27 de abril 2009 - 00:00

La Sinfónica moscovita ofreció gran concierto

El director argentino-austríaco Jorge Uliarte obtuvo una notable performance de la Orquesta Sinfónica de Moscú.
El director argentino-austríaco Jorge Uliarte obtuvo una notable performance de la Orquesta Sinfónica de Moscú.
Orquesta Sinfónica de Moscú. Dir.: J. Uliarte. Sol.: Goran Filipec. Obras de compositores rusos. (Teatro Coliseo).

Como un anticipo del Festival Internacional de Ushuaia en su quinta edición, donde se presentará como organismo residente, actuó en Buenos Aires la Orquesta Sinfónica de Moscú, con la dirección del argentino Jorge Uliarte. La agrupación de Rusia brindará en Tierra del Fuego ocho conciertos, que sumados a los tres realizados en Buenos Aires, totalizarán 11 en la Argentina.

El jueves se presentó en el Teatro Coliseo con un programa consagrado en toda su extensión a compositores de su país. La Sinfónica de Moscú se fundó en 1989. En veinte años de labor nacional e internacional, la agrupación ha logrado un nivel de calidad ostensible. Es una de las más importantes de Moscú y la primera orquesta independiente de esa capital, ya que no recibe ningún aporte del Estado.

Ajuste en todas sus secciones, destacados solistas y sonido compacto en el ensamble, la orquesta ha logrado una sonoridad maciza y de notable color ruso, algo esto último que fue primordial para la exposición de un repertorio que incluyó la «Quinta Sinfonía», en Mi menor, Op. 64, de Piotr I. Tchaikovsky, el «Concierto para piano y orquesta N° 3», en Re menor, Op. 30, de Serguei Rachmaninov y el poema sinfónico «Una noche en el Monte Calvo», de Modesto Mussorgsky. A estas obras se sumó en carácter de bis el vals de «El lago de los cisnes», también de Tchaikovsky. Uliarte posee un temperamento expansivo. Además es riguroso en la exposición de los contenidos de las obras que encara. Con autoridad técnica y sensibilidad aportó su calidez latina que aúna a la disciplina germánica en la que fue educado. Su visión del romanticismo ruso fue notable y llena de fantasía. En la obra de Rachmaninov se unió a él un extraordinario pianista joven de origen croata, Goran Filipec, de óptimas condiciones virtuosísticas en el abordaje de una obra que exige del piano no sólo temperamento sino una verdadera capacidad acrobática para cumplir con un pianismo acendrado. Esta obra fue, junto con el vals del «Lago», lo mejor del programa.

Dejá tu comentario