La postura antiajuste le duró apenas cuatro meses a Hollande

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París - El presidente socialista francés, François Hollande, admitió ayer que la crisis alcanza de lleno a su país, que no crecerá en 2013 más que un 0,8% y que ello lo obligará a buscar más fondos con recortes por 10.000 millones de euros y aumentos de impuestos.

Alejado de las promesas de campaña y más en el tono de su predecesor, el conservador Nicolas Sarkozy, apenas cuatro meses después de llegar al cargo, el presidente socialista anunció que los franceses tendrán que aceptar sacrificios, que se traducirán sobre todo en recortes de todos los gastos, salvo en educación, seguridad y justicia, más carga sobre los hogares y de las empresas.

Todo ello para frenar el impacto que la crisis tiene en Francia, que ya suma más de tres millones de desocupados, por encima del 10% de la población activa. Cauto, Hollande anunció que su plan para salvar al país deberá dar sus frutos en dos años.

«Espero que lo hagamos mejor que el 0,8%, pero de todos modos trabajamos sobre esa estimación», admitió el presidente al confirmar que el crecimiento económico de la segunda potencia de la Unión Europea quedará en 2013 por debajo del 1%.

Hollande confirmó lo que ya se sabía: el país necesita

recortes masivos de gastos y aportaciones de ingresos para encontrar un paquete de 30.000 millones de euros que le permita cumplir con su compromiso de reducir su deuda al 3% del PBI.

En otro de los mensajes hacia una población crecientemente preocupada por el incremento del desempleo, el mandatario socialista declaró en la entrevista concedida al canal privado de televisión TF1 que la «curva del paro» deberá tender hacia abajo en el plazo de un año.

El empleo es justamente una de las inquietudes fundamentales de los ciudadanos franceses, según demuestran los últimos sondeos, que además reflejan una caída del apoyo del electorado al Gobierno socialista, del que se teme que no cumplirá parte de las promesas electorales.

En cuanto a los ajustes, no previstos en campaña, Hollande precisó que el Gobierno deberá aplicar la tijera en todos los gastos salvo a los destinados a educación, seguridad y Justicia, por 10.000 millones de euros.

Hollande agregó que otros 10.000 millones de euros deberán proceder de la contribución de los hogares franceses mientras que los otros 10.000 millones vendrán de aportaciones suplementarias de las empresas francesas, para totalizar 30.000 millones de euros.

Hollande agregó sobre una de las medidas principales de la campaña electoral que lo llevó a la jefatura de Estado, el aumento de la fiscalidad sobre las mayores rentas, las superiores al millón de euros, que ésta se aplicará, sin excepciones y durante un máximo de dos años.

«La medida del 75% (de imposición máxima sobre las rentas superiores a esa cantidad) no está puesta en entredicho, los que han querido ir por ahí lo hacen por cuenta propia», dijo el presidente después de que en los últimos días circularan informaciones de prensa en las que se mencionaba una marcha atrás del Gobierno socialista en esta medida.

El presidente insistió en que no habrá excepciones a la aplicación de esa medida y que afectará en torno a 2.000-3.000 personas.

Hollande consideró como una «provocación» el anuncio del presidente del grupo de empresas de lujo LVMH y mayor fortuna de Francia, Bernard Arnault, que solicitará la nacionalidad belga, aunque mantendrá la francesa y la residencia fiscal en territorio galo.

«Se esperaba», dijo Hollande respecto de ese anuncio sorpresa, que ayer el rico empresario confirmó, aunque éste dijo que seguirá cumpliendo con sus obligaciones fiscales en Francia.

El socialista admitió en la entrevista que en el país hay «inquietud» y comprendió la preocupación de sus conciudadanos, pero se defendió al decir que no es posible arreglar todo lo que hizo su predecesor, Sarkozy, en los poco más de cuatro meses que lleva en el cargo.

«Tengo como misión la recuperación del país. Voy a establecer una agenda de recuperación en dos años en el empleo y las cuentas públicas», manifestó el presidente, criticado en las últimas semanas por una cierta lentitud en el trabajo del Gobierno y la falta de precisión en las reformas.

Hasta el punto de que incluso desde la prensa de izquierda, como esta semana Le Nouvel Observateur, se destacara el interrogante que se plantea parte de la ciudadanía sobre los miembros del Gobierno: «¿De verdad son tan malos?».

Agencia EFE, y Ámbito Financiero

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