13 de enero 2016 - 00:00

“La mayoría de la ciencia ficción habla del pasado”

Harari: “Estamos adquiriendo capacidades que eran consideradas poderes divinos, como crear vida y modificar nuestros cuerpos y mente”.
Harari: “Estamos adquiriendo capacidades que eran consideradas poderes divinos, como crear vida y modificar nuestros cuerpos y mente”.
 "Hasta ahora la historia humana es la de un inventor de ficciones que le sirvieron para construir religiones, jerarquías, ideologías, prejuicios, derechos, naciones. La historia suele perderse en detalles, en tanto que una visión global explica nuestra evolución y hacia dónde se encaminan los seres humanos, que es a dejar de ser humanos y ser como pensamos que eran los dioses", nos comenta Yuval Noah Harari al comenzar la entrevista sobre su libro "De animales a dioses. Breve historia de la humanidad", que publicó Debate.

El israelí Harari es uno de los profesores de historia más solicitados del mundo. Tras doctorarse por la Universidad de Oxford, especializarse en Historia Medieval e Historia Militar, pasó a ser profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Tras una serie de laureados libros académicos, escribió "De animales a dioses" que provocó debates, controversias, admiración y se volvió best seller internacional. En su breve visita a Buenos Aires dialogamos con el profesor Harari.

Periodista: ¿Los seres humanos en el futuro se convertirán en dioses?

Yuval Noah Harari:
Sí, y no es una profecía sino algo muy probable. Volvernos dioses no es una metáfora, literalmente estamos adquiriendo capacidades que tradicionalmente eran consideradas poderes divinos, como crear vida y modificar nuestros cuerpos y mente. ¿Qué son los dioses? Seres que tienen capacidades sobrehumanas, capacidades que ahora están consiguiendo los seres humanos. En la Biblia se cuenta cómo Dios tiene el poder de crear animales y plantas, hoy esas capacidades son posibilidades humanas. Hace 70.000 años el Homo Sapiens era un animal insignificante, uno más entre otros, que buscaba sobrevivir en un rincón de África. En lo milenios siguientes se transformó en amo del planeta y terror del ecosistema. Hoy avanza no sólo hacia la eterna juventud, sino a poseer las capacidades divinas de creación y destrucción. Durante miles de años la gente rezó a los dioses para tener mejores cultivos o curarse de enfermedades. Hoy tenemos el poder de crear cultivos modificados genéticamente que ofrecen posibilidades impensadas de producción, y medicamentos que avanzan en la lucha contra las enfermedades, y ofrecen una cada vez mayor duración de la vida.

P.: ¿Cómo surge la idea de "De animales a dioses"?

Y.N.H.:
Un colega argentino me alentó, el doctor Diego Holstein. Dábamos Introducción a la Historia Mundial en la Universidad Hebrea de Jerusalén, y le comenté el entusiasmo de los alumnos por el modo global en que mostrábamos el desarrollo de la humanidad, distinto a la forma en que se la enseña comúnmente. Ir a los detalles puntuales me parece secundario, hoy los problemas que tenemos son globales. La contaminación, el calentamiento, la inteligencia artificial, ciertas decisiones políticas y económicas afectan a nivel planetario. Mi amigo Holstein me impulsó a escribir ese enfoque global de los cien mil años de evolución de los homo sapiens. Y como la biología no tiene todas las respuestas, necesité de la antropología, la sociología y obviamente la historia, para poder presentar una gran panorámica.

P.: ¿Por qué la teoría darwiniana de la evolución ha adquirido un rol científico predominante?

Y.N.H.:
Porque es la mejor para explicar la evolución de la vida. No sé cómo es aquí la discusión entre los científicos, en Estados Unidos se da entre evolucionistas y creacionistas, pero no hay evidencia científica que pueda avalar la teoría creacionista. Aun las personas que rechazan el darwinismo están felices de poder tomar medicamentos modificados genéticamente que se lograron a partir del evolucionismo.

P.: ¿Cuáles son los pasos que llevaran a los humanos a volverse inmortales?

Y.N.H.:
El poder que tenemos en medicina, y en todo, es resultado de la revolución científica iniciada hace 500 años. En particular de un gran descubrimiento: el de la ignorancia. Las culturas anteriores creían que tenían las respuestas para todas las cuestiones importantes, que estaban en las Sagradas Escrituras, y no tenían por qué buscar otros conocimientos. La revolución científica mostró que en realidad era poco y nada lo que se sabía. Y vieron que buscando saber se adquirían posibilidades inmensas, enorme poder. Poder que no ha dejado de aumentar. Por caso, aún no se está haciendo mucha ingeniería tecnológica con humanos. Pero cuando una innovación permita suprimir una enfermedad, se la hará. El objetivo de la medicina en el siglo XX fue curar a los enfermos. En el siglo XXI será mejorar el estado de personas sanas, prolongar la vida a un punto insospechado, ir más allá de "la normalidad" en todo. Esto ya lo estamos empezando a ver.

P.: ¿La intensificación de los cambios se produce luego de la Segunda Guerra Mundial?

