28 de octubre 2011 - 00:00

Las perspectivas de EE.UU. y de Europa siguen siendo malas

Horacio Lachman - Economista
Horacio Lachman - Economista
Los mercados quieren interpretar que en la Cumbre Europea se ha avanzado mucho hacia las soluciones de los problemas que agobian al Viejo Continente. El juego necesita alimentarse de expectativas optimistas para subsistir. Pero las perspectivas económicas y financieras de Europa y de EE.UU. después de la Cumbre siguen siendo tan malas como antes de su realización. Y los precios en las Bolsas europeas, aun las de Alemania y de Francia, siguen siendo sustancialmente menores que los de un año atrás, lejos de los picos que se habían alcanzado entre mayo y julio pasados. Hay espacio para comprar y vender, pero las tendencias no son favorables.

Uno de los principales logros de la Cumbre, así reconocido por todos los analistas, es haber admitido finalmente que Grecia no tiene posibilidades de hacerse cargo de la deuda que ha contraído y que, por ende, debe encararse una quita sustancial que ya se fijó en un 50% como piso, pero podría ser mayor. Es un mérito haber reconocido este hecho, aunque todavía se está muy lejos de resolver como implementarlo.

Sin embargo, el problema sustancial es que nadie cree que con Grecia en default, Portugal e Irlanda podrán obtener en los mercados recursos para financiar sus abultados déficits. Y todos saben que Italia, más allá de su respuesta de último momento, enfrenta graves problemas fiscales y que junto con España está sufriendo una tendencia alcista de la prima de riesgo-país, que los lleva a un peligroso círculo vicioso.

Quienes descartaban el default en Europa o esperaban una quita simbólica o modesta limitada sólo a Grecia se han equivocado, porque el grado de insolvencia es muy alto para pretender solucionarlo con nuevas refinanciaciones y ajustes, política y económicamente cada vez más inviables. Entonces, si bien es positivo que se reconozca que Grecia no puede pagar, circunscribir el problema sólo a Grecia es seguir postergando la búsqueda de soluciones integrales y efectivas.

El segundo acuerdo en la Cumbre Europea fue la necesidad de duplicar o triplicar el Fondo de Rescate para hacer frente a la crisis -aunque se postergó para el mes próximo sin definir la fecha ni la forma de implementarlo- y el tercer acuerdo en importancia fue la necesidad de encarar una fuerte recapitalización de los bancos, aunque tampoco se definió cómo se financiaría.

El default de un país es un concurso de acreedores en el que en forma más o menos compulsiva los acreedores resignan una parte fundamental de lo prestado ante la incapacidad de pago del deudor. Aceptar que Grecia y que de hecho varios países de Europa entren en default implica afirmar que no podrán pagar nunca sus deudas y que están agotadas las posibilidades de recibir ayuda del resto de la Comunidad, porque los países que la integran no cuentan con recursos fiscales y/o la voluntad política para hacerlo.

El gran debate hoy en Europa -que explica tantas postergaciones en las decisiones- es que muchos países quieren que el Fondo de Rescate y la recapitalización de los bancos con fondos públicos sirva para que las entidades salgan indemnes de los defaults generados por los malos préstamos que otorgaron durante largos años.

Esa posición, que es resistida por otra parte de la Comunidad, implicaría por un lado que Grecia y sin duda otros países entrarán en quiebra, su crédito quedará destruido, su acceso al financiamiento será nulo y se verán forzados a practicar ajustes que por la recesión se tornarán gigantescos, llevando posiblemente a estos países al desastre, ya que dentro del euro no tienen siquiera la posibilidad de devaluar para recuperarse a través de las exportaciones. Pero, por otra parte, el resto de Europa, para salvar a los bancos más comprometidos -los que prestaron en forma más irresponsable-, debería hacer el mismo esfuerzo fiscal y financiero que hubiera tenido que hacer para salvar a los países deudores.

En realidad, el verdadero dilema no es la opción de lograr que los países o los bancos queden indemnes frente a la crisis dada la magnitud de las deudas impagables en juego. El desafío es cómo repartir los costos de tantos errores de los Gobiernos, de los bancos y de los inversores, para reestructurar el sistema financiero y lograr que en los países afectados pueda reanudarse el crecimiento.

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