30 de septiembre 2009 - 00:00

“La insatisfacción produce pérdidas en las empresas”

Cristal: «Yo le escapé a esas obras de los cinco puntos que cambian mágicamente la vida o resuelven rápidamente un problema. Si bien en mi libro doy muchas herramientas, no son fórmulas mágicas».
Cristal: «Yo le escapé a esas obras de los cinco puntos que cambian mágicamente la vida o resuelven rápidamente un problema. Si bien en mi libro doy muchas herramientas, no son fórmulas mágicas».
Con modos narrativos tomados de la novela y conceptos extraídos de diversos pensadores, Marcos Cristal buscó explorar en su libro «El equilibrista» la relación entre vida personal y vida laboral. Cristal es consultor de empresas y profesor en la UBA, la UCA y la San Andrés. «Mi actividad principal es capacitación apoyada en simuladores de negocios, pongo a la gente a jugar con simuladores, gestionando un negocio y a partir de allí se generan resultados y aprendizaje», explicó Cristal en diálogo con este diario.

Periodista: ¿Cómo llega a su libro «El equilibrista»?

Marcos Cristal: Durante muchos años mi actividad estuvo focalizada en los aspectos duros del negocio, a ayudar a empresas a mejorar resultados. Y los resultados los genera la gente, que si no esta motivada, no rinde tanto. Encontraba un nivel de insatisfacción relativamente grande. Gente que no encuentra en su trabajo un desarrollo de sus capacidades y proyectos como le gustaría. Curiosamente esto se enlaza con el contexto privado, la vida íntima y con lo que denominamos felicidad. «El equilibrista» trata sobre el difícil equilibro entre mundo profesional y mundo privado.

P.: ¿El estilo del libro lo tomó de los modelos estadounidenses?

M.C.: Quería un ensayo enriquecido con ejemplos de situaciones de sufrimiento y frustración de gente con la que durante años trabajé y conversé. Después descubrí que ese modelo con algo de ensayo y algo de novela es una tendencia en mucha obras.

P.: Algunas parecen «de autoayuda y superación personal».

M.C.: Yo le escapé a esas obras de los cinco puntos que cambian mágicamente la vida o resuelven rápidamente un problema. Si bien en «El equilibrista» doy muchas herramientas y creo que puden ser muy útiles para los que están buscando encontrar un mejor equilibrio entre vida y trabajo, no doy fórmulas mágicas sino elementos para que cada cual encuentre su propia senda. La felicidad es un camino que cada uno debe recorrer, pero hay cosas que facilitan el avance.

P.: ¿Por ejemplo?

M.C.: Una primera cuestión es pensar quién es el autor de lo que ha sido la novela de mi vida hasta hoy. Uno se puede dar cuenta de que se siguió un guión que no fue escrito por uno. Es un primer paso, el siguiente es querer empuñar la escritura del propio guión. En «El equilibrista» ofrezco ideas de algunos filósofos que sostienen que no estamos acotados por un destino, que el libre albedrío nos abre a miles de posibilidades, que hay muchas oportunidades y la cuestión es ir encontrando la que a uno más le entusiasma. Yupanqui canta: «Tú que puedes vuélvete, me dijo el río llorando». El río tiene un curso determinado, nosotros podemos girar, ir hacia otro lado. Esto no significa que no haya restricciones. Ahí está el arte de jugar con las oportunidades y las restricciones. Uno a veces se pasa haciendo listas de quejas, pero con lo que le ocurre desde el afuera uno algo tiene que ver. Un pensador dice «Lo cierto es que aquí estamos, y tenemos que hacernos cargo de nosotros mismos, porque si bien no sabemos por qué aquí estamos, lo que sabemos es que un día no vamos a estar más». Como sabemos de esa finitud, qué esperamos para hacernos cargo de nosotros mismos.

P.: ¿Qué autores le interesan?

M.C.: En lo específicamente profesional, George Soros, que en sus obras también busca en pensadores elementos para comprender la realidad del mundo de los negocios. Yo tomo algunas ideas de él, me apasiona su apertura. Otro es Jack Welch, que fuera dirigente de la General Electric, que escribió «Wining» , donde desde su autobiografía muestra como se fue manejando el difícil equilibro entre vida y trabajo. Cree que la gente tiene que estar casada con su trabajo, no tener otra vida. Me importó señalar como de ese modo no lograba un buen equilibrio, cómo provocaba malas relaciones con su familia, y falta de satisfacción personal, a pesar de haber logrado muchas cosas.

P.: ¿Trabaja en otro libro?

M.C.: En «El equilibrista» me enfoqué en los individuos, ahora estoy escribiendo sobre cuánto gana la empresa al ocuparse de la felicidad de su gente. Esto no es meramente ético o políticamente correcto sino que, en términos económicos, las estadísticas muestran que el nivel de satisfacción de la gente en el trabajo no es muy alto y no da todo lo que puede dar en su labor. La insatisfacción produce pérdidas, y es paradójico porque las empresas están hechas para ganar, no para perder.

Entrevista de M.S.

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