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La OTAN asumió el mando en Libia, pero arrecia la controversia interna
El almirante Giampaolo Di Paola, jefe del Comité Militar de la OTAN, fue el encargado de anunciar ayer que el bloque asumía el comando de la misión en Libia. A falta de un acuerdo en contrario de los miembros, aseguró que se evitará la llegada de material militar a la zona para los dos bandos en conflicto.
Al asumir el mando, las autoridades de la Alianza Atlántica aseguraron ayer que interceptarán todos los envíos de armas que busquen llegar a Libia, incluidos los destinados a los rebeldes y los que provengan de sus países miembros.
El presidente del Comité Militar aliado, almirante Giampaolo Di Paola, aseguró que la misión será administrada con neutralidad y en estricto cumplimiento de la Resolución 1.973 del Consejo de Seguridad de la ONU.
La OTAN va a defender a «todos los civiles» de Libia, indicó Di Paola en una conferencia de prensa en la que afirmó que no toman parte en el conflicto, si bien no dejó de recalcar que, hasta el momento, los ataques contra los civiles y las zonas pobladas «han venido de un lado, el de (Muamar) Gadafi».
Su afirmación llegó en medio del intenso debate interno en la Alianza acerca de si corresponde o no armar a los rebeldes libios ante la nueva contraofensiva de las fuerzas de Gadafi, una idea que esbozaron países como Estados Unidos y el Reino Unido, pero a la que se oponen otros miembros de la OTAN, como Italia, España, Turquía y Bélgica.
El secretario general aliado, Anders Fogh Ramsussen, se mostró tajantemente en contra de enviar equipo militar a los rebeldes, al subrayar que la OTAN opera en Libia «para proteger a los civiles, no para armarlos».
Los países que rechazan la idea consideran que la entrega de armas a los rebeldes requeriría la aprobación de una nueva resolución de la ONU que levante el actual embargo, establecido por una resolución previa, la 1.970, y que se aplica tanto al régimen de Gadafi como a los milicianos, según dijo en Londres la canciller española, Trinidad Jiménez.
Según los oponentes, en tanto, la Resolución 1.973 deroga de hecho la anterior, al dar poder a cualquier país de la ONU a tomar «todas las medidas» necesarias para proteger a la población civil.
Pero las dudas sobre armar a los rebeldes tienen causas que van más allá de las ambigüedades de dichos textos. Informes de inteligencia dan cuenta de la posibilidad de que Al Qaeda haya infiltrado a los antigadafistas, algo reconocido por los principales países de Occidente pero relativizado en cuanto a su envergadura.
Legalidad
Mientras Estados Unidos y Gran Bretaña dicen estar estudiando la idea, pero que aún no han tomado una decisión al respecto, el ministro de Defensa francés, Gerard Longuet, señaló ayer que dicha posibilidad «no está en la agenda» de su país, ya que ello no sería «compatible» con la legalidad internacional.
El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, fue más directo al advertir que suministrar armamento a los opositores libios sería «peligroso» porque «podría crear un ambiente que condujese al terrorismo».
En medio de la polémica, y consciente de que en definitiva la OTAN responde a la voluntad de los gobiernos de los países que la conforman, Di Paola relativizó sus palabras al estimar que «si un barco transporta armas o mercenarios (a Libia), debe ser frenado; si mañana existe otra situación, la Alianza lo pensará».
Otros temas que han sido discutidos, por no encajar con las mencionadas resoluciones, son la posibilidad de forzar militarmente la caída de Gadafi o incluso su asesinato, algo mencionado por el Gobierno británico.
A pesar del compromiso de no enviar soldados de tierra a Libia, Di Paola se mostró evasivo acerca de si la OTAN usará datos de inteligencia procedentes de pequeños grupos de fuerzas especiales que puedan tener algunos países sobre el terreno como observadores para guiar los bombardeos.
La resolución de la ONU estipula que en Libia no debe haber «fuerzas de ocupación», recordó el militar italiano, quien añadió: «Recogemos información de los aliados», por lo que «depende de ellos» cómo obtienen esos datos. Barack Obama ya autorizó el auxilio de la CIA a los rebeldes.
Las operaciones que dirige la Alianza Atlántica incluyen más de un centenar de aviones (de combate, carga de combustible en vuelo y vigilancia), así como una docena de buques, enviados por una veintena de países miembros y algunos de fuera de la OTAN, como Qatar o Emiratos Árabes Unidos.
Los rebeldes, mal equipados y entrenados, se han mostrado sumamente dependientes de los operativos de los aliados, pudiendo avanzar hacia el oeste, donde se encuentra Trípoli, la capital del país y baluarte de Gadafi, sólo cuando se produjeron bombardeos.
Ahora la situación es diferente. Desde hace dos días los gadafistas contuvieron el avance opositor y volvieron a empujar con fuerza hacia el este, la zona petrolera de Libia, y recuperaron varios puertos petroleros.
Agencias EFE, AFP, Reuters y DPA, y Ámbito Financiero


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