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Memorias de la madrina del punk

«Fue el verano en que murió John Coltrane. El verano de Crystal Ship. Los hippies alzaron sus brazos vacíos y China hizo detonar la bomba de hidrógeno. Jimi Hendrix prendió fuego a su guitarra en Monterrey. AM radio retransmitió Ode to Billie Joe. Hubo disturbios en Newark, Milwaukee y Detroit. Fue el verano de la película Elvira Madigan, el verano del amor. Y en aquel clima cambiante e inhóspito, un encuentro casual cambió el curso de mi vida. Fue el verano en que conocí a Robert Mapplethorpe».
Mapplethorpe se le puso a hablar en la librería donde ella había conseguido trabajo. Fue el flechazo. Para Patricia Lee, una chica que aún no era ni Patti ni Smith (porque ni soñaba conocer al guitarrista Fred «Sonic» Smith, casarse con él, tener dos hijos y enviudar). Se había escapado de trabajar en una fábrica en su Chicago natal para ir a probar la vida en Nueva York; fue confirmar que el arte, las ideas, la ruptura, la innovación eran su destino, y que ese muchacho que tenía delante estaba en lo mismo que ella, que los dos tenían cosas para decir y querían decirlas, que querían ofrecer obras que crearan estados de ánimo y provocaran emociones. Todavía faltaba tiempo para que Patti usara una visita a París para saber que con voz ronca y desgarrada, con su figura ambigua, con textos al estilo del genial Arthur Rimbaud, podría convertirse en eterna madrina del punk rock. Y Robert, su amante más tierno que apasionado, todavía no había aceptado su homosexualidad, hacía collages, idolatraba a los surrealistas, y no había descubierto en la fotografía un arte que lo haría polémicamente famoso; aún estaba lejos de Andy Warhol.
Patti Smith que se ha consagrado como poeta, ahora deslumbra con estas primeras memorias, parciales, centradas en la vida convulsionada que tuvo con su amado Mapplethorpe, pero donde fluye borboteante ese mundo de los años 70 y 80, donde los protagonistas son sus otros amigos Bob Dylan, San Shepard, Bruce Springsteen, Jimi Hendrix, Janis Joplin, Jim Morrison, entre otros que han marcado las décadas finales del siglo XX. Para que el interés alcance la plenitud, Patti Smith hace de «Eramos unos niños» entre otras cosas, un breviario de ricas confidencias, de conmovedoras confesiones y de imperdibles chismes.
M.S.

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