Y.N.H.:
El ritmo de los cambios se está acelerando cada vez más. Nos encontramos en una situación en que nadie sabe cómo será el mundo de acá a veinte o treinta años, de hecho las estructuras más básicas de la sociedad, como la familia o el mercado de empleos, nadie puede decir cómo serán. Eso no tiene precedentes. Y la gente tiene miedo de lo desconocido. Creo que algunas de las revueltas que se están produciendo en el mundo son reacciones frente a un cambio rápido donde nadie sabe hacia dónde nos estamos dirigiendo. Hay gente de 20 años que pregunta:¿qué debo estudiar para tener el día de mañana un buen trabajo? No tengo respuesta porque en 50 por ciento de los casos los robots van a hacer el trabajo de mejor manera. Lo que estoy seguro es que las personas van a tener que reinventarse constantemente. Antes una profesión servía para toda la vida. Hoy hay profesiones que las innovaciones vuelven caducas y hacen desaparecer de un momento a otro. En 50 años la mayoría de las personas no trabajaran porque ya no serán útiles.

P.: ¿Las novelas de ciencia ficción, salvo las que tratan de cyborgs, están atrasadas?

Y.N.H.:
La mayoría de la ciencia ficción habla del pasado, de su presente, porque es difícil anticiparse al futuro. En los años 50 la gente estaba apasionada con la bomba atómica, la energía nuclear, las vacunas. Se soñaba con la exploración en el espacio exterior, con colonizar Júpiter. Pasó medio siglo y eso no ocurrió. Por el contrario, nadie previó Internet, el mundo digital, que es mucho más valioso que visitar la Luna o llegar a Marte. Hay cosas que se imaginaron y no suceden y otras que ocurren que nadie se imaginó. Es que las revoluciones históricas en el pasado eran externas, se daban en la agricultura, la política, la economía, pero se seguía teniendo el mismo cerebro, el mismo cuerpo que en la Edad de Piedra. En las próximas revoluciones eso va a cambiar, las transformaciones del cuerpo y de la mente resultarán básicas y sorprendentes.

P.: ¿La ampliación de la expectativa de vida provocará problemas demográficos y de alimentación?

Y.N.H.:
El incremento de la expectativa de vida es una de las grandes revoluciones actuales. En el siglo XX, en los países desarrollados, aumentó de 35 a 50 años, de 65 a 70, y siguió avanzando, eso ha cambiado completamente las sociedades. A la vez se pasó a tener menos hijos. Hace un siglo se tenían cinco a seis hijos, de los cuales tres morían de diverso tipo de enfermedades. En las sociedades avanzadas se tiene uno o dos hijos. Y en las más avanzadas, como Japón, han casi dejado de tener hijos. Hoy las personas ricas han comenzado a pensar seriamente en la inmortalidad. Antes eso era ciencia ficción. Se podría soñar en luego de morir ir al paraíso, pero no en vivir para siempre. Hoy las elites más ricas están financiando investigaciones científicas de herramientas para alcanzar la inmortalidad. Hay inversiones millonarias en laboratorios que tienen como objetivo superar la muerte, que pasó de ser un problema metafísico a ser un problema técnico. Las religiones explicaban que los seres humanos mueren porque es la voluntad de Dios, la ciencia considera que se trata de problemas técnicos. Un infarto, por ejemplo, es algo que técnicamente se puede solucionar. A problemas técnicos, soluciones técnicas: un trasplante, la bioingeniería, el remplazo tecnológico del miembro faltante, un instrumento que permite recuperar una capacidad perdida.

P.: ¿En la medida en que los seres humanos se vuelvan cyborgs, sumando a su cuerpo elementos técnicos, dejaran de ser humanos?

Y.N.H.:
Se trata de un proceso gradual, evolutivo. Así como de ser simios pasamos a ser humanos, en el futuro habrá superseres humanos, si bien la evolución va a ser mucho más rápida que antes no va a ser de un día para otro. De aquí a un siglo o dos los seres como nosotros habrán desaparecido, siendo reemplazados por seres mucho más diferentes de lo que nosotros somos de los neandertales o los chimpancés.

P.: ¿Esa posibilidad técnica de evolución provocará una fuerte diferenciación social?

Y.N.H.:
Uno de los grandes miedos es que todos los beneficios logrados por el desarrollo generen desigualdad, que sólo una pequeña elite pueda ser de superhumanos y que el resto de los humanos queden retrasados. Sería la primera gran brecha biológica. Las diferencias entre ricos y pobres, en casos anteriores, era por cuestiones políticas, económicas, sociales, no por cuestiones biológicas. Las cuestiones físicas y mentales entre un rey y un campesino eran sólo una diferencia de situación. En el futuro se verá una división entre castas biológicas. La revolución genética provocará esa brecha. Los ricos van a ser más creativos, más inteligentes, biológicamente más evolucionados y protegidos. La revolución actual de la medicina cambió de foco, está en eso, busca mejorar a los que ya están sanos. Curar a los enfermos era un proyecto igualitario, buscar que todos lleguen al mismo nivel. Mejorar a los sanos es un proyecto elitista.

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

Y.N.H.:
Mi próximo libro "Homodeus. Historia del mañana", que trata del humano dios, investiga el futuro de la humanidad, así como "De animales a dioses" trata del pasado. Mi idea es que para septiembre se publique en Gran Bretaña.

Entrevista de Máximo Soto

Dejá tu comentario