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“La novela hoy puede asumir cualquier tipo de formato”
Casas: “Como lector, más que el género me importa cuando el escritor fuerza el género, lo expande, lo destruye, lo transforma. En ese sentido lo mío sería el transgénero”.
Periodista: ¿Qué significa "Titanes del coco"?
Fabián Casas: Me lo preguntaron mucho, sobre todo para las traducciones. Es un nombre que permite pensar un montón de cosas contrapuestas. En principio podría tratarse de la gente que forma parte de la redacción de un diario, pero va más allá de eso. Puede tratarse de un típico periodista, pero también un paranoico, de alguien con una gran capacidad espiritual, del directivo de un diario. El calificativo titán del coco no está sujeto a algo o a alguien, en el libro tiene una significación volátil. El lector, al atravesar el libro, irá encontrando la significación.
P.: ¿Cómo planeó un libro que tiene de novela, de cuentos, de crónicas, de ensayos?
F.C.: Tenía cuatro carpetas con textos en los que venía trabajando hacía tiempo. La de los periodistas, la de la historia de un preceptor de colegio, la de los tipos que hacen "triping", que se trepan y suben a los techos de edificios, y una sobre peruanos. Tardé ocho años en escribirlo. A veces crecía una historia, otras veces otra. Un día me di cuenta de que había momentos que me permitían cruzar esas historias. De la historia de los peruanos, que es una novela completa, tomé sólo una parte . En cuanto a la forma, no me preocupo por los géneros. Como lector, más que el género me importa cuando el escritor fuerza el género, lo expande, lo destruye, lo transforma. En ese sentido lo mío seria el transgénero.
P.: "Titanes del coco" parece tanto una sucesión de relatos como una novela sobresaltada...
F.C.: La gente en general lo lee como novela, yo lo escribí como un conjunto de relatos. A esta altura de los tiempos la novela tiene una gran versatilidad. Es medio amorfa, puede ser de todo. No es la novela decimonónica ya, aunque algunos practiquen esa fórmula como un género, hoy puede asumir cualquier tipo de forma.
P.: "Titanes del Coco" puede leerse como una novela en clave, con nombres que tienen relación con personas reales, y en eso tiene un parentesco con "Diario de la Argentina", de Jorge Asís.
F.C.: A mí me gusta mucho, mucho, la obra de Asís, sobre todo la primera aparte. No había leído "Diario de la Argentina", su libro sobre "Clarín". Lo leí cuando había avanzado mucho en "Titanes del coco", para ver qué me pasaba. Me gustó mucho, pero su libro está centrado en la redacción del diario. Es casi un libro de género, y eso no es lo mío. En "Titanes de coco" está con otro nombre el poeta Jorge Aulicino, que fue quien me hizo entrar al diario. Quien conoce la redacción de ese diario reconocerá a algunos personajes, al lector común le divertirán las cosas que pasan.
P.: ¿En qué medida el protagonista, el joven periodista Andrés Stella, es su alter ego?
F.C.: Es uno de los que conduce el relato, tiene experiencias mías y cosas que yo no tengo. Si no me alejo del personaje que me inspira, si se parece demasiado a mí, no lo puedo escribir. Yo nunca tuve una novia como Blanca Luz, ella está construida en base a novias mías, amigas, mujeres de amigos que me contaron anécdotas suyas.
P.: ¿Por qué pasó ocho años sin volver a la narrativa? ¿que lo elogiaran lo puso en crisis?
F.C.: Trabajé mucho en los ensayos de "La supremacía Tolstoi" y "Ensayos bonsái". Después escribí el guión de la película "Jauja". Publiqué mi primer libro de poemas a los 21 años. Libritos con quince poemas, uno cada siete años. Mucho apuro nunca tuve. Vengo con el ritmo de los poetas. Trabajo con tranquilidad, sin ningún tipo de presión editorial. En 2010 se publicó "Toda la poesía", que reúne mis poemas. Salió cuando tenía 45 años y mí primera hija. Era muy joven para que me publicaran mi obra completa, y muy viejo para tener hijos. Otra cosa curiosa es que el libro se agotó.
P.: ¿Qué pasó con la novela que sirvió de base para "Jauja", protagonizada por Viggo Mortensen?
