9 de octubre 2017 - 18:10

Maratón Shakespeare en el Teatro Cervantes

Se trata de una adaptación libre de las 38 obras dramáticas del clásico, cuya representación se extiende a lo largo de seis días. Guillermo Arengo, Paloma Contreras y Luciano Suardi entre sus intérpretes.

Berger. Una adaptación de Shakespeare para el Guinness: las 38 obras adaptadas y unidas, en una representación de 6 días consecutivos.
Berger. Una adaptación de Shakespeare para el Guinness: las 38 obras adaptadas y unidas, en una representación de 6 días consecutivos.
En el marco del FIBA (Festival Internacional de Buenos Aires), debuta mañana en el Teatro Cervantes "3 8 S M (Shakespeare Material)", con dramaturgia y dirección del francés Laurent Berger. Se trata de 38 performances sobre la obra dramática de William Shakespeare, con actuaciones de Guillermo Arengo, Paloma Contreras, Iván Moschner y Luciano Suardi entre otros, incluidos estudiantes de la Universidad Nacional de las Artes y la Escuela Metropolitana de Arte Dramático.

"3 8 S M" es una performance de larga duración, que empieza el martes y termina el domingo de cada semana. La experiencia total es un único montaje que atraviesa las 38 obras de Shakespeare, compuesto por seis episodios de 3 horas de duración.

"A mí me llevó quince años conocer la obra de Shakespeare y siete de trabajo montar la performance, y que la gente la descubra en seis días es una invitación al descubrimiento", dijo Berger en diálogo con este diario.

Luego de su participación en el FIBA, se presentará en el mismo horario, desde el martes 17 de octubre hasta el domingo 3 de diciembre. Los martes se verá "La guerra es joven y llena de vida", sobre Enrique VI, La fierecilla domada, Los dos hidalgos de Verona, Romeo y Julieta y Ricardo III; los miércoles "La mujer y la causa", sobre Trabajos de amor perdidos, Tito Andrónico, La comedia de las equivocaciones, Ricardo II, El rey Juan y Sueño de una noche de verano; los jueves "Mentir para vivir", sobre El mercader de Venecia, Enrique IV, Enrique V, Las alegres comadres de Windsor, Como les guste y Hamlet; los viernes "War and Love", sobre Mucho ruido y pocas nueces, Los dos nobles primos, Enrique VIII, Julio César, Noche de reyes y Troilo y Crésida; los sábados "Todo amor tiene su precio", sobre Otelo, Medida por medida, Rey Lear, Todo está bien si termina bien, Coriolano y Macbeth, y los domingos "Los padres y las hijas", sobre Antonio y Cleopatra, Timón de Atenas, Pericles, Cuento de invierno, Cimbelino y La tempestad. Dialogamos con Berger.

Periodista: En las 38 obras hay versiones más deudoras y otras más alejadas de los originales, ¿puede especificar?

Laurent Berger: No hay otro camino posible, más en siglo XXI, que el de la traición para un clásico como Shakespeare. El camino de la lealtad ha sido tan practicado y tan bien recorrido, que ahora hay demasiado barro y uno termina estancado en el mismo lugar. Lo teatral es una traición a la forma literaria, no la respeta, no trabaja en el mismo nivel. A partir de ahí lo interesante es ver cuál es la lógica o dinámica de traición; ahí sí se puede pensar que hay obras que son más fieles y dan más espacio a la literatura shakesperiana, otras que dan más lugar a la dramaturgia y al mecanismo de acción, y otras que son más fieles al personaje, que se concentran en un perfil psicológico. Hay otras obras que son más fieles a la poesía y despliegan imágenes poéticas. Si nos ponemos dentro de un marco clásico uno siempre tiene una idea firme y muy anticuada de que deben respetarse ciertas cosas, por ejemplo, que siempre Hamlet deber ser un gran Hamlet, y yo creo que ya no existe eso. Shakespeare, aunque respetó bastante los códigos de su época, no paró de romperlos dentro de su libertad.

P.: ¿Cuál es su mirada sobre los dispositivos teatrales y sobre la estética contemporánea?

