Es trágico ver el contraste existente entre la sangre de las calles de Kiev y la lentitud de Bruselas, donde la UE tiene su cuartel general.
La vieja Europa de las "troikas", los ajustes y los datos económicos que deben ser respetados a rajatabla parece incapaz de comprender lo que ocurre a unos kilómetros más allá de sus fronteras.
Quizás Bruselas he perdido definitivamente el tren para llegar hasta Ucrania, donde pese a esta indiferencia había gente dispuesta a morir por el sueño europeo. Los ucranianos están haciendo flamear desde hace meses las banderas azules con las 12 estrellas doradas -el símbolo de la UE- en las barricadas de la plaza Maidan, corazón de la protesta antigubernamental.
La UE ha demostrado en otras palabras que no tiene ni la capacidad ni la voluntad política de reaccionar con rapidez y lucidez a los cambios de estos meses, y no solamente en Ucrania.
El largo recorrido de la Europa comunitaria comenzó después del final de la Segunda Guerra, cuando un grupo de líderes iluminados lograron llevar a cabo un proyecto arriesgado, pero de gran visión estratégica.
Lo mismo ocurrió tras el final de la Guerra Fría, cuando los "viejos enemigos" del Este fueron recibidos en la familia europea sin demasiadas vueltas y con las puertas abiertas. De una u otra manera, Europa ha sido siempre un polo de atracción, un imán capaz de atraer aquellas naciones y pueblos que buscan la democracia y la prosperidad.
Esto fue precisamente lo que ocurrió en los años 70 cuando por ejemplo Grecia, España y Portugal superaron las dictaduras y comenzaron a acercarse a la UE. Y el mismo camino fue seguido muchos años después por los países balcánicos que quisieron enterrar para siempre genocidios como los de Srebrenica y las guerras étnicas.
Mientras Bruselas pensaba qué hacer, la revuelta ucraniana cambió de piel, convirtiéndose en un proceso diferente al que era al comienzo. La rebelión de Kiev parece estar en manos ahora de los grupos de la extrema derecha, que cuentan con conocimientos militares.
Está claro que la oposición mutó su ADN y que por ejemplo las milicias neonazis están ganando espacios. El largo debate europeo sobre las sanciones al Gobierno de Kiev llegó tarde y por otra parte la atracción que la UE generaba en Kiev se está debilitando.
El complejo "dossier Kiev" demostró por otra parte el agresivo retorno de Rusia en el centro del tablero de las relaciones internacionales. Lo que Moscú hace es mostrar los músculos, como en la época de la Guerra Fría. Mientras, Bruselas toma nota.
| Agencia ANSA |


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