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Maratón Shakespeare en el Teatro Cervantes
Se trata de una adaptación libre de las 38 obras dramáticas del clásico, cuya representación se extiende a lo largo de seis días. Guillermo Arengo, Paloma Contreras y Luciano Suardi entre sus intérpretes.
Berger. Una adaptación de Shakespeare para el Guinness: las 38 obras adaptadas y unidas, en una representación de 6 días consecutivos.
P.: ¿Cuál es su mirada sobre los dispositivos teatrales y sobre la estética contemporánea?
L.B.: La obra de Shakespeare entera es un desafío literario cuya fuerza dramatúrgica y poética nos empuja a trabajar con diferentes herramientas. Yo advertí que necesitaba otros recursos para abrir lo que ya no era una obra sino un material enorme de 38 obras, 1.300 personajes, 2.000 locaciones. De modo que ya no es una obra de teatro sino un material que tiene esa universalidad. Mucho más que cualquiera de las obras por separado y por eso recurro a nuestro mundo como espejo capaz de releer esas obras pero con un filtro. También apelo a estéticas contemporáneas porque el teatro hoy es muy difícil definir qué es exactamente. Tiene que ver con el caos estético del renacimiento y deber haber una ética artística para encontrar siempre una pequeña variación a lo que uno hace.
P.: En cuanto a cómo verla, dura de martes a domingo con funciones de 3 horas de duración. No todos podrán ver todo, ¿qué aconseja para acercarse a esta experiencia?
L.B.: Mi objetivo es que cada episodio tenga identidad propia, es una articulación entre el contenido de las obras, la estética y el mundo de hoy. Puede verse sólo una obra y disfrutarla como un universo localizado. Mi desafío y responsabilidad como artista es que cada obra sea la puerta de entrada para el resto de los espectáculos y que esa puerta sea acogedora. Podrá disparar a leer otra obra, comprar un libro o querer seguir viendo cómo haremos Macbeth o La tempestad. Estamos tratando de abrir al público más amplio posible ese universo que es Shakespeare. Es como la lógica de las series, si el espectador entra en el engranaje querrá ver todo. La propuesta estética real implica a todos los capítulos, a los seis días, es como leer a Proust, un tríptico, o contemplar las catedrales de Monet, hay que ver por lo menos tres para comprender. De lo que estoy seguro es que quien venga todos los días vivirá algo único que desearía yo vivir como espectador. El orden planteado es cronológico e implica un recorrido de ese autor. Enseña cómo su imaginario evolucionó desde lo primitivo hacia la armonía, la paz y la reflexión sobre la compasión. Es precioso ese recorrido entero.
P.: Algo así sólo puede hacerse en el marco de un teatro oficial que sostenga ¿A qué público se dirige?
L.B.: No hay buena obra que no trabaje a todos los niveles de público. Los eruditos podrán decir que mi espectáculo es algo popular porque tratar Hamlet en media hora es una provocación, una profanación, pero eso es algo que asumo. Creo que permitir a cualquier persona que tenga una cultura muy aproximativa de Shakespeare que se acerque a la obra dramática mas importante de la historia de una manera rápida e intuitiva me parece una hazaña y es el deber de la cultura institucional. Ahora para el público más erudito y conocedor, el conjunto de las seis obras es lo que plantea un desafío a la interpretación y es ahí donde radica la complejidad. Shakespeare contaba historias divertidas donde había sexo y muerte como en series de hoy, y después tenía espacio para la filosofía, la política, la psicología. Y que las 80 personas que me acompañan en el proyecto conozcan de memoria las obras de Shakespeare y sepan de qué habla es una epidemia preciosa de cultura.
P.: ¿Qué puestas o versiones de Shakespeare lo han marcado?
L.B.: Uno de los recuerdos más increíbles es el de "La tempestad" en el Festival de Avignon, se presentaba al aire libre, en un acantilado, se venía retrasando porque se avecinaba una tormenta y cuando empezó la obra se desencadenó un diluvio monumental, los actores resistían bajo la lluvia, nadie se iba aunque caían toneladas de agua, luego de los parlamentos de Miranda y Próspero, y todo el mundo resistiendo, hubo que suspenderla por peligro eléctrico. Hubo obras que me desequilibraron y donde encontré a Shakespeare, por ejemplo, Hamlet de Romeo Castellucci. Un Hamlet que no vi en directo pero me cautivó es el de Stanislavsky en 1911. A otras obras las conocí sólo por los ensayos de sus directores, son magníficas esas notas y transmiten amor por la historia del teatro. Para aquellos que tengan ese amor, podrán adivinar en mi performance qué guiños hay.


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