Los artistas del Norte no padecen esta discriminación; en el Sur hay que mostrar el sufrimiento. La prueba fehaciente está en el Museo Malba, en la puerta de ingreso y ante la vista de todos. Allí el estadounidense Jeff Koons exhibe sin inhibiciones la deslumbrante belleza de su bailarina de acero espejado (que pronto partirá para Miami), en abierto contraste estético con las 70 obras que acaban de ingresar a la colección.
El programa de adquisiciones, a cargo del Comité de Adquisiciones y del Comité Científico Artístico, creado en 2015, es el "principal órgano asesor y consultivo de la dirección artística", es decir, el responsable de la selección. La belleza y mucho más, el universo de lo sublime banal que describe Slavoj ižek donde los objetos comunes escalan a este estatus, está censurado en Latinoamérica y al parecer, en el Malba. La excepción al rigor de las obras conceptuales o las tan abiertamente políticas que se confunden con un panfleto es abstracción, vertiente ganada por los maestros precursores de la vanguardia histórica y figuras consagradas como Carmen Herrera, el alemán Matias Goeritz o nuestra significativa Mirtha Dermisache.
Pero basta como ejemplo del mainstream observar la fotografía de "Las dos Fridas" defendiendo la estética gay del grupo chileno Las Yeguas del Apocalipsis (Pedro Lemebel y Francisco Casas Silva), obra "que entrará en diálogo directo con el emblemático autorretrato de Frida Kahlo perteneciente a la Colección". Entretanto, en la puerta del Malba la gente puede soñar, disfrutar de una grata experiencia estética y olvidar por un momento el arte que se confunde con el horror de la vida real.
| A.M.Q. |



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