16 de mayo 2012 - 00:00

Muy vanguardista, pero hace 50 años

«Summvs». Actuación de Ryuichi Sakamoto (piano, cítara) y Alva Noto. (Teatro Gran Rex; 14 de mayo). 

«A lo mejor es que me falta formación o información», reflexionaba ya en el final alguien muy acostumbrado a escuchar en vivo música de los más variados estilos. «Nada de eso», le contestaba otro, no menos especializado: «se trata simplemente de una propuesta que habría sido vanguardista hace 50 años y que hoy tiene más pretensiones que resultados».

Llegaron a Buenos Aires, en medio de una marea constante de visitas internacionales, el japonés Ryuichi Sakamoto, formado en música electrónica en la Universidad de su ciudad natal, Tokio, y el alemán Carsten Nicolai, más conocido por su seudónimo de Alva Noto. Juntos hicieron ya seis discos, el último de los cuales, «Summvs», venían a presentar. Y aunque ambos tienen una carrera importante en la composición y la interpretación, el mayor interés del público -que, sin embargo, no alcanzó para llenar la enorme sala del Gran Rex- estaba puesto en el oriental, que tiene en su pasado las experimentaciones con el grupo pop-electrónico Yellow Magic Orchestra, la sociedad con el brasileño Jacques Morelenbaum para hacer temas de Tom Jobim, la apertura sonora para los juegos olímpicos de Barcelona en 1992, y una larga lista de musicalizaciones para cine: «Feliz Navidad, Mr. Lawrence», «Tacones lejanos», «El pequeño Buda», «Ojos de serpiente», «Gohatto», «Femme fatale» o la ganadora del Oscar realizada para «El último emperador» de Bertolucci.

Ambos construyen una propuesta que se basa en improvisaciones de Sakamoto en el piano -casi todas- y en la cítara «intervenidas» en vivo y en tiempo real por su compañero desde una pequeña consola desde la que produce tanto sonidos como imágenes que se ven en una alargada pantalla de televisión sobre el fondo del escenario. El japonés se mueve entre el posrromanticismo y el impresionismo «alla» Debussy, entre la sucesión de acordes y de breves células melódico-rítmicas, entre el timbre pianístico y los pellizcos o golpes dentro del encordado, entre la tonalidad y las muy escasas salidas hacia otras modernidades. Y le cabe a Noto la tarea de reformularlo en lo sonoro y a adornarlo con lo visual.

Frente a todo esto, son comprensibles ciertas irritaciones. Porque mucho de lo que ofrecen parece, estéticamente hablando, una rémora del siglo pasado.

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