22 de febrero 2012 - 00:00

“Me miré de afuera como una rata de laboratorio”

Auster dice que escribió su autobiografía «no porque piense que lo mío sea más interesante, sino porque creo que si comparto mis experiencias con el lector, éste se puede ver reflejado».
Auster dice que escribió su autobiografía «no porque piense que lo mío sea más interesante, sino porque creo que si comparto mis experiencias con el lector, éste se puede ver reflejado».
Barcelona - En el Nueva York de principios de 2011 no paraba de nevar y hacía mucho frío. Encerrado en su casa de Brooklyn, Paul Auster empezó el 3 de enero de ese año su nuevo título, «Diario de invierno», una particular autobiografía, que presentó personalmente ayer en Barcelona, y en la que se observa a sí mismo desde fuera.

Igual que una estrella de cine, ametrallado por los flashes de las cámaras y escudado tras unos lentes negros, el autor norteamericano ofreció una larga rueda de prensa en Barcelona en la que comentó que su último libro -que en EE.UU. se publicará en agosto- lo concibió como una composición musical, que fue tomando forma mientras pasaban los días, porque al principio «no estaba muy seguro» de lo que quería.

Más sobrio de lo que había escrito en un primer momento, el resultado final es una no ficción de casi 250 páginas en la que tanto descubre que de muy chico se levantó la cara con un clavo que salía de una mesa en unos grandes almacenes como que su manera de percibir el mundo cambió completamente cuando a los catorce años un amigo cayó fulminado a su lado por un rayo.

El escritor reconoció que le costó un gran esfuerzo mirarse desde fuera y que lo hizo como se hace «con las ratas de laboratorio». «Es verdad que tengo el impulso de escribir cosas sobre mí y no porque piense que lo mío sea más interesante, sino porque creo que si comparto mis experiencias con el lector, éste se puede ver reflejado».

Tras mirarse en el espejo para elaborar este diario publicado en castellano por Anagrama y en catalán por Edicions 62, Paul Auster, que repitió en varias ocasiones que no ha inventado nada de lo que narra, cree que lo que se ve es «la persistencia de ciertos recuerdos». «También veo que hay un empate entre las cosas buenas y las malas que me han ocurrido en la vida, lo que quizá nos ocurre a la mayoría de nosotros», apuntó.

Otra dificultad confesada ayer es que debió pensar mucho qué incluía y qué no, porque escribió más de lo que finalmente se publicó.

Sin embargo, todo lo que cuenta le ha sucedido, desde su primera relación sexual con una prostituta negra a que durante la boda con su actual esposa, la escritora Siri Hustvedt, a la que califica de «La Única», «el cielo se abriera y se oyera un fuerte trueno. Fue un acontecimiento poderoso», dijo.

Preguntado sobre si tomó apuntes a lo largo de los años para poder contarlos en este momento de su vida, cuando acaba de cumplir 65 años, Auster indicó que trabaja siempre a partir de la memoria porque, aunque de joven intentó llevar un diario, «tenía el problema de que no sabía a quién me dirigía», y lo terminó dejando.

En la conferencia, el novelista tampoco obvió las preguntas que se le hicieron sobre el momento actual. A su juicio, el mundo está en crisis. «Pienso que los jóvenes nos están demostrando que la sociedad ha fracasado, que el sistema está roto y lo que toca ahora en este momento único es actuar y pensar cómo queremos vivir en el futuro».

Tampoco pasó por alto la polémica que se inició en Turquía a raíz de que él dijo que no quería ir porque no cree que sea un país democrático. «Estados Unidos -argumentó-, con todos sus defectos, es un país en el que no se encarcela y donde hay libertad de expresión y siempre me he sentido libre».

Donde, en cambio, sí hizo la única concesión de su vida fue en Irán, donde su libro «Sunset Park» apareció publicado con unos párrafos cambiados respecto al original -en ellos salía la palabra fatua y el nombre de Salman Rushdie-, acordando con el editor que aparecieran otras palabras en una especie de «lenguaje codificado».

Agencia EFE

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