30 de noviembre 2011 - 00:00

Llegan las soluciones (para pocos)

Los mercados recibieron con euforia las versiones de que el nuevo acuerdo que negocian Angela Merkel y Nicolas Sarkozy allanará el camino para que el Banco Central Europeo compre deuda pública en forma masiva. La perspectiva de que la entidad emisora de euros ponga el pecho a la corrida, que amenaza con cerrar las puertas al financiamiento de todos los Estados del Viejo Continente, está llamada a serenar los ánimos.

Pero, pasado el impacto inicial, el futuro que se vislumbra no es tranquilizador. Alemania, con la complacencia de Francia, esté impulsando cambios sustanciales en la gobernanza de la Unión Europea, para intentar disciplinar a los países díscolos, con mayores desequilibrios en sus cuentas públicas y mercados de capitales menos desarrollados. El tema que se está abordando en estos días en múltiples foros y encuentros internacionales, va a constituir la agenda central de la próxima Cumbre de la Unión Europea del 9 de diciembre, y esa estrategia puede conducir fácilmente a la expulsión de países de la región o al desdoblamiento de la región en dos o tres subzonas diferenciadas.

Alemania admite ya la necesidad de salir a defender el euro, pero no está claro qué países quedarán dentro y cuáles fuera de la muralla defensiva. Por otra parte tampoco hay garantías de que los problemas de los excluidos de la comunidad no terminen derrumbando las murallas y penetrando en su interior.

Son cada días más frecuentes las opiniones de economistas y pensadores de distinto calibre que ven en los males intrínsecos del establecimiento del euro en sí, la causa de los problemas que aquejan a la región y que se presentan como el principal obstáculo a la recuperación de la economía global. Jacques Attali el economista asesor del expresidente francés Francois Mitterand recordaba algunos datos en una reciente nota donde advertía que el caos podía llegar a Europa antes de las navidades: la deuda pública de Alemania supera el 82%, más o menos como la de Francia; los 10 bancos públicos alemanes están cerca de la ruina, más o menos como los franceses; las importaciones energéticas alemanas se apoyan en un 37% en el gas ruso, y subiendo; y su estructura demográfica -un 44% de mayores de 65 en 2060- hará difícil pagar las deudas a largo plazo.

Pero limitar la visión de la crisis global a los problemas de Europa, y los problemas de Europa a la capacidad de sus dirigentes es errar en el diagnóstico y por ende hace imposible encontrar las soluciones. Una mejor gestión de la crisis europea permitiría ganar tiempo, pero la solución exige un enfoque global. Porque el problema que enfrenta hoy no es muy distinto al que padece EE.UU. y que se está extendiendo desde los países más desarrollados del planeta hacia el resto.

No es casualidad que el desencadenante de la crisis financiera que desde hace mas de 4 años afecta a la humanidad sea el estallido de la hipotecas subprime en EE.UU., producto de largos años de la política monetaria y fiscal seguida por la mayor economía del mundo, que tenía sobre sus hombros la responsabilidad de administrar el sistema monetario mundial y aprovechó su poder para abusar del mismo.

La mayor responsabilidad está obviamente en la gestión fiscal de George Bush que llevó a una economía superavitaria al mayor déficit fiscal y con mayor endeudamiento público del planeta, acompañado de la irresponsable política monetaria de Alan Greenspan que desde la Reserva Federal norteamericana financió durante largos años la burbuja que llevó a la quiebra del sistema bancario mundial.

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