17 de noviembre 2011 - 00:00

Montaña rusa sin salida a la vista

Un entusiasmo ficticio se observó en los mercados europeos en la mañana de ayer tras la decisión del Banco Central Europeo de encarar una compra masiva de títulos de deuda pública de los países de la región. Pero pronto se agotó el optimismo -posiblemente cuando frenaron las compras del BCE- y nuevamente volvieron las principales Bolsas a la baja y las primas de riesgo al alza. La crisis de la deuda europea ya está golpeando a toda la región y Francia, Bélgica, Austria y Holanda también comienzan a sufrir el aumento del riesgo-país. Alemania parece la única beneficiada con tasas cercanas a 0 para su deuda por ser considerada un último refugio seguro en el Viejo Continente. Las «soluciones» políticas encontradas para Grecia e Italia el fin de semana sirvieron para poco.

Mientras tanto, del otro lado del Atlántico -donde también Estados Unidos puede obtener, por ser un «último refugio», financiamiento gratuito- los futuros de Wall Street siguieron la misma montaña rusa y la apertura se concretó con fuertes bajas que se fueron moderando con el correr del día. Desde ya que así como la crisis de deuda europea terminará golpeando inexorablemente a Alemania, no puede dejar indemne a EE.UU.

Acuerdo lejano

Pero no es sólo la crisis de la deuda europea lo que los agobia. En una semana, el «supercomité» presupuestario en el Congreso estadounidense tiene que alcanzar un acuerdo que reduzca la deuda del Gobierno en al menos u$s 1,2 billón en los próximos 10 años. Un fracaso dará lugar en forma automática a reducciones de gastos de un monto similar, pero sin consenso ni adecuada planificación. Ése fue el acuerdo político que se firmó poco tiempo atrás para superar la crisis por el «techo de la deuda», que había amenazado con llevar a la suspensión de pagos al Gobierno norteamericano.

El acuerdo sobre el ajuste fiscal entre republicanos y demócratas parecía ayer muy lejano, porque los demócratas quieren aumentos de impuestos por u$s 1 billón mientras los republicanos no aceptan más de $ 250 mil millones.

Haya o no acuerdo, el impacto de una nueva reducción de gasto en la economía norteamericana no puede ser favorable. Cualquiera sea el ajuste que se aplique -aunque se logre evitar una crisis política- tendrá un efecto recesivo y nada es más peligroso para una crisis de deuda que la caída de la actividad económica.

Más allá de algunos indicadores optimistas, que avalarían en el mejor de los casos la hipótesis de lenta recuperación, nadie discute la debilidad de la economía norteamericana. Recientemente, la Reserva Federal de San Francisco afirmó que el panorama continúa empeorando porque los problemas en Europa han elevado el riesgo de una nueva recesión en EE.UU., con una probabilidad del 50% para el arranque de 2012.

En su informe, publicado el lunes, se afirmó que en estos momentos la economía estadounidense está particularmente vulnerable a choques. «Una cesación de pagos sobre la deuda soberana europea bien podría hundir a Estados Unidos de regreso a una recesión (...) el frágil estado de la economía estadounidense no soportaría con facilidad la turbulencia desde el otro lado del Atlántico».

Este diagnóstico va asociado a la creciente presión para que la Reserva Federal norteamericana, que dirige Ben Bernanke, ponga en marcha un nuevo programa de flexibilización cuantitativa, o sea emisión para la financiación del déficit fiscal.

Presión

Se advierte que hay presión a ambos lados del Atlántico para monetizar las deudas públicas. Nueva flexibilización cuantitativa en EE.UU. y compras ilimitadas de deuda pública en la eurozona parecen la panacea. Aunque se sabe que traerían aparejadas fuertes subas en las materias primas que afectan la actividad productiva y en el caso de los alimentos llevan a hambrunas en los países más vulnerables.

Como los conservadores de Alemania y Estados Unidos están muy firmes en impulsar cueste lo que cueste el mayor rigor fiscal y en ese escenario desde los mercados se ve como una solución la monetización de la deuda pública. O sea, la más retrógrada de las mezclas: ahogar los sistemas de seguridad social y la obra pública y en su reemplazo inyectar inflación alimentando los mercados financieros.

Lo cierto es que el rigor fiscal y monetario por ahora vigente en Europa la está llevando a una situación política cada día más difícil, más allá de las transitorias soluciones. En este escenario, la respuesta cada día más clara de Alemania y Francia es que los países más débiles resignen su autonomía política dejando el manejo de las cuentas públicas en Bruselas. «Los países de la eurozona podrían tener que ceder parte de su soberanía si quieren asegurar la unión monetaria», advirtió el presidente del Consejo Europeo y de la cumbre del euro, Herman Van Rompuy. Precisamente de esto se trata cuando Angela Merkel reclama «mas Europa» para dejar atrás la crisis. La alternativa, si no hay voluntad para resignar la soberanía, sería la conformación de una zona euro para pocos países, donde incluso se discute si España podría o no estar integrada. Esta última alternativa cobra fuerza en la medida que se advierten crecientes dificultades para ampliar la dotación de recursos del Fondo de Rescate Europeo.

Pero es obvio que ya sea con ajuste sobre ajuste, como expulsando a los países más vulnerables, no se logra superar el problema de que los ingresos públicos, y los activos de los bancos no alcanzan a dar respaldo a la deuda pública y a los pasivos de los bancos. En última instancia lo que pretenden republicanos en Estados Unidos y conservadores en Alemania es señales de rigor para «recrear la confianza de los mercados» y lo único que logran es agudizar la recesión y hacer aún más difícil y costosa la salida.

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