8 de mayo 2015 - 00:00

Los dilemas de votar sin realmente elegir

 Londres - Como la vieja canción de Doris Day, "Qué será, será, un clásico de los estadios de fútbol ingleses, los británicos se preguntaban ayer con temor con quién terminarían pactando los partidos a los que votaban.

Un temor resultado de que los laboristas de Ed Miliband y los conservadores de David Cameron quedarían lejos de la mayoría absoluta y tendrán que buscar apoyos en otras fuerzas.

Demoliberales, independentistas escoceses, nacionalistas galeses, Verdes, antieuropeos (UKIP), unionistas norirlandeses y otras formaciones aspiraban a terminar de propina en el Gobierno.

Caroline Biddle, una profesora de yoga de Chesham, la última localidad del noroeste que alcanzan los largos tentáculos del metro de Londres, admitió estar preocupada por ello, pero esperaba que al final el país "tenga un primer ministro creíble".

"Las coaliciones no me preocupan... bueno, depende de cuáles", explicó Alice, de 35 años, del próspero barrio londinense de Kensington y Chelsea, precisando que un tema le inquieta más todavía: "los impuestos".

A las puertas de un colegio electoral de esta circunscripción del sudoeste de Londres, una representante del Partido Conservador y uno de los demoliberales controlaban quiénes de sus partidarios habían ido a votar.

"Y si no vienen a votar, ¿qué?", preguntó el periodista. "Vamos a golpear a sus puertas", dijo la interventora conservadora.

Algunos electores se quejaban del control de los dos "comisarios" y un miembro de la mesa terminó saliendo a pedirles que moderaran el tono inquisitivo y dejaran claro que no tenían nada que ver con el centro electoral.

Hay gente que aprovechó el ejercicio matinal para votar. Llegaron transpirados, en ropa deportiva, sin ninguna identificación. De hecho, no hacía falta ninguna, tan sólo había que entrar, dar el nombre y la dirección, y votar. Los miembros de la mesa contrastaban la información con su lista, y eso era todo.

"Es un sistema que se basa en el modelo de caballerosidad del siglo XIX", explicó Robin Max McGhee, el candidato demoliberal de Kensington. "Pero se presta al fraude, sobre todo en las circunscripciones muy reñidas. La gente puede hacerse pasar por otro", admitió.

Los electores reaccionaron de modo diferente a los pronósticos de una pelea reñida. Para algunos, el voto era más importante que nunca; para otros, sobre todo quienes fiaban el color del próximo Gobierno a las negociaciones posteriores, era lo contrario.

John, de 57 años, que votó en el norte de Londres, acusó a los partidos de haber fomentado esa indiferencia. Para Adam Banks, de 28 años y la misma circunscripción, "las elecciones no habían estado tan reñidas en años, así que votar es muy importante".

Los irlandeses y ciudadanos de países de la Commonwealth residentes en el Reino Unido pudieron votar, un legado de los años imperiales.

Suzanne Young, una economista de Nueva Zelanda, mostró su satisfacción porque "el tono de la campaña fue bastante bueno, sin puñaladas por la espalda".

James Donald, un escocés director de comunicaciones de Dorset, en el sudoeste de Inglaterra, estimó que estas elecciones fueron diferentes de las anteriores por dos motivos. "Primero, por la nueva ley que hizo que la fecha se conociera hace tiempo", lo que condicionó los comicios e hizo más larga la campaña, aunque oficialmente durase sólo un mes. "Segundo, como las expectativas son que no habrá un claro ganador, no hubo mucha excitación", agregó.

"Me dan miedo las próximas semanas de mercadeo para terminar con la coalición que haya conseguido llegar a acuerdos entre bambalinas, con sus principios innegociables repentinamente más negociables", aseguró.

Agencia AFP

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