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Murió Claude Chabrol, el bon vivant inquietante
De 1958 a 2009 Claude Chabrol, fallecido ayer a los 80 años, hizo casi una película por año. Lo suyo era comer bien, fumar buenos cigarros y filmar historias inquietantes sobre los burgueses de provincia.
Así, por ejemplo, «La comedia del poder», «La dama de honor», «Gracias por el chocolate», entre las últimas, y «La mujer infiel», «Bodas sangrientas», «El carnicero», en la época donde hacía trabajar a su entonces esposa Stéphane Audran, modelo de señora elegante, refinada, autocontrolada y adúltera. Luego vendrían aquellas con Isabelle Huppert, como «Violette Noziere» (aquí se llamó «Niña de día, mujer de noche»), sobre una adolescente parricida, y «Un asunto de mujeres», sobre una abortista, ambos papeles inspirados en personajes reales que terminaron en la guillotina.
En su obra figuran notables historias de humor sarcástico y criaturas atractivamente perversas, como el seductor de «Landrú», los terroristas de «Nada», y la pareja de estafadores que hacían Huppert y Michel Serrault en la comedia «¡No va más!», con que Chabrol festejó sus 50 años de oficio. También, singulares adaptaciones de «La bestia debe morir» y «Madame Bovary», simples bromas como «El tigre se perfuma con dinamita», un drama único sobre el resentimiento social de los más brutos, llamado «La ceremonia» (único en que todos los miembros de la familia burguesa son buena gente), y, cabe reconocer, también algunas piezas ocasionalmente fallidas, como «El camino de Corinto», puro sexo y violencia hecho para llegar a fin de mes, «La década prodigiosa», medio pretenciosa, con un elenco encabezado por Orson Welles, y una con Sylvia Kristel, «Alice ou la derniere fugue», que aquí se llamó «Más allá del amor», y en verdad era más rara que buena, pero al menos estaba Sylvia Kristel. Interpretaba algo así como una variante crecidita de la Alicia del cuento, así que el lector puede imaginar cómo venía la mano. Nacido y muerto en Paris (24 de junio de 1930 - 12 de septiembre del 2010), Chabrol se crió viendo películas en el cine de su tío. Se casó con una joven rica, se entretuvo en la redacción primigenia de «Cahiers du Cinéma», y con los dineros de su mujer financió las primeras películas de sus amigos, y las suyas propias («El bello Sergio», «Los primos»), dando lugar a lo que se llamó la Nouvelle Vague, la nueva ola. Luego, cuando sus obras redituaron más que las otras, lo acusaron de comercial. «No hay nueva ola, solo un mar eterno», replicó, y se fue a cenar. Su último film, el delicioso «Bellamy», sobre un inspector obeso, lo filmó con Gérard Depardieu, otro que ama los buenos restaurantes. Ese rodaje habrá sido un placer.


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