1 de octubre 2012 - 00:00

La lección del maestro Hoffman

Ricardo Darín le entrega a Dustin Hoffman el premio a la trayectoria en San Sebastián.
Ricardo Darín le entrega a Dustin Hoffman el premio a la trayectoria en San Sebastián.
San Sebastián (Enviado especial) - Las últimas conferencias de prensa fueron muy especiales. Por ejemplo, Ewan McGregor vino a presentar «The Impossible», sobre una familia que logró sobrevivir al tsunami, pero casi quedó desplazado cuando descubrieron que cerca de él estaba la auténtica sobreviviente que había inspirado el relato, la española María Belón. Así, la mitad de las preguntas fueron para ella.

En cambio, fue difícil sacarle declaraciones atrapantes a Monica Bellucci, que vino a presentar el fiasco poético «Fasle kargadan». Le tocó un día de huelga general y mal tiempo y encima percibió que la película no calzaba con el público. Quien no lo percibió fue Bahman Boghadi, el director, que insistió en su retórica.

Muy distinta fue la actitud de Lasse Hallstrom tras la proyección de su thriller «Hypnotisoren». El mismo empezó diciendo «Hago distintas cosas. Lo que intenté hacer esta vez, a ver si me salía». A alguien así se le disculpa casi todo. Además, es la primera vez que hace un thriller, y tan mal no le salió. Pero mejor le salen las historias sentimentales, y se alegró cuando le pedimos hablar de «Siempre a su lado», la del perro que espera a su amo durante años. «Amo a los perros, y en esta película aprendí a amar a los de raza hakita. Teníamos tres. Uno que sabía clavar la mirada y quedarse quieto para las tomas. Otro, que saltaba y se mostraba cariñoso. Y el tercero se hacía el viejo. Tras seis meses de entrenamiento, su dueño le decía Hacé de viejo y el perro caminaba muy triste y como si le dolieran los huesos. ¡Un verdadero actor!»

Otro verdadero actor, y no es ningún perro, fue públicamente elogiado por sus productores españoles: Guillermo Francella, protagonista de «¡Atraco!» El ya veterano Gerardo Herrero lo equiparó a Alberto Sordi. Y el diario «El Mundo» de Madrid también publicó sus fuertes impresiones sobre ese artista de «desparpajo atronador en toda su desgarrada y verborreica genialidad». «Inmenso. Capaz del drama y del delirio en el mismo segundo, cada plano de la película de Eduard Cortés se alimenta de la sabiduría de un intérprete tan profundo como divertido, tan feroz como ridículo». Altro che Sordi.

La última conferencia y última estrella de la noche fue Dustin Hoffman. Que dejó su avión privado en Biarritz (son pocos kilómetros). Y que debió hacer una escapada hasta el pueblo costero de Hondarribia, porque ahí las fuerzas vivas le habían organizado una procesión. Es que en 1972 Steve McQueen y él caminaron esas callecitas para la película «Papillon», la parte del comienzo, donde los condenados desfilan hacia el barco que los llevará a la Isla del Diablo, y la gente los mira con miedo y con lástima. Ahora decidieron que Hoffman debía caminar de nuevo por esas mismas calles, pero esta vez aplaudido a su paso por el público. Y el hombre se debe a su público.

El muchacho de entonces hoy es un astro de 75 años, exitoso, bien vestido, tostado, picado por la avispa, se nota, pero un tipazo, y un showman. Armó la conferencia en dos partes: una para que le pregunten sobre su carrera, y otra para introducir un amigo y hablar entre los dos sobre la película que trajo, la primera que dirige, «Quartet», su comedia sobre viejos internos de una residencia de músicos y cantantes líricos retirados.

Así, primero habló de «Tootsie» («me inspiré en una mujer poco atractiva, no en mi madre como dicen algunos»), de «Perros de paja», con particulares elogios al director Sam Peckimpah («el alcohol no le impedía seguir pensando, pero igual suspendimos el rodaje para internarlo unas semanitas en una clínica de rehabilitación»), de «Perdidos en la noche» («el primer film calificado X que ganó un Oscar, a muchos les irritaba que un inglés, John Schlesinger, hubiera mostrado un homeless durmiendo en la vereda de Tiffany ante la indiferencia general, decían que eso era un invento»). Habló de la verdad emotiva («ante una película de Bergman había mucho que no entendía, pero sabía emocionalmente lo que decían esas escenas» ).

De pronto saltó a un costado para presentar a Lucy Bevan, la jefa de casting de «Quartet» y su bebé, y cargó al niño como un abuelo orgulloso. De pronto, y sin ponerse melancólico, entró a hablar de la vida. «Todos estamos temporalmente. Como dice un personaje de Arthur Miller en La muerte de un viajante, Hemos firmado nuestro nombre en un pastel de hielo. Les hablo a mis hijos de Jackie Gleason, Sid Caesar, Red Skelton, ellos fueron populares, hoy nadie los conoce. Los cínicos dicen que estamos para reproducir y luego ya somos irrelevantes. ¡Pero el arte permanece! Y estamos aquí para ofrecerlo y enriquecer a los otros».

Y salió de nuevo, para darle paso a Billy Connolly, el pintoresco anciano protagonista de su película. Bromearon sobre la edad («Soy más viejo que el cine sonoro»), sobre los músicos que actúan en la comedia («Lucy los buscó por todo el país, artistas que todavía pueden trabajar, pero nadie los llama»), sobre las autolimitaciones: «A veces estás preparado y no te lo permites. ¿Por qué tardé tanto en dirigir una película? Bueno, al fin pude superar este demonio, aún me quedan otros». Y Connolly, el pelo largo y blanco, la voz firme, explicó lo que hicieron: «Yo creo que Quartet va de no te sientas muerto hasta que estés muerto, de eso va la película».

De pronto Hoffman se levantó a arreglarle los auriculares a Connolly. «¡Eso es dirigir!», dijo el otro. «No, eso es ser viejo», simplificó el astro. Y siguieron bromeando, y después estuvieron un buen rato firmando autógrafos. Y a las pocas horas terminó el festival.

P.S.

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