- ámbito
- Edición Impresa
La ira de Menem con la UCR prolonga crisis del Senado
El salteño Juan Carlos Romero fue compañero de fórmula de Menem en 2003. El miércoles juró como vice 1o del Senado.
En la Cámara alta, el salteño Romero no sólo es uno de los pocos dirigentes que admite sin ruborizarse su admiración por el ex presidente. Es también el más fiel aliado político de Menem. Fue su candidato a vicepresidente en 2003, cuando la fórmula Menem-Romero se impuso a la de Néstor Kirchner-Daniel Scioli en primera vuelta. Desde el Club de Golf San Juan de los Olivos, en La Rioja, el secretario privado del ex presidente, Ramón Hernández, uno de los pocos exégetas del riojano, dejó trascender que el verdadero motivo de la ausencia de su jefe en el Senado fue el rechazo de la oposición a la postulación de Romero como presidente provisional en reemplazo de José Pampuro. El radicalismo y la Coalición Cívica apoyaron a Pampuro porque el plan de los federales evoca la asunción en 2001 de Ramón Puerta en ese cargo. Fernando de la Rúa duró diez días en el Gobierno.
«A mí no me va a conducir (Gerardo) Morales», fue una de las pocas frases de Menem que llegaron hasta la Capital Federal. La queja menemista dirigida al titular de la bancada UCR en el Senado quedó reflejada tácitamente en el final del comunicado firmado por el ex presidente: «La situación política e institucional del país es suficientemente seria como para tratarla con superficialidad, ingenuidad o con capacidades de aficionado». Menem ratificó así que en ningún momento firmó, o prometió firmar el acta opositora que detallaba la distribución de las comisiones.
Más allá del reparto de los despachos, contratos, teléfonos celulares y los autos con chofer que trae aparejado el reparto de comisiones, Menem sintió lesionado su ego. Gobernó 10 años la Argentina sin alternar con su esposa, más que los ocho años que cumplirá el matrimonio en 2011. Y la posibilidad de acceder nuevamente a la cúpula del poder a través de Romero era su principal motivación, pero la UCR la descartó de plano.
La frustración del senador por La Rioja quedó reflejada en el comunicado que difundió ayer en las redacciones de los diarios: «Mi trayectoria política es lo suficientemente clara y extensa como para que no se justifiquen especulaciones ni juicios arbitrarios y merece el respeto que tampoco se la considere un bien mostrenco para ser sumado sin consulta alguna a inventarios ajenos».
Lo cierto es que Menem dejó exultante a Cristina de Kirchner. La Presidente no pudo contener su alegría por la frustrada maniobra de la oposición para apoderarse del Senado y compartió su euforia a través de un llamado telefónico a Miguel Pichetto, jefe de los senadores oficialistas. No importó que el ex presidente peronista apenas haya prolongado la incertidumbre sobre el control de la Cámara alta y tampoco que el ícono kirchnerista de todos los males del país haya sido el encargado de servirle en bandeja al Gobierno su primera victoria política del año.
El kirchnerismo, pragmático como el menemismo, disfruta de los resultados más allá de las intenciones. Menem reapareció ayer en papel y negó por escrito haber cerrado un acuerdo con la oposición por el reparto de las comisiones. «Desde diciembre me encuentro en mi provincia. No he participado en ninguna de las negociaciones por cargos, comisiones y designación de autoridades de la Cámara de que han dado cuenta los medios en estas semanas, no he recibido ninguna consulta sobre ellas, ni mantuve conversación alguna con miembros del interbloque del que formo parte, no firmé ninguna declaración ni, por supuesto, he autorizado a nadie a que hable o firme en mi nombre», explicó el senador.

Dejá tu comentario