14 de mayo 2012 - 00:00

Martorell: “Cambiar la dirección de la mirada”

Jaime Martorell (derecha), dirigiendo los ensayos de «Doña Francisquita» en el Teatro Argentino de La Plata.
Jaime Martorell (derecha), dirigiendo los ensayos de «Doña Francisquita» en el Teatro Argentino de La Plata.
La zarzuela vuelve al Teatro Argentino de La Plata este viernes con el que es para muchos su exponente más perfecto: «Doña Francisquita» (1923), de Amadeo Vives. En una apuesta fuerte por este título, se han programado ocho funciones, los días 18, 19, 20, 22, 23, 24, 26 y 27 (salvo los domingos, en que se iniciarán a las 17, todas comenzarán a las 20.30).

Con dirección de Guillermo Brizzio y Darío Domínguez Xodo y puesta en escena del español Jaime Martorell, la producción tiene un doble reparto encabezado por Marisú Pavón y Eleonora Sancho, Ricardo Bernal y Andrés Veramendi, Gabriela Cipriani Zec y Mónica Sardi, Santiago Burgi y Santiago Ballerini y Luis Gaeta y Leonardo Estévez.

Dialogamos con Martorell en la preparación de su debut en la Argentina.

Periodista: ¿Qué características tendrá esta «Francisquita»?

Jaime Martorell: No me considero rupturista, pienso que lo nuevo está en dar una visión diferente de lo anterior, como Salinas cuando dice que todo tiene que cambiar para que se quede como está. No es exactamente así, pero hoy en día estamos todo el tiempo viendo películas y televisión donde la dinámica es rapidísima, entonces el publico oye por los ojos. Si se aburre porque durante 30 o 40 minutos la luz, la escenografía y los personajes están igual, se cansa. Me interesa dar una visión dinámica, como la de una persona en la calle que no está mirando siempre al mismo sitio, darle una movilidad como si se estuviera jugando con una cámara. La propuesta es respetuosa con la época: pensemos que esto transcurre en 1860, en un domingo de Carnaval, miércoles de Ceniza y domingo de Piñata, y en parte en el canal de Isabel II. Me parece muy interesante reproducir la visión de Vives en los años 20 de lo que debió ser aquel Madrid de 1860. «Doña Francisquita» es la zarzuela más grande del repertorio, donde todo es ampuloso y magnífico, hay pueblo, burgueses, estudiantes, mientras que otras zarzuelas reflejan sólo una parte de la sociedad. De hecho después de que vives saca su «Doña Francisquita» surgen otras que quieren imitar esa mezcla de clases.

P.: ¿Cuáles son las dificultades puntual de la zarzuela respecto de la ópera?

J. M.: En primer lugar el texto hablado, que en la zarzuela tiene además el inconveniente de que está en verso, por eso hay que aprender a romper el verso, hacer los arcos de dicción, y que no suene versificado, y si se hacen cortes en el texto hay que procurar que eso se mantenga. Muchos cantantes nunca han hablado en público y tienen que acostumbrarse a proyectar, y en la zarzuela el texto tiene reglas distintas a las del teatro hablado.

P.: ¿Por ejemplo?

J. M.: Hay momentos capitales en que se habla apenas terminada la música o cuando hay que encadenarla con un fragmento musical, enlaces que son muy peligrosos. La segunda diferencia es que en la zarzuela siempre hay bailes populares de varios «palos» diferentes, ninguna zarzuela los omite. En «Doña Francisquita» hay mazurca, fandango, fandanguillos, la escuela bolera que es la más difícil y más rara.

P.: ¿Piensa que falta una renovación en las puestas del género de zarzuela?

J. M.:
Hay un estilo que es en el que yo me crié, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, que no diferencia entre una puesta buena de zarzuela y una puesta buena de ópera, mientras que otras compañías hacen la zarzuela con 4 telones y 4 vestuarios. La zarzuela bien hecha tiene un costo, un tiempo de preparación y un elenco importante, como los otros géneros. La diferencia está en el concepto, en si se hace porque hay que representarla, o si hay una idea detrás. Aquí hay una idea de Marcelo Lombardero muy importante y es que en el reparto no hay ningún español, aunque todos hablan perfecto castellano, y eso es un reto muy interesante. Estoy por otro lado muy feliz con la forma de trabajo aquí: en España no estamos acostumbrados a ver equipos tan eficaces, talleres de escenografía, de vestuario, de utilería, etcétera, donde todo se hace en el teatro, allá se ha perdido las escuelas de teatro, es gente contratada y todo se trae de afuera. Hay algunos teatros que aún conservan sus talleres, pero no son tan monumentales.

Entrevista de Margarita Pollini

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