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La intervención francesa en Mali, un trasfondo dramático

La guerra que París comenzó a combatir, con poca preparación, en el norte de Mali, debería, tal vez, tener ese objetivo estratégico final. Pero Francia -y la comunidad internacional- no parece tener las ideas sobre el medio y el largo período, más allá del precipitado intento de frenar el avance de los rebeldes hacia Bamako, la indefensa capital maliense.
Esta extraña guerra -que tuvo una primera consecuencia trágica con el sangriento ataque de Al Qaeda en Argelia- corre el riesgo de ser la primera pieza de un rompecabezas intrincado y peligroso que se está realizando muy cerca de las costas del sur del Mediterráneo.
Nunca Al Qaeda -como recuerdan los analistas de la CIA- pudo controlar un territorio vasto como ése en manos de varios grupos rebeldes. Y esto último es, justamente, un punto de particular preocupación.
En el norte de Mali se está coagulando un «ejército» compuesto de muchas almas. Inicialmente fueron los tuareg «laicos» del movimiento nacional de liberación del Azawad (como se llama al territorio de la etnia nómade tuareg) en llevar adelante la guerra contra Bamako, poco después del regreso de Libia (donde combatieron en las líneas de Muamar el Gadafi) cargados de armamento de primera calidad (incluidos algunos sistemas antimisiles).
Sucesivamente, llegaron los tuareg islamistas de Ansar Dine, los hombres del AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico, nacida del viejo movimiento salafista argelino) y los del MUJAO (Movimiento para la Unidad y la Yihad en el África Occidental), que considera al primero con demasiada vocación argelina y reúne a combatientes de varios países, incluidos los de Boko Haram nigerianos y los de Shabab somalíes.
Frente a esta coalición fuerte e inédita, armada hasta los dientes, con un adiestramiento militar significativo y capaz de buscar recursos financieros a través del tráfico de droga y el secuestro de ciudadanos occidentales, la respuesta internacional parece confusa y a destiempo.
Aunque parece un poco prematura, da cierto miedo la ecuación que realizan algunos analistas según los cuales los tuareg están en las nuevas células islamistas del Sahel, como los talibanes estaban en la primera organización fundada por Osama bin Laden en Afganistán.
Cierto es que los atrasos mostrados en conjunto por la comunidad internacional al afrontar las revueltas de la «primavera árabe» parecen repetirse en la situación preocupante que se está creando en Mali.
Por un lado, la guerra de Al Qaeda contra Bamako es hija de una de las revueltas de la «primavera árabe», la de Libia. Por otro, también en este caso es posible un efecto contagio del cual el ataque a la planta de gas en Argelia podría ser sólo el primer ejemplo.
Los países que miran con temor a los hechos en Mali son Níger, Chad, Mauritania y la propia Argelia. La reacción internacional confiada inicialmente a Francia, al igual que en Libia, necesita de mayor claridad desde el punto de vista militar y político.
Desde el punto de vista militar, es difícil para el presidente François Hollande repetir la postura de su antecesor, Nicolas Sarkozy. Los ataques aéreos difícilmente bastarán para frenar a los rebeldes que están preparados y determinados, mientras el Ejército maliense es casi inexistente.
Además, en la excolonia francesa hay cerca de 6.000 ciudadanos franceses. Y el paso del tiempo no juega a favor de París, con una extraña guerra que podría ser más comprometedora.
La llegada en las próximas semanas del contingente ONU-Ecowas, compuesto de tropas de países africanos limítrofes, podrá, pero tal vez sólo temporalmente, estabilizar la situación.
Luego será el momento de un compromiso estratégico de mayor espesor de parte de toda la comunidad internacional, que deberá poner en terreno una visión nueva y de largo aliento para toda la región, lograda no sólo por un componente militar, sino, y sobre todo, diálogo político y cooperación económica con los países de la zona.
El desafío afgano parecía lejos de Europa y Estados Unidos, y por demasiado tiempo Kabul quedó sola. Sabemos cómo anduvo todo.
El Sahel está mucho más cerca.
Agencia ANSA


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