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Los vitales 100 años de Sofía Yussem
«Sofía cumple cien años» es el afectivo y respetuoso registro de los preparativos de la celebración del centenario de una mujer de vitalidad envidiable.
Ya en «El tango de mi vida», el documentalista Hernán Belón había seguido amorosamente a una viejita, doña Balbina Romeo, que participaba con bastante y merecido éxito en un concurso de cantantes. Memorable, la escena donde, mientras riega las plantas, Balbina explica por qué, a su juicio, «Calor de hogar» es «el tango más triste del mundo».
La música ahora cambia, se vuelve festiva. Belón sigue, con similar cariño y respeto, a otra todavía más viejita: doña Sofía Yussem. La sigue en los dos meses previos al centésimo cumpleaños. Y uno realmente no cree que esa mujer vaya a cumplir los cien. Tiene la voz firme, el cutis de una jovencita de sesenta, la picardía de su nieta. Pero así es. Y encima come jamón crudo con roquefort.
Algo vanidosa ante el regaloneo de los suyos, doña Sofía llegó incluso a participar de una fiesta en Plaza de Mayo siendo ya mayorcita, y acá la vemos tejiendo sin anteojos, yendo al Teatro Cervantes con el nieto, y haciendo bromas. Apenas ha disminuido un poquito su audición. Cada tanto, como es lógico, se le quiebra la voz cuando en medio de la charla surge el recuerdo de alguna desgracia familiar, que tuvo de las más feas, pero no se pone a llorar, y, en consonancia, tampoco cargan las tintas los responsables de la película, es decir, el director y camarógrafo (tarea que comparte con Lorena Fernández, directora de fotografía) y la productora, que es también la nieta, Joana DAlessio, de Bastiana Films.
Hay cosas que se dicen, y otras que habrán quedado en el montaje, como su breve paso por la famosa distribuidora Artkino en los 50, antes de casarse, o los cursos en el Centro Cultural Rojas, y hasta su infancia en un pueblo de La Pampa, antes de instalarse en el Once. Y hay cosas, también, que se recuerdan de distinto modo, lo que da lugar a una típica discusión con la hermana menor. Ésta dice que en otros tiempos en la casa paterna no tenían ni para comer, y la centenaria lo niega. No recuerda vacas flacas. Cerca del cumpleaños deben internarla. Se ha caído. ¿Le vendrá de una vez el viejazo? No, lo que viene es la fiesta sorpresa y, de regalo, el viaje a Roma. Ahí si vemos algunas ruinas. Pero ella sigue lo más pancha.
P.S.


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