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“Me interesan todas las experiencias extremas”
En “La más agraciada”, Alicia Dujovne Ortiz se ocupa la prostitución en la Argentina durante los años de la infame Zwi Migdal.
Dujovne Ortiz ha publicado las novelas "La Madama", "Un corazón tan recio", "La muñeca rusa", "Anita cubierta de arena", "Mireya"; las autobiografías "El árbol de la gitana" y "Las perlas rojas"; las biografías "Maradona soy yo", "María Elena Walsh", "Dora Maar, prisionera de la mirada", "El camarada Carlos", "Eva Perón" y varios libros de crónicas. Radicada en París desde hace 37 años, no puede dejar de volver cada tanto a Buenos Aires. En su actual visita dialogamos con ella.
Periodista: En "La más agraciada" retoma el mundo de novelas anteriores, mezcla personajes famosos de comienzos del siglo XX en la Argentina, y se mete con un tema tabú como lo es la Zwi Migdal, la red de trata de mujeres de un grupo de judíos. ¿No es mucho?
Alicia Dujovne Ortiz: Hace años que quería ocuparme de eso. Los temas y personajes que atrapan hay que tratarlos inmediatamente. La historia de Myriam, la prostituta de la Zwi Migdal, de la que me habló mi tío Abraham, que la conoció, como cuento en la novela, había quedado encarpetada. Yo ya había escrito una novela sobre la prostitución porque es un tema que me interesa, porque me interesan todas las experiencias extremas. Cuando escribía "Mireya" pensé en dedicar un capítulo a una prostituta judía polaca junto a la protagonista, que es una prostituta francesa. Y la persona que me dijo: no, querida, ese capítulo no entra, es Mireya, y los personajes mandan, es como si me hubiera dicho eso es un pegote. Y era un pegote. Así que Myriam quedó encarpetada, y yo sabía que un día iba a volver. Y sentí hace un tiempo que me decía: acordate de mí. Y entré mucho en el tema a partir de la historia real de la Zwi Migdal, de Noé Trauman, un rufián loco y carismático al punto de que Roberto Arlt se interesó por él, lo entrevistó y lo llamó Rufián Melancólico. De Trauman no se sabe casi nada. Decía que era polaco, era uno de los capos de "Varsovia", que después fue la Zwi Migdal. Decía que había sido anarquista, que lo había perseguido la policía secreta del zar, macanas. Había sido un triste proxeneta
de poca monta en Varsovia, hasta que vino acá y encontró un mercado, no por nada había dos redes de prostitución, la francesa y la polaca. Acá peleó y logró imponerse a los otros rufianes, porque era más inteligente, más vivo.
P.: Usted hace que ese rufián sea descendiente de un seguidor de un falso mesías judío.
A.D.O.: Conversando en París con el tanguero chileno, Elio Torres, me dijo: cómo puede ser que haya habido proxenetas judíos, porque el judaísmo es la ética, ese hombre debe de haber recibido la influencia del falso mesías, de la herejía de Jacob Frank, que decía que al judaísmo le fue mal con la ética del bien, por qué no invertimos eso y buscamos la redención por el pecado, cambiando las reglas, saliendo del mal. Eso me venía muy bien, pero esa herejía era del siglo XVIII. Así es como convertí a Noé Trauman en nieto de un seguidor de Jacob Frank, porque eso le da a la historia un cariz fascinante. Y Trauman debe haber sido tan fascinante como para que Arlt lo ponga como un personaje de "Los siete locos" y "Los lanzallamas".
P.: Al final de su novela, usted agradece la "colaboración involuntaria" de Roberto Arlt.
A.D.O.: Hay unos cuantos que me ayudaron. Yo nunca había trabajado con la intertextualidad. En realidad no me interesaba, y no puedo decir por qué ésta vez sí. Empecé con Arlt, que tiene textos maravillosos sobre Noé Trauman. Después me voy a los bajos fondos de Varsovia y la prostitución judía, así caigo en los libros Sholem Asch, y encuentro una descripción que nadie puede escribir mejor, y la pongo en la novela. Lo mismo me pasa con un texto de Isaac Bashevis Singer, que es otro que puse en itálica. Y así, en la llegada de Myriam a Buenos Aires, está la descripción que hace Marechal de los barcos que arrojan en el puerto su mercadería de lujo, por ejemplo las prostitutas.
P.: En su libro aparecen tango traducidos al idish.
A.D.O.: No sé una palabra de idisch, en mi casa no se habló nunca. Entonces pedí letras porque me interesó la idea de que esta prostituta la primera palabra en español que le llega fuera "morocha", porque ella lo es, y lo siguiente que le llega de una mucamita goy es el canturreo de "yo soy la morocha, la más agraciada", de ahí el título de la novela. Y a Myriam se le ocurre mentalmente traducirlo al idish, y comienza a cantarlo. Y de ahí sale su salvación. Mireya se salva bailando el tango, porque las prostitutas fueron maestras en la invención de los pasos del tango, y esta polaquita se salva cantado primero "La Morocha", luego "Mi noche triste" y muchos otros tangos. Ella sabía que en los años '20 el tango judío estaba muy de moda. Es por eso que se vuelve a Varsovia, y ahí no digo nada más porque es el final de la novela.
