Remisa a las entrevistas y apariciones públicas, Idea Vilariño fue una gran voz de la lírica uruguaya. Muchas de sus líneas se incorporaron a la cultura popular de ese país.
Idea Vilariño, famosa poeta uruguaya, murió la madrugada de ayer a los 89 años en un sanatorio privado tras haber sido intervenida por una oclusión intestinal. Vilariño había sido internada tres días atrás y no pudo superar una cirugía por una oclusión intestinal y arterial.
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Vilariño, además ensayista y crítica literaria, integró la denominada Generación del 45 junto a autores como Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Sarandy Cabrera, Carlos Martínez Moreno, Angel Rama, Carlos Real de Azúa y Mario Arregui, entre varios otros. Justamente ayer, cuando Benedetti fue ingresado en estado delicado por un reagravamiento de su estado de salud, las autoridades de la clínica decidieron no darle la noticia de la muerte de su gran amiga.
Durante muchos años, Idea Vilariño rechazó cualquier tipo de promoción de su nombre y obra, aunque ello no impidió que ganara varios premios internacionales y que su obra fuera traducida a varios idiomas. Autora, entre muchos otras, de obras como «La suplicante» (1945), «Cielo cielo» (1947), «Paraíso perdido» (1949), «Nocturnos» (1955) y «Poemas de amor» (1957), Vilariño era además traductora, compositora -había estudiado piano y violín- y docente.
Sus traducciones se ganaron un importante reconocimiento, como su versión de la «Tierra purpúrea» de William Henry Hudson, o sus traducciones de Shakespeare, que han sido representadas en teatros de Montevideo. Como compositora, se pueden mencionar dos canciones de la música popular uruguaya: «A una paloma» (musicalizada por Daniel Viglietti), y la «Canción y el poema» (por Alfredo Zitarrosa).
Fue profesora de literatura desde 1952 hasta el golpe de estado en 1973, y tras la reinstauración del sistema democrático en 1985 obtuvo la Cátedra de Literatura Uruguaya en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República. Fue una de las fundadoras de las revistas Clinamen y Número, y colaboró asiduamente en Marcha, La Opinión, Brecha, y Texto crítico.
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