F.C.: El director Lisandro Alonso quería que escribiéramos un guión. Yo poco sabía de eso. Le dije: mirá, voy a escribir una novela, lo que nos sirva lo vamos usando. Terminamos el guión pero el relato quedó por la mitad. Había cosas que Lisandro me decía: esto no lo podemos filmar. Aspiro a terminar esa novela. Aunque tiene poco que ver con lo que escribo. Sucede en un desierto. Busco trabajar contra mi habilidad, contra lo que me resulta fácil. Empecé a escribir poesía porque no sabía, relatos porque no sabía, ensayos porque no sabía. Y cuando ya sabía algo, fui a la dificultad, a lo que no sabía. El confort te debilita. No me gusta apoltronarme y quedarme ahí.
P.: ¿Por eso se fue del periodismo?
F.C.: Dirigía la revista "El federal", desgraciadamente decidieron no sacara más, para mí era hermosa. Ahí me fui. No soy como esos que se consideran ontológicamente periodista. Hay gente que se va y extraña al periodismo, son periodistas de verdad, no como yo. Bueno, yo sigo haciendo periodismo, soy columnista en un diario. Y me gustaría editar una revista independiente.
P.: ¿Cómo es su relación con Viggo Mortensen?
F.C.: Es mi amigo. Tiene en California la editorial Perceval Press, y estaba por sacar una antología de poetas argentinos, entre los que estaba yo. Gustavo López, un editor de Bahía Blanca, me lo presentó. Como los dos somos fanáticos de San Lorenzo nos pasamos hablando de fútbol. Nos hicimos muy amigos, y terminó viviendo en mi casa. Es una persona increíble. Viajamos juntos muchas veces. Produjo "Jauja". Es como un tío para mis hijos.
P.: ¿Es cierto que existe el proyecto de un libro que reúne las cartas que se cruzan?
F.C.: Viggo es escritor, poeta, fotógrafo, músico, hace de todo. Tiene el sitio "Sobre vuelos cuervos". Nos escribimos, en general sobre San Lorenzo, pero podemos hablar sobre cualquier cosa, y él lo va publicando. Siempre tenemos en vista que alguna vez será un libro.
P.: ¿Siente que en su familia ha tenido a alguien que fue una influencia importante para su desarrollo en el arte de contar historias?
F.C.: Mi viejo. Mi viejo era actor de teatro independiente. En mi casa se mezclaban revistas populares con los libros de Sartre. Nunca hubo para mí diferencia entre cultura alta y baja, siempre estuvieron contaminadas. Y eso es algo que surge de la experiencia vital, algo que se vive sin tomarlo demasiado en cuenta. Mi padre era actor pero como consideraba que no era exactamente un buen actor, ése que él quería ser, se hizo representante de actores, entre otras cosas para dar de comer a su familia. Fue el representante de Alberto Olmedo. A partir de ese hecho es que escribi en "Ensayos bonsái" el texto "El rey de la comedia". Mi padre fue secretario privado de Juan Carlos Altavista, que fue el padrino de mi hermano más chiquito. Mi viejo participó activamente, diría que toda su vida, en lo que se llamaba la colonia artística. Y eso se vivía como algo natural en mi casa. Cuando Leonardo Favio llegó de Mendoza se vino a vivir con nosotros. Un amigo de mi viejo lo encontró en el teatro y le dijo: ¿nos podés bancar a este muchacho durante un tiempo? y como teníamos una casa muy grande en Boedo y Estados Unidos, mi viejo le dio a Leonardo una parte de la planta alta. Yo a esa gente la veía constantemente. Lo escuchaba a mi viejo, por ejemplo, charlando con Juan Carlos Chiappe. En la película de Favio "Nazareno Cruz y el lobo", basada en una radionovela de Chiappe, aparece un bebito que es mi hermano. Junto a los libros, a la literatura, a los estudios, al periodismo, ese mundo que vivía en mi casa es una parte importante de mi formación como narrador.
P.: ¿Qué está escribiendo ahora?
F.C.: En la primavera saldrá "Trayendo a casa todo de nuevo", título que proviene de un tema de Bob Dylan. Reúne todos los ensayos que escribí. Algunos libros que están descatalogados, que eran muy pedidos, más un libro inédito. Va a salir como libro de bolsillo para que la gente se lo lleve en los viajes. Me gusta que vaya a ser un libro gordo, chiquito, flexible y barato.
Entrevista de Máximo Soto


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