8 de octubre 2010 - 00:00

La repercusión en Fráncfort

Fráncfort - Al mediodía de ayer, el director global de contenidos del grupo español Santillana, Juan González Alvaro, había tomado su primer whisky. «Tú me perdonarás», le dijo a este diario. «Jamás tomo alcohol a la mañana, pero ésta es una mañana demasiado especial». La noticia de la concesión del Premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa acababa de llegar a Fránkfort, y la algarabía en el stand de Santillana, editor del escritor peruano, contrastaba fuertemente con la tranquilidad de los stands circundantes, en los que continuaban con calma las reuniones de negocios.

«A pesar de que el nombre de Mario era una constante en la lista de favoritos de los últimos quince o veinte años, honestamente ninguno de nosotros creyó que terminaría ganándolo», continuó González Alvaro. Consultado acerca de si su escepticismo radicaba en que la Academia Sueca tiende a favorecer con el Nobel a autores ubicados en las antípodas ideológicas de Vargas Llosa, respondió: «En verdad, nadie puede predecir por qué razones exactas la Academia recompensa a un autor o excluye a otro, pero es cierto que la política suele interferir negativamente con el valor literario. Eso es indudable».

Al mencionársele el caso de Borges, González Alvaro señaló: «Que la Academia haya olvidado a Borges debe ser una de las mayores injusticias de su historia. Sin embargo, hay que convenir también que Vargas Llosa nunca defendió o justificó alguna dictadura, en cambio Borges, desgraciadamente, alguna vez lo hizo, aunque después se haya arrepentido».

Para Santillana, el Nobel a Vargas Llosa no podía haber recaído en mejor momento. Para noviembre el grupo tenía prevista la publicación de su nueva novela, «El sueño del celta», que se basa en la historia de un aventurero, el irlandés Roger Casement, amigo del escritor Joseph Conrad y cónsul británico en el Congo a principios del siglo XX. «Desde luego, con esta noticia haremos todo lo posible ahora por adelantar su edición, y posiblemente ya estemos en condiciones de presentarla dentro de quince días». González Alvaro, en el momento de dialogar con este diario, acababa de hablar telefónicamente con la esposa del escritor, quien se encuentra en Nueva York donde está dictando un curso de literatura sobre su propia obra.

El director de Santillana se hallaba reunido con un grupo de editores argentinos cuando se enteró de la buena nueva. «Primero oí unos grititos aislados que venían desde nuestro stand. Después, cada vez más euforia hasta que vinieron a contármelo. Francamente, ninguno de los otros lo esperaba a pesar de las apuestas, y yo ni siquiera le estaba prestando atención a la noticia del Nobel. Creíamos que Vargas Llosa sería uno de esos eternos candidatos que nunca lo ganarían».

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