L.B.:
La obra de Shakespeare entera es un desafío literario cuya fuerza dramatúrgica y poética nos empuja a trabajar con diferentes herramientas. Yo advertí que necesitaba otros recursos para abrir lo que ya no era una obra sino un material enorme de 38 obras, 1.300 personajes, 2.000 locaciones. De modo que ya no es una obra de teatro sino un material que tiene esa universalidad. Mucho más que cualquiera de las obras por separado y por eso recurro a nuestro mundo como espejo capaz de releer esas obras pero con un filtro. También apelo a estéticas contemporáneas porque el teatro hoy es muy difícil definir qué es exactamente. Tiene que ver con el caos estético del renacimiento y deber haber una ética artística para encontrar siempre una pequeña variación a lo que uno hace.

P.: En cuanto a cómo verla, dura de martes a domingo con funciones de 3 horas de duración. No todos podrán ver todo, ¿qué aconseja para acercarse a esta experiencia?

L.B.:
Mi objetivo es que cada episodio tenga identidad propia, es una articulación entre el contenido de las obras, la estética y el mundo de hoy. Puede verse sólo una obra y disfrutarla como un universo localizado. Mi desafío y responsabilidad como artista es que cada obra sea la puerta de entrada para el resto de los espectáculos y que esa puerta sea acogedora. Podrá disparar a leer otra obra, comprar un libro o querer seguir viendo cómo haremos Macbeth o La tempestad. Estamos tratando de abrir al público más amplio posible ese universo que es Shakespeare. Es como la lógica de las series, si el espectador entra en el engranaje querrá ver todo. La propuesta estética real implica a todos los capítulos, a los seis días, es como leer a Proust, un tríptico, o contemplar las catedrales de Monet, hay que ver por lo menos tres para comprender. De lo que estoy seguro es que quien venga todos los días vivirá algo único que desearía yo vivir como espectador. El orden planteado es cronológico e implica un recorrido de ese autor. Enseña cómo su imaginario evolucionó desde lo primitivo hacia la armonía, la paz y la reflexión sobre la compasión. Es precioso ese recorrido entero.

P.: Algo así sólo puede hacerse en el marco de un teatro oficial que sostenga ¿A qué público se dirige?

L.B.:
No hay buena obra que no trabaje a todos los niveles de público. Los eruditos podrán decir que mi espectáculo es algo popular porque tratar Hamlet en media hora es una provocación, una profanación, pero eso es algo que asumo. Creo que permitir a cualquier persona que tenga una cultura muy aproximativa de Shakespeare que se acerque a la obra dramática mas importante de la historia de una manera rápida e intuitiva me parece una hazaña y es el deber de la cultura institucional. Ahora para el público más erudito y conocedor, el conjunto de las seis obras es lo que plantea un desafío a la interpretación y es ahí donde radica la complejidad. Shakespeare contaba historias divertidas donde había sexo y muerte como en series de hoy, y después tenía espacio para la filosofía, la política, la psicología. Y que las 80 personas que me acompañan en el proyecto conozcan de memoria las obras de Shakespeare y sepan de qué habla es una epidemia preciosa de cultura.

P.: ¿Qué puestas o versiones de Shakespeare lo han marcado?

L.B.:
Uno de los recuerdos más increíbles es el de "La tempestad" en el Festival de Avignon, se presentaba al aire libre, en un acantilado, se venía retrasando porque se avecinaba una tormenta y cuando empezó la obra se desencadenó un diluvio monumental, los actores resistían bajo la lluvia, nadie se iba aunque caían toneladas de agua, luego de los parlamentos de Miranda y Próspero, y todo el mundo resistiendo, hubo que suspenderla por peligro eléctrico. Hubo obras que me desequilibraron y donde encontré a Shakespeare, por ejemplo, Hamlet de Romeo Castellucci. Un Hamlet que no vi en directo pero me cautivó es el de Stanislavsky en 1911. A otras obras las conocí sólo por los ensayos de sus directores, son magníficas esas notas y transmiten amor por la historia del teatro. Para aquellos que tengan ese amor, podrán adivinar en mi performance qué guiños hay.

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