6 de noviembre 2015 - 00:14

Macri, cerca de Massa, lejos de "Gabi"

La fórmula de Cambiemos se sumió anoche en comarcas tan aisladas y calladas de la geografía electoral que no podría imaginarse un aislamiento más lacrado para quienes dan la vida por abrazarse a la gente con tal de que los voten. Mauricio Macri se internó anoche, pasadas las 21, en uno de sus santuarios fetiche, el hotel Manantial del Silencio en las alturas de Purmamarca, Jujuy. Lo acompañó, además de su mujer Juliana y su hija Antonia, un pequeño grupo que ya no se separa más de él: sus socios radicales Gerardo Morales (electo gobernador de esa provincia), José Cano (que no pudo con Juan Manzur), el armador Emilio Monzó y el bastonero del NOA Pablo Walter. Cuando hay frenesí de negociaciones no hay que dejar a nadie muy solo.

Gabriela Michetti
, buscando reparo a la agitada agenda que tuvo en Córdoba, se refugió en la casa del senador Ernesto Sanz, en la comarca de San Rafael, Mendoza, rodeada de viñas y junto a la Cordillera. Se repuso para la tarea que le espera hoy en esa ciudad del sur mendocino y en la Capital provincial.

Macri cenó con sus acompañantes porque la gira que termina hoy en la capital de Jujuy es tan decisiva como la batalla con el peronismo que desplegó en el Litoral del país al grupo de gobernadores (Jorge Capitanich, Gildo Insfrán, Sergio Urribarri) que produjo los mejores resultados para Daniel Scioli de todo el país.

El tema que dominó la cena-taller de Purmamarca nació de otra situación. En dos de las tres provincias que visitó, el candidato opositor salió tercero detrás de Sergio Massa y Daniel Scioli y fue segundo en Tucumán, detrás del gobernador bonaerense. El desafío es descontar en el balotaje esa malaria y por eso se embutieron en los lugares en donde el voto les fue más adverso, como las localidades tucumanas de Monteros, Famaillá y La Ramada. En esta última, dominio del peronismo, el candidato se reunió con cerca de 800 productores y vecinos a quienes les intentó mejorar el ánimo, inoculándoles el optimismo que pone en estas horas a Cambiemos a veinte centímetros del piso.

Ese tránsito por Tucumán se hizo más completo en Salta. En las mismas horas cuando Macri llegaba a esa capital, estaba Massa con Gustavo Sáenz, electo intendente y excompañero de la fórmula presidencial (ver nota en pág. 10) haciendo el bardo de estos días, que es simular que siguen siendo candidatos y que ahora le pueden poner condiciones a los que pelean la presidencia. Los mirones le pusieron la lupa a esa agenda y nadie pudo registrar un encuentro. Quien estuvo más cerca de Macri fue Sáenz, quien ganó la alcaldía en alianza con el PRO y UNA y además, factor clave, es el concuñado del presidente del PRO de ese distrito, Martín de los Ríos. Algunos creyeron verlos juntos a Sáenz con Macri, que despachó con sus socios locales, pero se movieron todos con sigilo para evitar el titular de un encuentro con Macri a quien todos daban ya de viaje de vuelta a Buenos Aires. La soledad en la que se recluyeron anoche los Cambiemos daba para imaginar una cita cerca de la nubes.

La complejidad de las relaciones entre el PRO, UNA y la UCR en esas provincias alimenta el proyecto del macrismo de arrastrar a los votantes de Massa en la primera vuelta. A algunos los tiene capturados ya porque trabajaron para la candidatura de Sáenz a la intendencia de Salta y también por la de Germán Alfaro, socio del saliente Domingo Amaya, que ganó, como Sáenz, de la mano de la UCR, del PRO y de UNA (Amaya fue el candidato a vicegobernador de Cano). Esos dos alcaldes tienen un futuro entretenido con gobernadores peronistas como Juan Manuel Urtubey y Manzur, y deben forcejear con el peronismo para lograr el dominio de sus concejos deliberantes. Por eso sus votantes son presa codiciada por los gobernadores peronistas para seducirlos a lo Vidal con la realidad de que el peronismo ya ganó las gobernaciones y les puede ofrecer mucho más que quienes tienen todavía que lograr el poder el 22 de noviembre. Un convite para el maquiavelismo provinciano en distritos de una muy fina cultura política, aunque algunas tropelías de ocasión -como la quema de algunas urnitas- pudo mostrar lo contrario. Hoy, de nuevo a la guerra en Jujuy.

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