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Liza Minnelli, o el pasado que vuelve
Después de 40 años, Liza Minnelli sigue reviviendo a Sally Bowles, la estrella de «Cabaret», de Bob Fosse.
Cada vez que se repasa la biografía de Liza Minnelli hay dos referencias obligadas, pese a sus propios años de edad (nació en Los Angeles en 1946) y al mucho tiempo transcurrido desde aquella película consagratoria. Esas referencias tienen que ver con sus padres ilustres Judy Garland y Vincente Minnelli, y con su participación estelar en el film «Cabaret» de comienzos de la década del 70. Hizo unas cuantas cosas antes, en Broadway y en el cine, y hasta obtuvo premios; y también algunas cosas después -mucho menos sonadas y en cuentagotas-, pero su estrella quedó plantada en aquel pasado algo lejano, en la maravillosa Sally Bowles que interpretó en la película de Bob Fosse, en esas canciones que dieron repetidamente la vuelta al mundo.
Con ese capital, la cantante vino varias veces a la Argentina, y ahora volvió a pisar el escenario del Luna Park. En lo formal, llegó para presentar un disco que publicó en 2010 -»Confessions»- que grabó junto con su antiguo pianista y director musical Billy Stritch. El músico ya no la acompaña en sus conciertos en vivo y, aunque hubo algunos títulos de ese álbum -»You Fascinate Me So», «Hes a Tramp», «On Duch a Night as This» y «Confesion»- no fue en ellos que se detuvieron quienes fueron hasta el estadio de la calle Bouchard, en una cantidad algo menor que en otras oportunidades -fue cerrado uno de los laterales para no hacer evidente los espacios vacíos.
Liza Minnelli es «Cabaret» y muy poco más. Su voz no tiene el brillo del pasado. Sus pulmones tienen problemas para ser usados en toda su magnitud y las largas peroratas entre tema y tema -en inglés, naturalmente, lo que deja afuera a más de medio estadio- se explican en la necesidad de retomar el aliento. Y una pequeña renguera es producto de un problema en su rodilla que refiere al pasar en medio del concierto. Lo que conserva intacto, en cambio, es su simpatía, su carisma, su manejo del show. Con eso, con piezas como «Cabaret» y «May Be This Time», con su versión de «What Makes a Man» de Charles Aznavour -lo mejor de la noche-, con su eterna reinterpretación de «New York, New York», con su sólo pintoresca y bilingüe «Esta tarde vi llover» de Manzanero, con el aporte de su pianista Johnny Rodgers cantando festivamente «You Can Keep Your Heat On», le alcanza para redondear un show sin sorpresa, sin nuevos aportes, pero entregando lo que el público -antiguo o nuevo- fue a buscar.


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