2 de septiembre 2014 - 00:00

Lo que se dice en las fábricas

• "Otro 2 de septiembre, Día de la Industria, y sin mayores motivos para festejar". El hombre de la Unión Industrial Argentina (UIA) miraba hacia el suelo ayer al ser consultado por este diario sobre los ánimos con los que se encarará hoy la jornada de celebraciones. "Estamos en el peor momento en más de una década, alejados más que nunca del Gobierno, peleados entre nosotros por ver si nos rebelamos totalmente o si aún mantenemos puentes con el oficialismo, con las pymes que arreglan con Axel Kicillof por su lado y no necesitan que las representemos, con un tipo de cambio tan retrasado como enigmático y, lo peor, sin expectativas de mejoras en los próximos meses". El hombre se quejaba una y otra vez por la falta de unión de los empresarios, puntualmente dentro del G-6, el grupo que integran la Cámara Argentina de la Construcción (CAC), la UIA, la Cámara Argentina de Comercio (CAC), la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino (ADEBA) y la Sociedad Rural Argentina (SRA). ¿Pero no hubo una posición conjunta y varios comunicados? "Tendríamos que haber generado otra 125 y no lo hicimos. Ahora sólo nos resta, si no tenemos suerte en el Congreso, quedar como los malos de la película y presentarnos ante la Justicia para que se declare la inconstitucionalidad de esa ley" ,protestaba el empresario.



Otro industrial protestaba también por lo que había vivido el jueves pasado en el hotel Alvear durante la reunión organizada por el Council of Americas y la Cámara Argentina de Comercio. El malhumor se basaba en que el evento lo cerró Axel Kicillof, y que dispuso de casi media hora antes de su discurso para saludar a los empresarios, los que habían concurrido casi con asistencia perfecta. Todos hicieron cola para el besamanos oficial y sólo tuvieron palabras de agradecimiento y sonrisas para con el ministro. En todo caso, y por lo bajo, le reclamaron algún favor particular. El ministro contestaba siempre que el tema "sería atendido" y agradecía los augurios recibidos. "Con este nivel de felpudismo, es imposible tomar conciencia", protestaba.



Y hablando de aquel 2 de septiembre de 1587, de donde se desprende la celebración del Día de la Industria. Nada más argentino que ese recuerdo. Ese día partió del Riachuelo la carabela San Antonio al mando del comandante Antonio Pereyra rumbo a Brasil y luego hacia Hamburgo, con producción nacional de textil y derivados de harina fabricados en Santiago del Estero, por entonces una de las regiones más prósperas en lo industrial. A ese envío se lo considera como el primero en el que productos primarios sumaron valor agregado. ¿Cómo fue que ese embarque salió con destino de compra segura en el exterior, en tiempos donde esta región estaba perdida en el mapa para el comercio mundial? Dentro de los sacos de harina enviados había, además, plata proveniente del Alto Perú, concretamente de las minas de Potosí, operación que estaba prohibida por el reino español, que no quería que ese metal llegara a manos portuguesas, alemanas ni inglesas. Sin embargo, ya había en el territorio hoy argentino rebeldes dispuestos a violentar cepos o trabas. En otras palabras, la celebración del Día de la Industria argentina tiene una arista de que también se trató del primer acto de contrabando criollo. La leyenda incluso toma más color local al mencionarse que en realidad las autoridades españolas en el Río de la Plata estaban enteradas del caso, pero no intervenían ya que eran "terceros beneficiados". Todo muy actual.

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