11 de noviembre 2015 - 00:00

“Los libros de tesis son un territorio muy peligroso”

Ramírez: “Yo lo que hago es transformar hechos que están en el Antiguo Testamento buscar los lugares oscuros, iluminarlos, leer entre líneas”.
Ramírez: “Yo lo que hago es transformar hechos que están en el Antiguo Testamento buscar los lugares oscuros, iluminarlos, leer entre líneas”.
"Sólo en casos excepcionales un libro de tesis llega a ser una obra de arte", explica Sergio Ramírez, y sostiene que él no buscó ofrecer ninguna tesis al recorrer como novela la historia bíblica de Sara, la esposa de Abraham, sino bajar su vida de la Historia Sagrada a una visión absolutamente humana, en la novela "Sara", que editó Alfaguara. El nicaragüense Ramírez, que fuera vicepresidente de su país luego de la caída de Somoza, pertenece a la generación de escritores posterior al boom. Ha publicado novelas, libros de cuentos, ensayos, sus "Memorias de la Revolución Sandinista"; entre sus numerosos galardones ha obtenido los premios José María Arguedas de novela por "Margarita, está linda la mar", Bleu Metropole Montreal por "La fugitiva", el Premio Iberoamericano José Donoso por el conjunto de su obra y el Premio Internacional Carlos Fuentes. En su nueva visita a Buenos Aires dialogamos con este consagrado escritor sobre su nueva obra.

Periodista: En La Biblia, Sara, la esposa da Abraham, es una persona a la que le dan órdenes y siempre calla. En "Sara", su novela, ella piensa, critica, cuestiona, enfrenta a los ángeles, y hasta ríe, lo que es algo infrecuente en las Sagradas Escrituras.

Sergio Ramírez:
Es una transgresión. Siempre a la risa se la ve de ese modo. Cuando el Rey David baila de alegría, y los hijos se ríen, son reprimidos. Cuando Noé se emborracha, el hijo se ríe, y también es castigado por haberse reído. En el caso de Sara, los ángeles le regañan por reírse por esa promesa que una vez más le hacen, de el hijo que ella va a tener, que ella duda de que se vaya a cumplir porque ya está vieja y siempre fue infértil. Y el Mago, Dios (al que ella lo llama Mago por los "milagros" que vio que esos hombres llamados magos hacen en las ferias), se niega sistemáticamente a hablarle, le habla a través de sus enviados, pero para reprenderla por haberse reído. Sara es una gran trasgresora al reírse, y ella convierte la risa en un arma, en un instrumento.

P.: ¿Es la incredulidad la que la lleva actuar de ese modo?

S.R.:
Sara es muy escéptica. Ella se cuida de no darle credibilidad a lo que le dicen, pero siempre lo toma en cuenta. Cuando los enviados dicen que van a destruir Sodoma y Gomorra, ella cree que es una barbaridad y que no van a cumplir esa monstruosidad, que no tienen el poder de hacer eso, pero de todas maneras se pone en marcha para tratar de evitarlo por si las moscas. Sara es una mujer astuta, prevenida.

P.: No sólo usted hace de Sara una trasgresora, muestra a los ángeles como unos grupos de muchachos bromistas que pueden pasar a ser ajusticiadores y terroristas. ¿No pensó que algunos fundamentalistas religiosos podían sancionarlo?

S.R.:
Lo que hago es responder a las incitaciones que el texto bíblico me presenta. Si La Biblia me dice que cuando estos muchachos llegan a Sodoma, los corruptos de esa población se enamoran de ellos y quieren violarlos, debemos suponer que eran muy atractivos, ¿no? Y si ellos van a destruir a los pecadores de la ciudad del pecado, algún truco emplearán para presentarse como apetecibles. De ese tipo de sugerencias me voy guiando para construir los personajes. Ellos, esos enviados que se presentan para decirle a Sara, esa mujer ya mayor, que va a tener un hijo, y le regañan por reírse, aprovechan la visita para decirle al marido: acompáñanos que vamos a destruir dos ciudades y a matar a miles, como si señalaran algo banal. Dado que contaba con personajes de esta catadura pude tomarlo todo como un juego. El libro lo presentó en Managua el arzobispo auxiliar, monseñor Baez, que es teólogo. Hizo una interpretación sobre cómo La Biblia se presta a la imaginación. La verdad que me sentí amparado por esa opinión eclesial, supe que no iba a ser linchado. Me han dicho algunos que la novela podía molestar a los judíos fundamentalistas, pero hasta ahora no he recibido ninguna reacción en ese sentido. A mí no me gustan los conflictos. Mucha gente piensa que el conflicto hace que los libros se vendan más, pero eso a mí no me interesa. Por otro lado, yo pienso que la trasgresión es importante, que siempre libera, y que uno de los atractivos de la lectura es ir a conocer los libros prohibidos.

P.: ¿Desde dónde construyó ésta novela que es una suma de estilos, donde mezcla relato, ensayo, historia, y da saltos en las cronologías?

S.R.:
Desde el narrador. El desafío fue ¿quién va contar esta historia? Si la narraba Sara iba a tener una perspectiva muy limitada. Necesitaba un narrador que supiera todo pero que no sea yo. Necesitaba un personaje responsable, burlón, irreverente, que no estuviera comprometido con el texto sagrado ni con nada. Tampoco con el tiempo, que pueda mirar hacia adelante y hacia atrás, que puede decir al pasar "como juega el gato maula con el mísero ratón" sin que lo hubiera escuchado en un tango, sin que el tango existiera entonces. Necesitaba alguien que tuviera la libertad absoluta de narrar, pero que estuviera más cerca de Sara que del autor, que soy yo. Es un transgresor que permite que Sara pueda ser más cómodamente trasgresora. Los dos se están estimulando mutuamente a reírse, antes de entrar en la parte final, al encuentro de Sara con el Mago, donde el narrador se aparta y ella logra finalmente entenderse con el Mago.

