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5 de marzo 2019 - 00:02

Marita Ballesteros vuelve con clásico de Eichelbaum

La obra del autor, de "Un guapo del 900", exhibe en su texto algo muy valorado hoy, un mensaje protofeminista. La actriz expresa que está vigente y que el dramaturgo conocía profundamente el alma femenina.

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Ballesteros. "Nadie en el teatro debe dar todo por hecho. La actuación son 10 minutos de inspiración y 90 de transpiración".

“Aunque yo tenga 40 años de actriz, soy nueva también. Nunca digo ‘esto lo hago de taquito’, menos en el teatro, le tengo mucho respeto”, admite Marita Ballesteros, quien integra el elenco de “Pájaro de barro”, que se estrenará el jueves en el teatro Regio. Con autoría de Samuel Eichelbaum, adaptación y dirección de Ana Alvarado y elenco integrado por Daniel Hendler y Ernesto Claudio, entre otros, la obra escrita en 1940 tiene como protagonista a Felipa, una mujer joven, fuerte, libre, a tono con los tiempos que corren. Dialogamos con Ballesteros.

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Periodista: ¿En qué aspectos marcaría la vigencia de Eichelbaum?

Marita Ballesteros: Escribió esta obra en 1940 pero es actual, amén de que lo bien que conocía el alma femenina. La protagonista es una joven que siente un amor profundo por el que hace de mi hijo, Daniel Hendler, y yo me pongo a favor de esta chica; ambas tenemos un punto en común, sentimos que los hombres nos tratan como ovejas y disponen de nosotras a su antojo. Aunque parezca que no, en la actualidad falta cambiar de fondo pese a que se haya cambiado de forma. Muchas veces las mujeres vamos al terreno del hombre, peleamos y después ofrecemos un mate. Mi personaje es una mujer más grande, que le lleva décadas a la protagonista, y le pasa eso mismo con su segundo marido.

P.: ¿Cómo construyó su personaje?

M.B.: Me puse una profesora de acento, porque encarno a una mujer española que vive en Argentina hace 40 años. Después advertimos con que bastaban algunos modismos. Lo primero que hago cuando me dan el libro es estudiar la letra, que no implica sólo aprenderla sino que va cobrando vida en lo que uno quiere hacer con eso; la letra tiene vida, como se piensa se vive.

P.: En el mejor de los casos.

M.B.: Claro, y lo interesante para construir al personaje es analizar sus silencios, aquello que no se dice. Esta mujer lleva muchos de los prejuicios del pueblo español, por ejemplo, aquello vinculado con lo religioso.

P.: ¿Prefiere los ensayos o la obra ya estrenada?

M.B.: Me gusta mucho ensayar. El material siempre está vivo, en cada función. Ni uno ni el público está igual, el trabajo con el personaje es hasta el último día en que baja el telón. Me siento una gran pescadora, porque en cada función busco no estereotipar a mi personaje, lo que hace que siga vivo cada vez. No lo hago como frases hechas, lo vivo como presente, termina la función y murió, y al día siguiente renace. Cuando me preguntan si no me aburro de cada noche repetir lo mismo digo que nunca es lo mismo, en la vida tampoco. No hay que darlo todo por hecho. La actuación son 10 minutos de inspiración y 90 de transpiración, no se me da tan fácil.

P.: ¿Cómo se lleva con los actores jóvenes?

M.B.: Nos nutrimos, es gente respetuosa, trabajadora, cero histeria, me encantan los jóvenes, tengo mucho que aprender de ellos aunque yo tenga 40 años de actriz. Soy nueva también, me vivo así, mi experiencia no sirve para nada si no le doy movimiento. Nunca digo “esto lo hago de taquito”, menos en el teatro, que es mi trabajo, le tengo mucho respeto.

P.: ¿Cómo fue el trabajo junto a Ana Alvarado?

M.B.: Sabe mucho de la totalidad, trata de sacar aquello que desequilibra aunque sea un fragmento hermoso. Deja proponer al actor, no va con el librito, el que sabe va con dudas. Yo en casa trabajo pero no tengo todo hecho, tengo que ir con mi cocina, con lo que yo voy a proponer al personaje, a la directora. Ana es una gran capitana, tengo la certeza de que quiere a los actores.

P.: Usted hizo el camino inverso de tantos actores que comienzan en el off y llegan al circuito comercial o la TV, ¿cómo lo vivió?

M.B.: Empecé en tele, pero estudiaba teatro, arranqué a los 29 a estudiar, grande, y a los 31 gané un concurso y seguí. Nunca tuve prejuicios, para mí es lo mismo trabajar en el Colón o en otro lado; si acepto un trabajo, pongo todo. Con los años voy eligiendo textos que me convengan más, que me hagan el camino más sereno, y advierto qué suerte tengo por no necesitar tanto. Cuando no trabajo tampoco extraño, hay muchas cosas que hago y no dependo del llamado, siempre trabajo, me siento agradecida. Sigo entrenándome como hace 40 años.

P.: Este año descansa de la TV después de “100 días para enamorarse”?

M.B.: Voy haciendo lo que va saliendo, nunca me han llamado de mil proyectos como para tener el año programado. Con hacer teatro estoy bien, tampoco tengo que trabajar día y noche, no soy ambiciosa para nada, mi único deseo es estar cada vez más en paz y más armoniosa.

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