16 de enero 2009 - 00:00

Lucien Clergue, el fotógrafo que humanizó a Picasso

Pablo Picasso junto a un joven Lucien Clergue, autor de «Picasso, mi amigo», un libro que cuenta en imágenes 20 años de la vida del artista así como la del propio fotógrafo.
Pablo Picasso junto a un joven Lucien Clergue, autor de «Picasso, mi amigo», un libro que cuenta en imágenes 20 años de la vida del artista así como la del propio fotógrafo.
A Picasso le gustaba que lo fotografiaran y los más importantes fotógrafos de su tiempo se convirtieron en sus íntimos amigos: Man Ray, Cecil Beaton, Robert Capa, Roland Penrose, Henri-Cartier Bresson, Edgard Steichen que organizó su primera muestra en Nueva York en 1911, David Duncan y, por supuesto, Dora Maar y Jacqueline Roqué.
Entre los más jóvenes estaba Lucien Clergue, nacido en 1934 en Arles, ciudad en la que conoció a Picasso en 1953 y, a través de él, a Max Ernst, quien se convirtió en su primer coleccionista.
La vasta trayectoria de Clergue está jalonada por premios y honores, entre ellos, «Caballero de la Orden del Mérito» (1979) y «Caballero de la Legión de Honor» (2003). Ha trabajado con Jean Cocteau, Jean Louis Barrault, Saint John Perse, Ansel Adams, Karen Appel; ha fotografiado a Jackie Onassis y a Humberto Eco, y sus obras han sido adquiridas por museos internacionales. Es miembro de la Academia de Bellas Artes del Instituto de Francia y, en 2007, Arles le organiza en el Espacio Van Gogh, una retrospectiva de más de 300 fotografías y filmaciones.
Esta breve información sobre tan importante artista de la fotografía se debe a su actual exposición «Lucien Clergue- Picasso Intimo» que se realiza en la Galería Louis Stern (West Hollywood), editor a su vez del libro catálogo correspondiente, autor del texto introductorio y del texto de Lucien Clergue, «Picasso, mi amigo», una narración emotiva que evoca una fecha clave, el 4 de noviembre de 1955 cuando Picasso lo recibe por primera vez en La Californie (Cannes).
Las imágenes del libro cuentan tanto 20 años de la vida de Picasso como la de Clergue, quien recuerda conmovido cómo Picasso admiraba su trabajo. Confiesa necesitar aún sus opiniones, «¿Qué diría Pablo sobre lo que hago?», es una pregunta siempre latente.
Clergue utiliza adjetivos que se «ven» en las imágenes: el verdadero Picasso como hombre era fuerte, gozoso, vulnerable tímido, cauto, un «gourmand» feliz con la vida. Cuenta que cuando ha dictado conferencias y mostrado fotos del artista la gente le confiesa: «Usted lo ha hecho más humano».
Recuerda la generosidad del artista, ya que no sólo lo lanzó desde sus inicios sino que diseñó la tapa para su libro «Cuerpos Memorables» sobre poemas de Paul Eluard (1957), y el afiche para una exhibición en Zurich en 1958; también lo presentó a Douglas Cooper, gran coleccionista de Picasso, y así sucesivamente con otros coleccionistas.
Estas instantáneas lo muestran entusiasmado, asombrado, sonriendo, en los toros, contando historias, alabando al guitarrista gitano Manitas de Plata, tierno con la hija de Clergue, de quien fue su padrino, en su atelier en Notre-Dame de Vie, conversando con sus amigos, gozando del mar, un perfil que muestra su hondura y, por supuesto, Picasso y Jacqueline.
Louis Stern señala que Lucien Clergue ha logrado captarlo en su faz humana, generosa y sensible, por eso cita a Cocteau cuando lo calificó como «un poeta con una cámara».

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