29 de noviembre 2011 - 00:00

Ligia Piro triunfó con su cambio de repertorio

Ligia Piro: un viraje a las canciones de América Latina que terminó favoreciéndola, mostrándola más madura y como una cantante de alto vuelo.
Ligia Piro: un viraje a las canciones de América Latina que terminó favoreciéndola, mostrándola más madura y como una cantante de alto vuelo.
Presentación de «Las flores buenas». Actuación de Ligia Piro (voz). Con Popi Spatocco (piano, arreglos, dir. musical), Mariano Delgado (guitarra), Ricardo Canepa (contrabajo), Facundo Guevara (percusión), Damián Bolotín (violín), Sebastián Prusak (violín), Benjamín Bru (viola), Jorge Bergero (cello), Lautaro Greco (bandoneón) y Marcelo Chiodi (aerófonos). (Teatro El Nacional; 26 y 27 de noviembre).

Ligia Piro ha superado la barrera de ser «la hija de» y ha atravesado cómodamente el límite de los géneros. Si durante un tiempo hacía falta decir que sus padres eran Susana Rinaldi y Osvaldo Piro, ya se ha ganado de sobra su propio nombre. Si se la asoció por años al jazz, una música que eligió en el arranque de su trabajo público, este viraje hacia las canciones de América Latina -que ya venía anunciando firmemente desde su disco anterior- ha terminado favoreciéndola, mostrándola más madura, como una cantante de alto vuelo; y eso, pese a sus propios chistes en el escenario respecto del deseo de un sector del público para que permanezca en el jazz.

Su último álbum se llama «Las flores buenas», en referencia a la canción de Chabuca Granda «Las flores buenas de Javier» que hace parte de ese trabajo. Y ése fue el material que decidió presentar con estos dos conciertos en la bellísima sala del teatro El Nacional -bien sonorizada por Tupa Mesías-, con el agregado de otras piezas grabadas o cantadas anteriormente, pero siempre en castellano o en portugués. Para eso, se rodeó de un cuarteto básico de piano, guitarra, percusión y contrabajo, al que se le fueron sumando, según los temas, vientos, bandoneón y un cuarteto de cuerdas.

Ese conglomerado de músicos, entre los que están muchos de los mejores de la escena actual, estuvo a cargo -también como en el disco- del pianista y arreglador Popi Spatocco, alguien al que muchos conocen a través del trabajo de años junto a Mercedes Sosa. Sin mucho más que músicos, instrumentos y una gran cantante, el recital fue una fiesta. Porque pasó por las piezas de Chabuca, Julio Jaramllo, Violeta Parra, Teresa Parodi, Juan Luis Guerra o el cubano Carlos Varela con la solvencia de quienes creen en lo que cantan y tienen herramientas de sobra para hacerlo.

Y el concierto se hizo maravilloso en muchos momentos, mejorando inclusive temas que son bien conocidos, como en sus versiones de «Barro tal vez» de Spinetta y «Pétalo de sal» de Fito Páez, su interpretación del tango «Nada» con un arreglo de su padre, su «Zamba para olvidarte» solamente con Spatocco al piano, o su antológica «Construcción» de Chico Buarque, a la que hizo soportar sin problemas la traducción al castellano.

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