P.: Un final que es al mismo tiempo trágico y reivindicativo.
A.D.O.: Es un sacrificio en el ámbito del gueto de Varsovia. Ella regresa a su tierra y se ve atrapada en el gueto, en 1943, cuando entran los nazis. Y ella que no ha podido elegir nunca nada, que la sacaron de su pueblito judío, donde vive con hambre y aterrorizado por los ataques de los cosacos y los pogromos, y la ponen en un burdel, y luego en otro, hasta que alguien la salva, y luego de vivir una vida extrema, no puede elegir un término medio. Y eso que en Villa Crespo ha conocido a grandes escritores, entre otros a Borges. Esa vida la impulsa a un acto de consumación, a buscar que el destino se cumpla. Y su destino final no puede ser de otro modo que trágico, experiencias extremas la llevan a un final extremo, no pude terminar tranquilamente casada con un buen hombre. Y lo primero que decide hacer por su cuenta es un acto de libertad. Ella se llama Myriam. Y Myriam era la hermana de Moisés y Aarón. Para huir de los egipcios escapan cruzando el Mar Rojo que se abre ante ellos, y ahí van hacia el desierto, y hacia la tierra prometida, Myriam agarra el pandero y con todas las mujeres cantan el Canto del Mar, que es el canto de la liberación, por lo tanto Myriam tiene que ver con la libertad.
P.: ¿Ese impulso libertario no parte acaso de la amistad secreta que mantuvo con el anarquista ucraniano Simón Radowitzky?
A.D.O.: Mi tío Abraham, que había sido practicante del hospital Salaberry, me contó que lo llevaban a curar las prostitutas que estaban en los peores burdeles de castigo de la Zwi Migdal, detrás de los mataderos, donde iban a parar las que eran viejas o rebeldes, y ahí va a parar Myriam, una que cantaba tangos en idish, y "me parece que esa chica salió del burdel gracias a un anarquista". Uno empieza a tirar del hilo de la posibilidad desde la lógica de la ficción. Los socialistas y anarquistas iban a los burdeles a tratar de sacar a las chicas de la trata. Y ahí aparece Radowitzky, el que le tiró una bomba al Jefe de Policía Ramón Falcón. Ahí surge una relación de amor que, dentro del puritanismo de los anarquistas, y dado que Myriam se considera impura frente a ese chico que es la pureza misma, es un amor que no se consuma. Y así como la poetisa Salvadora Medina Onrubia, que fue la mujer de Natalio Botana, que habla con Yrigoyen y consigue liberar de la prisión a Radowitzky, es la que consigue liberar a Myriam de la Zwi Migdal. Y ahí Myrim se va a vivir en Villa Crespo, el barrio judío, a una pensión de la calle Monte Egmont 303, dirección literaria, inexistente, donde vivía el Adam Buenosayres de Marechal. Y junto a él estaba Samuel Tesler, que era en realidad el poeta judío maldito Jacobo Fijman, amigo de la prostituta porque entre desesperados se entienden. Y los visitaban Borges, Scalabrini Ortiz, Xul Solar, César Tiempo, Roberto Arlt. Y Myriam, que empieza a cantar en el Izmir, el boliche de los judíos sefarditas, luego de un pueblo de famélicos, de prostíbulos cada vez peores, de pronto se ve rodeada por los más grandes intelectuales argentinos, que en ese tiempo no sabían que lo eran, y eran apenas muchachos que escribían en los diarios "Crítica" o "El Mundo". Son los contrastes de la realidad que a mí me gustan, yo no puedo escribir sobre historias medianas.
P.: ¿Ahora en que novela está trabajando?
A.D.O.: Para la próxima novela se va a tener que esperar, porque pensaba sumirme nuevamente en mi autobiografía, en el tercer tomo, luego de "El árbol de la gitana" y "Las perlas rojas". Tratará del departamentito de la calle Oro, donde viví, y que vendí para instalarme en el campo, en Francia, porque tengo a mi pequeña familia en Paris. Esa es la autobiografía en la que trabajo, pero en el medio entrevisté a unas uruguayas que formaron el Grupo de las Veintiocho, ex prisioneras políticas de la dictadura uruguaya que denuncian por primera vez no sólo la tortura sino específicamente la tortura sexual. Las mantenían vivas durante años haciéndoles de todo y luego largarlas convertidas en monstruos. Fracasaron, porque las mujeres que salieron se volvieron muy valientes. En Paris el director Micael Batz, que tiene la compañía "Yorick", se interesó en esa historia y en marzo vamos a empezara a trabajar con un obra teatral para tres actrices y un actor.
Entrevista de Máximo Soto


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