27 de noviembre 2008 - 00:00

"La milonga vive, pero hoy no hay donde cantar tango"

Juan Carlos Godoy y Leopoldo Federico, dos de las figuras que relucen en Café de los maestros, que vuelve a escena.
Juan Carlos Godoy y Leopoldo Federico, dos de las figuras que relucen en "Café de los maestros", que vuelve a escena.
Emulando aquel exitoso proyecto que encabezó el norteamericano Ry Cooder con artistas cubanos, que se llamó «Buena Vista Social Club», el argentino Gustavo Santaolalla, ganador de dos Oscars consecutivos en música original de films, decidió hace ya unos años llevar adelante su «Café de los maestros». Convocó a grandes figuras del tango rioplatense como Mariano Mores, Horacio Salgán, Leopoldo Federico, Aníbal Arias, Gabriel Clausi, Juan Calos Godoy, Virginia Luque, Atilio Stampone, Ernesto Baffa y varios más y empezó a hacer rodar este plan que, hasta el momento, ha dado como resultado un disco doble, un libro, una película y una actuación en vivo en el teatro Colón -poco antes de su cierre-en agosto de 2006.

Próximos al lanzamiento de un DVD, Santaolalla y su producción decidieron volver a poner al «Café de los maestros» a la consideración pública, y están organizando un nuevo concierto, en el teatro Gran Rex el 11 de diciembre, día del tango. En su oficina de presidente de AADI -la Asociación Argentina de Intépretes-, el bandoneonista Leopoldo Federico recibió a este diario y a Juan Carlos Godoy, un cantor también con larga histora que forma parte del proyecto y con el que compartirá escenario una vez más.

«Disculpen por la demora», arranca el anfitrión. «Es que vengo de hacerme unos estudios y tardé más de lo previsto. Hace poco me descubrieron diabetes», agrega. La salud será un tema que volverá a lo largo de la charla, como para que no queden dudas que es algo que lo tiene ocupado y preocupado a Federico. «Yo a veces como alguna galletita, que no debería», dice. «Pero además, yo me hago problema por todo, y el stress no es bueno; hace subir la glucosa». Estas cuestiones son, de algún modo, la impronta de este «Café de los maestros», porque todo lo que ha venido sucediendo ha estado signado, de algún modo, por la edad de los participantes.

«La verdad es que esto es algo maravilloso», sigue Federico ya más optimista. «Yo no vi la película completa, pero sé que las críticas han sido muy buenas y todos los que han estado en los cines me dicen que la gente se emociona cuando la ve. Es bueno porque sirve como testimonio de una generación. Es una pena que no se hubiera hecho antes, cuando estaban vivos Troilo, Piazzolla, D'Arienzo y Pugliese. Igualmente, uno lagrimea cuando recuerda aquellos años, que fueron los mejores del tango, cuando la calle Corrientes reunía en una misma noche a todas las grandes figuras».

«Para mí también es una enorme satisfacción que me hayan convocado para esto. Se imagina: yo jamás podría haber actuado solo en el Colón» -acota Juan Carlos Godoy, que se suma a la charla-. «Igualmente» -sigue Federico-, «no sé bien cuál es la finalidad que persigue Santaolalla con todo esto; nunca se lo pregunté. Quizá sea difundir el tango en el exterior. Claro que se le complica porque estamos todos veteranos y organizar conciertos afuera es muy difícil. Pero de lo que no caben dudas es que nos contagió el entusiasmo, ya cuando empezamos a grabar en los estudios Ion. La pena es que desde ese momento, algunos ya no están y otros están con problemas de salud».

Periodista: ¿Este «Café de los maestros» es signo del florecimiento actual del tango en nuestro país?

Leopoldo Federico: Mire, tampoco hay que confundirse. Lo que está funcionando es el mundo de las milongas. Pero si usted habla de tocar en vivo, está dificilísimo porque no hay dónde. Seamos sinceros: no es que los discos de tango se vendan tanto ni que los artistas estén todo el tiempo tocando. Para el tango se acabaron la televisión, la radio en vivo; está muy complicado salvo para algunosmayores a los que cada tanto nos llaman para tocar.

Juan Carlos Godoy: Lo que ocurrer es que pasó mucho tiempo en que directamente nadie se acordaba acá del tango. Me acuerdo de haber ido a Colombia a cantar con De Angelis, en los años '70, y teníamos un éxito tremendo; pero acá nadie nos daba bolilla. Y si laburábamos un poco, era porque estábamos a la cola de Julio Sosa que, por aquella época, fue el único que peleaba al público de igual a igual con el Club del Clan. Ahora, como dice Leopoldo, no está nada fácil y muchos cantores recorren varios lugares por fin de semana para poder armar un ingreso más o menos digno. A partir de esto del Café a mí me llamaron para algunas actuaciones en Alemania, o en Francia,pero en Buenos Aires, es más duro.

L.F.: Igual, quiero decir que yo pensaba que el tango desaparecería por la falta de intérpretes. Sin embargo, hay una cantidad muy grande de buenos músicos. En ese sentido, el tango pegó un salto extraordinario. El problema, como le digo, es la falta de lugares para tocar. Prácticamente, lo único que hay son las casas para turistas, donde son muy pocos los argentinos que pueden pagar esos precios para ver un show. A lo mejor está faltando una gran figura convocante, como lo fue en su momento Julio Sosa, del que se acordaba Godoy con toda justicia. O como fue Alberto Castillo, otro cantor tremendamente popular.

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