rapar a cero por la cantidad de piojos que la habían poblado en los cuatro meses de ese atroz viaje con el que Juan VI salva su imperio y su hijo, Pedro I, en el que centro mi libro, que llegó a ser emperador a los 23 años, construye el Brasil. La familia real se enamoró del lugar, del clima tropical, de los paisajes, de la gente y comenzó a construir teatros, museos, la Biblioteca Nacional.
P.: ¿Cómo era Pedro I?
J.M.: Un niño que prácticamente se educa con los palafreneros, en las cuadras, sin el amor de su madre, sin la atención de su padre, a lo salvaje. No se supone que tiene que reinar, por tanto no le dan una educación especial; pero cuando muere el primogénito, pasa a ser el heredero del trono. Su conflicto, el de todos los monarcas, es que quiere tener una vida de hombre libre, pero no puede. Se enamora de una chica francesa. Pero su padre armaba la boda con Leopoldina, archiduquesa de Austria, hija del emperador Francisco I, que era un negocio de Estado muy importante. Pedro no quiere asumir su herencia. Juan VI le dice: «Oye, que has nacido en esta familia, y el imperio somos nosotros, el imperio eres tú -de allí surge el nombre de mi libro- y tu mujer algún día lo será». Después de la huida un poco humillante de Lisboa, esa boda era mostrar que el reino había renacido en Brasil. Era la oportunidad de unir dos imperios, y echaron el resto en ello, oro y diamantes, viajes de ministros, acuerdos. Juan VI no puede tolerar que su hijo ande con una francesa a la que encima ha dejado embarazada. Le dice: «Pedro, tú puedes amar como un hombre, pero te tienes que casar como un príncipe». Él se rebela pero debe casarse. A la francesa la mandan a Pernambuco, tiene el hijo y mueren. Pedro I escribe al gobernador general de Pernambuco pidiendo que embalsamen a su bebé, lo coloque en un féretro blanco y se lo manden. Y ese féretro lo tiene en su despacho durante 20 años. Y así fue como mientras su esposa, la virtuosa Leopoldina de Austria, lo llevó a la cumbre, su amante, la ardiente Domitila de Castro, entre otras, lo arrastró a la decadencia.
P.: Usted lo describe como un empedernido mujeriego.
J.M.: Lo era a un nivel inconcebible, le venía de los Borbones, de su madre. Necesitaba tener sexo constantemente. Se calmó un poco para conseguir una segunda esposa, porque nadie quería casarse con alguien que andaba de cama en cama. Pero no pudo frenarse, su último hijo lo tuvo con una monja en las Azores. Es que siendo emperador las mujeres quedaban impresionadas y se le entregaban, pero nunca lograba conquistarlas, enamorarlas.
P.: Su madre recuerda a las reinas romanas, a Agripina.
J.M.: Carlota Joaquina, hija de Carlos IV de España y hermana de Fernando VII, era manipuladora, ambiciosa, hasta intentó dar un golpe de estado a su marido. Como para que no me fascinara con ese escenario y esos personajes. Si «El imperio eres tú» lo hubiera escrito como una novela se hubieran pensado que era fruto de mi imaginación más descabellada.
P.: ¿A qué se debe su pasión por recrear la historia?
J.M.: La historia no es interesante per se, es interesante porque ilumina el presente. Nos enseña quiénes somos, de dónde venimos y por qué somos así. Me parece tremendo que entre países hermanos como los nuestros haya tanto desconocimiento. Yo no recreo la historia como Arturo Pérez-Reverte colocando personajes de ficción en un contexto histórico. Lo mío es otra cosa, no hay personajes ni trama de ficción, es la historia dramatizada e interpretada, con diálogo que invento pero basados en documentos, he tenido mucho que leer e investigar. Trato de ponerme en el lugar del personaje y ver a través de sus ojos. Uso la literatura para intentar contar por dentro lo que los historiadores han contado por fuera. Mi libro busca tender puentes entre los que pertenecemos a lo que Saramago llamaba el gran universo hispano.
Entrevista de Máximo Soto


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