9 de noviembre 2009 - 00:00

Mar del Plata ahorra también en discursos

«Mother», del coreano Bong Joon-ho, se presentó en la competencia  internacional, y ya ubica a su protagonista,Kim-Hye-ha, como candidata a mejor actriz.
«Mother», del coreano Bong Joon-ho, se presentó en la competencia internacional, y ya ubica a su protagonista, Kim-Hye-ha, como candidata a mejor actriz.
Mar del Plata - Milagro inadvertido: por primera vez en muchos años, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata tuvo un acto de inauguración debidamente breve, preciso, y casi diríamos apolítico. Solo un buen número artístico, a cargo del conjunto local de danzas folklóricas Los Hijos del Viento, palabras de bienvenida del presidente del Instituto Cultural de la Provincia, Juan Carlos DAmico, y del intendente Gustavo Pulti, un obsequio que Liliana Mazure, titular del Incaa, entregó en nombre de todos al presidente del festival, José Martínez Suárez, y unas palabras más breves aún de éste, presentando «Un hombre serio», de los hermanos Coen (muy bien recibida).

Del resto, empanadas y vino en la entrada, y que cada uno se vaya después a su casa. Ya otros festivales han suspendido sus fiestas, y éste tampoco hizo derroche. Y si no hay estrellas invitadas, coherentemente tampoco hay políticos ni funcionarios provinciales invitados, como otros años, que formaban una multitud. Esta vez, el público que llenó la sala del Auditorium es público de veras. Otro gallo cantará, se teme, para el acto de cierre, el próximo sábado, si llegan la presidente Cristina de Kirchner (que esta vez prefirió irse a descansar a Calafate) y el gobernador bonaerense Daniel Scioli, como pronostican algunos. O para el 2010, cuando el festival casi coincida con la Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado, que se hará en Mar del Plata, y a la cual vendrían los reyes de España. Por ahora reinan las películas. Las primeras de las diversas competencias, buenas. En la argentina, «El perseguidor», de Víctor Cruz, pequeña, con nervio, Marita Ballesteros y Alejo Mango, bien tensada, con la responsabilidad como tema de fondo, y «Las islas», de Antonio Cervi, interesante historia de las Malvinas, desde su descubrimiento, con entrevistas a conocedores nacionales y británicos, y a los propios habitantes. En competencia latinoamericana, «La Raulito, golpes bajos», de Emiliano Serra, breve, de final emotivo, siguiendo a la porteñísima Raulito por el Hogar Rawson, la Bombonera, Constitución, y otros amores que tuvo en vida. Y en la internacional, «Mother», del coreano Bong Joon-ho («Host»), que ya pone a la madura Kim Hye-ja como candidata a mejor actriz del certamen, por su rol de sufrida mujer queriendo salvar al tonto de su hijo, acusado de matar una colegiala, y «Vikingo», la nueva de Celestino Campusano, el crédito de Quilmes.

Historia de motociclistas del conurbano, enfrentados a las nuevas generaciones descreídas de chicos delincuentes, «Vikingo» es una obra sincera, creíble, que alterna crudeza y ternura, aunque no todos puedan compartir ciertas actitudes de sus personajes. Así, en la conferencia de prensa un periodista recriminó al director que alguien se agarre a los tiros con unos chicos «por el robo de una moto». El actor (en la vida real, un albañil) que interpreta esa escena levantó sus anteojos oscuros, y le clavó la mirada diciendo «la moto es el alma», con el aplauso inmediato de unos cuantos espectadores de campera de cuero y remeras de Iron Maden que habían dejado sus motos afuera. Firme, el director manifestó: «La moto es una excusa. La pelea es por el respeto. Si estás frente a criaturas que tienen el cerebro molido por la pasta no podés negociar, porque cuando empezás a intentarlo ellos ya procedieron. Tu moral es buena para tu entorno, donde estás bien bañadito y tranquilo. Pero si nunca estuviste en ésa, no la conocés, y no te la voy a explicar». «Lo que se ve es algo cotidiano en la vida del motociclista argentino», dijeron los protagonistas, que en cierto modo se interpretan a si mismos, salvando algunos detalles de la ficción. «Por ejemplo, a mi mujer no la hice putañear nunca».

De lo visto en las varias muestras informativas, se señalan las del ciclo de Simenon llevado al cine, la sátira belga «Louise-Michel», la dupla «The Naked Civil Servant» (1975) y «An Englishman in New York» (2009), con John Hurt encarnando a Quentin Crisp, primera figura pública que ostentó su homosexualidad en Inglaterra, y exasperó luego a los norteamericanos, y la dupla «Ciudad de vida y muerte», versión china de la masacre de Nankin, donde figura John Rabe, y «John Rabe», versión alemana del nazi que logró salvar unos 200.000 chinos en la zona de seguridad que armó junto a los ingleses como ejecutivo de la Siemens, por todo lo cual fue llamado a Alemania y arrestado. Este film iba a exhibirse una única vez, ya que la distribuidora internacional que lo tiene se negaba a autorizar más pasadas, todavía molesta porque anteriores gestiones del festival habían sido descuidadas en la devolución de sus películas (y en el pago), pero por suerte ayer cambió de actitud.

A subrayar, un simpático acercamiento a un drama: «Rabbit a la Berlín». Como se sabe, el Muro de Berlín no fue un muro, sino dos, y entre medio tierra de nadie. Pues bien, en esa tierra de nadie creció el pastito y se llenó de conejos. Tras 40 años sin nadie que los moleste, los conejos estaban cambiando su carácter, eran menos temerosos, más confianzudos, y encima eran una plaga. Cuando cayó el Muro los jubilados de ambas partes se largaron a cazar conejos. Pero aún siguen, en lo que resta de su antigua arcadia, y en las plazas públicas. En suma, una historia risueña, donde la vergüenza del Muro nos golpea desde otro lado: desde el punto de vista de los conejos.

* Enviada Especial

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