23 de abril 2012 - 00:00

La meticulosa construcción de un antihéroe

París - El socialista François Hollande, que se impuso en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Francia, era visto como un político blando e inexperto, pero se mostró constante y supo ganar credibilidad, capitalizando el rechazo al mandatario saliente, Nicolas Sarkozy.

Tras conocerse el resultado de la primera vuelta, Hollande dijo que las elecciones mostraron dos hechos principales: el primero, que «yo soy el mejor ubicado para ser el próximo presidente» y el segundo es una «sanción» a Sarkozy, a quien enfrentará en el balotaje del 6 de mayo.

«El cambio está ya en marcha y nada lo detendrá», añadió, proponiendo «reorientar a Europa por el camino del crecimiento y el empleo», tras prometer en la campaña que, si es elegido, renegociará el tratado de austeridad fiscal aprobado por la casi totalidad de los países de la UE en marzo.

El candidato socialista reconoció él mismo durante la campaña que la adhesión de los franceses a su candidatura «vino progresivamente». Ahora encarna una alternativa a Sarkozy y la esperanza para la izquierda de volver al poder, por primera vez en 20 años.

«El próximo jefe de Estado debe ser lo contrario de Nicolas Sarkozy», recalcó Hollande.

Más allá de las divergencias políticas, todo opone al candidato socialista del presidente saliente, del que aquél rechaza «la exhibición permanente» y denuncia que «no ha dejado de indisponer a la mitad de Francia contra la otra mitad».

Hollande asume el calificativo de «antihéroe» que le dio el diario español El País, y promete «una presidencia modesta para el que la ejerce, pero ambiciosa para el país».

Hace dos años que Hollande recorre el país, dos años que trabaja su imagen. El hombre afable quiere mostrarse sólido y «tenaz», su principal cualidad, según su amigo el exministro Michel Sapin.

Para Hollande, la presidencia tiene una dimensión simbólica. Símbolo de voluntad y de moral.

En el plano moral, afirmó que «quiere que la acción del Estado vuelva a ser ejemplar», criticando la «tendencia personalista» y la «exhibición permanente» del presidente saliente.

En vísperas de los comicios se mostró prudente -»nada está decidido», dijo-, pero repitió con convicción: «Estoy preparado para presidir Francia».

«Se ha transformado y ha forjado su destino», afirma de él el ex primer ministro Lionel Jospin, a quien Hollande sucedió como líder del Partido Socialista en 1997 (por once años) y que lo asoció estrechamente a todas las decisiones cuando gobernaba.

Una manera de decir que la falta de experiencia gubernamental del candidato socialista no es un problema. Barack Obama «tampoco había gobernado nunca» antes de ser presidente, recuerda el interesado, que hace hincapié en sus mandatos electivos: alcalde, diputado y presidente del departamento de Corrèze.

Hollande, de quien se apreciaba el humor, era considerado entre los socialistas como un «indeciso», «incapaz de zanjar», hasta el punto que algunos de sus compañeros lo apodaban «flanby» (flan con caramelo).

En cambio, sus viejos amigos ven en su voluntad de consenso una «capacidad de reunir», una síntesis de prudencia y audacia.

De 57 años, nació en el seno de una familia burguesa de provincia en Ruán (noroeste). Estudió en la ENA, prestigiosa escuela de administración y vivero de la elite política francesa. Allí conoció a la que fue su compañera durante 25 años y madre de sus cuatro hijos, Ségolène Royal.

En 2007 fue ella la candidata de los socialistas a la presidencia.

Y hasta el año pasado, todo el mundo pensaba que en 2012 sería el turno del ex director gerente del FMI Dominique Strauss-Kahn. La detención de éste en Nueva York en mayo pasado acusado de agresión sexual lo borró definitivamente del mapa político francés, dejando así vía libre a Hollande.

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