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Murió Gustav Leonhardt, eximio intérprete de Bach
El holandés Gustav Leonhardt fue considerado el intérprete de clavecín más importante del siglo XX.
En el mundo musical, se considera a Leonhardt, nacido el 30 de mayo de 1928 en Graveland, como «el intérprete de clave más destacado de siglo XX» y uno de los mayores expertos en el repertorio barroco. Leonhardt era uno de los mayores expertos en la interpretación de la obra de Johann Sebastian Bach (1685-1750) y uno de los pioneros mundiales en el movimiento de intérpretes de música clásica que prefiere utilizar instrumentos de época, uno de cuyos exponentes actuales es el violagambista y director de orquesta español Jordi Savall.
Al tesón y el empuje de Leonhardt se debe, entre otras realizaciones, la serie de grabaciones realizada junto a Harnoncourt de la integral de las cantatas de Johann Sebastian Bach, una labor titánica realizada por ambos entre 1970 y 1990. En total, Leonhardt grabó más de 200 discos y cds. En 1999 recibió el premio Edison por su dedicación a la música clásica.
«Bach es el más grande de todos. Mi admiración por él no para de crecer y jamás se apaga, a pesar de que pase el tiempo. No sabría cómo explicarlo. Es un gran misterio, el misterio de Bach», comentó una vez. Y es que según confesó él mismo en varias ocasiones, fue gracias a la música de Bach que logró «comprender la vida».
Los musicólogos destacan la riqueza interpretativa que ponía Leonhardt en cada nota, en cada interpretación. Alababan especialmente la brillante articulación y el fraseo elegante que emanaban del marfil y el ébano de su clavicémbalo. También era muy apreciado su dominio de los ritmos y los tiempos, así como su especial «rubato».
Un momento especial de su carrera se produjo en 1968 cuando conoció al director e intérprete austríaco Nikolaus Harnoncourt, con quien compartía su pasión por la música de Bach y con el cual logró una amalgama profesional casi perfecta. El tándem Leonhardt-Harnoncourt pronto se convirtió en referente mundial para Bach, especialmente en los años 70 y 80.
Pasión
La pasión de Leonhardt por Bach no nació por casualidad. De pequeño, «Utti», como le llamaban sus padres de forma cariñosa, tuvo la posibilidad de entrar en contacto con su música. Su padre, George, era miembro de la comisión de dirección de la Asociación Bach de Holanda (Bachvereinigin), que promueve la difusión de la obra del músico.
Una vez llevó a su hijo a una representación de «La Pasión según San Mateo» y, al parecer, el efecto fue inmediato: Leonhardt decidió consagrar su vida profesional a estudiar e interpretar la ingente obra del prolífico músico alemán. Tras la escuela secundaria, Leonhardt se mudó a Basilea, Suiza, en cuya Schola Cantorum Basilensis pasó varios años. Se trataba del único centro europeo especializado en música antigua.
En 1955 regresó a Holanda donde desarrolló casi toda su carrera y dio numerosas clases magistrales en el conservatorio de Amsterdam. Participó en la grabación de bandas sonoras, con música clásica, en películas como «Sonata de Otoño» (1978), de Ingmar Bergman, o en «Hanah y sus Hermanas» (1986), de Woody Allen.


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