P.: Así como algunos pueden considerarlo blasfemo por cómo transforma luna historia bíblica que es importante en las tres religiones monoteístas, otros lo calificarán de feminista.

S.R.:
La lectura de una obra depende de cómo le llega ese libro. Siempre me he cuidado mucho de los libros de tesis, que es un territorio muy peligroso. Difícilmente a través de un libro de tesis se llega a una obra de arte. Salvo en el caso de "Casablanca", que de película de propaganda de los Aliados en la Segunda Guerra Mundial llegó a ser una gran obra de arte imperecedera. Yo creo que el escritor debe mostrar las cosas como son, como las ve, y dejar que cada lector saque sus conclusiones. Si narro la vida de una mujer que debe andar callada, que debe hablar detrás de las cortinas, en una sociedad patriarcal, rudimentaria, primitiva, que tiene prohibido reírse, esos son los hechos que están en el Antiguo Testamento, yo lo que hago es transformar esos hechos en una novela, buscar los lugares oscuros, iluminarlos, leer entre líneas. Si el marido entrega a Sara, su mujer, al faraón, y luego a Abimelec, eso está en el texto bíblico. Desde ahí el lector puede establecer por ejemplo que ésa es una sociedad patriarcal con una enorme dosis de machismo, y que Sara se defiende frente a esas condiciones. Abraham es un hombre muy dubitativo, que sólo sabe usar su ingenio cuando intenta retrasar la destrucción de Sodoma y Gomorra. Usa el ardid de que si hay un solo justo no se pueden destruir esas ciudades. Y cuando Sara se entera de eso sale en busca de Lot, su pariente y su ex novio.

P.: ¿Qué lo impulsó a reescribir una novela de tema religioso, que nada tiene que ver con sus obras anteriores?

S.R.:
En el repertorio de un escritor los temas son muy diversos, y en el caso de este libro el tema tiene mucho que ver con recuerdos de infancia. Mis abuelos maternos eran evangélicos bautistas, de los primeros que hubo en mi pueblo, y mis abuelos paternos eran católicos, por tanto había una confrontación silenciosa constante. Que mi padre y mi madre se casaran ya fue un conflicto. Yo acompañaba a mi abuela al culto, y le oía leer La Biblia en voz alta. De ese modo se me hicieron familiares las figuras de Abraham, Sara, Isaac, Noé, Lot y tantos otros. En esas lecturas estaba la historia de Sara, una mujer celosa que echa a la esclava Agar, que había tenido un hijo con su marido porque ella misma la había impulsado a hacerlo. Quiere que Abraham tenga lo que ella no le puede dar. Pero Agar, la esclava, se envanece porque va a ser la madre del heredero, y Sara la echa. Y luego la regresa. Pero tras el nacimiento de Isaac, ella dice: esta mujer no puede seguir viviendo aquí, yo ya tengo mi propio hijo. Entonces, ¿por qué va estar bajo mi techo? Y hace que se vaya con el bastardo. La echa por segunda vez, y la manda al desierto con su niño sin ninguna piedad. Esa situación ha ocurrido muchísimas veces. Le ocurrió a mi abuela. Un día mi abuelo se presentó con una huérfana para que la adoptaran porque estaba sola en el mundo y no tenía donde caerse muerta. Y fue adoptada, estuvo en la casa, hasta que mi abuela se enteró, pueblo chico, infierno grande, que la chica esa era hija de mi abuelo, y furiosa la echó. La bondad se transformó en impiedad. Así supe que aquellas historias de las Sagradas Escrituras me contaban historias humanas, sucesos que se reiteraban en el tiempo, como aquello que le ocurrió a Sara, bajo un velo sagrado, y que le había sucedido a mi abuela de manera profana.

P.: Usted hace que no sea un ángel enviado por Dios quien detenga la mano de Abraham a punto de matar a su hijo sino Sara.

S.R.:
Sara es una madre, eso es lo que haría una madre. Cuando le dicen a Abraham: busca leña y un cuchillo que tienes que degollar a tu hijo, esa mujer pasiva que presenta la Biblia es imposible. Ninguna madre se va a quedar tranquila si llevan a su hijo para degollarlo, a ese hijo que tanto le ha costado. Para el religioso, la de Abraham es la prueba suprema de lealtad, para el escritor son los seres humanos los que tienen que actuar con toda su humanidad.

P.: ¿Cómo es ser un ex vicepresidente revolucionario que vive en la Nicaragua de hoy?

S.R.:
Lo fui hace treinta años. Hoy no me gusta lo que está pasando. Creo qe se ha reproducido una dictadura. La lucha que se hizo no fue para esto, para formar un Gobierno autoritario. No estoy metido en ningún partido pero estoy y me expreso, que es mi deber.

P.: ¿Qué está escribiendo luego de "Sara"?

S.R.:
Voy a escribir la continuación de una novela policial que se llama "El cielo llora por mí, que se publicó en 2008. El inspector de policía Dolores Morales ahora retirado, vive en Managua y tiene una oficina de investigador privado en esta Nicaragua de hoy día, en la Nicaragua de Ortega. Y tendrá ese tipo de novela policial que dice mucho de la sociedad, del momento que se vive. No el policial que cuenta de cómo se resuelve un crimen como un rompecabeza sino aquel que ofrece un friso social contemporáneo.

Entrevista de Máximo Soto

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