24 de mayo 2012 - 00:00

¿Nace un Gobierno islamista en el país árabe más importante?

Mohamed Mursi, candidato del brazo político de la Hermandad Musulmana, la principal agrupación islamista de Egipto, cuenta a su favor con una poderosa maquinaria electoral, pero debe superar su escaso carisma.
Mohamed Mursi, candidato del brazo político de la Hermandad Musulmana, la principal agrupación islamista de Egipto, cuenta a su favor con una poderosa maquinaria electoral, pero debe superar su escaso carisma.
El Cairo - La religión se convirtió en uno de los principales campos de batalla de la carrera electoral para la presidencia egipcia, en la que los candidatos se definen por el grado en el que pretenden que el islam influya en la vida política del futuro.

En el foco de las discusiones figura el modelo de Estado y la separación entre religión y política en este conservador país árabe, cuya última Constitución estipulaba en su artículo 2 que el islam es la religión del Estado y los principios de la «sharía» (ley islámica) son la fuente principal de legislación.

La aplicación de esta carta magna, de 1971, quedó suspendida el 13 de febrero de 2011, tras el triunfo de la revolución que puso fin al régimen de Hosni Mubarak, por lo que, ante la falta de un marco constitucional, la postura de los candidatos presidenciales sobre este asunto adquiere una mayor relevancia.

«Todos los candidatos utilizaron la religión para ganar votos, pero el grado en que cada uno pretende hacer uso del islam si llega al poder es diferente», explicó el experto en asuntos religiosos Ibrahim Ishak.

Opiniones

Entre los aspirantes que finalmente concurrirán a los comicios, las opiniones son diversas, aunque no supusieron grandes sorpresas para los electores, entre los que los liberales y cristianos son los más preocupados por el posible devenir islamista del país.

Uno de los favoritos, el exsecretario general de la Liga Árabe Amro Musa, que se presenta como candidato laico, apoya sin ambigüedades la aplicación sólo de los principios generales de la «sharía», manteniendo el artículo 2 de la antigua Constitución.

En su programa electoral recoge que los fieles de otras religiones recurrirán a su propia fe para todos los asuntos relacionados con su estatuto personal.

De igual modo, otros candidatos laicos, entre ellos Ahmed Shafiq -último primer ministro de la era de Mubarak- y el nacionalista Hamdin Sabahi, hablan de «Estado civil», el término utilizado en Egipto para desmarcarse de la instauración de un régimen religioso, y abogan por no modificar el citado artículo 2.

Sin embargo, aspirantes islamistas como el moderado Abdelmoneim Abul Futuh o el candidato de la Hermandad Musulmana, Mohamed Mursi, defienden la preponderancia de la «sharía» para regir el destino de Egipto.

Abul Futuh, cuyo programa definitivo no hace referencia a este tema, defendió en un documento que en la ley islámica «se encuentran la identidad de la sociedad, su orden público y su estructura ética fundamental».

En el reciente debate televisivo que lo enfrentó con Musa, el primero en la historia de Egipto, el islamista abogó por «un Estado democrático independiente que pone a la sharía y sus principios por encima de todo».

Claridad

Según Ishak, miembro de la Iniciativa Egipcia para los Derechos Personales, este candidato tiene «un proyecto islámico para el país pero acepta que la sharía debe aplicarse cuando la sociedad esté preparada para ello».

Más claro es Mursi, cuya intención de aplicar la ley islámica fue uno de sus principales recursos en su lucha con Abul Futuh por el voto islamista, que en las elecciones legislativas demostró su poderío al dar a los partidos de esta tendencia tres cuartas partes de los escaños.

Tanto Mursi como Abul Futuh tienen un gran apoyo entre las fuerzas islamistas. El primero se destaca por contar con el respaldo de la poderosa maquinaria de la Hermandad Musulmana, mientras que el segundo tiene el aval de importantes grupos salafistas (ultraconservadores), así como de parte de los activistas revolucionarios.

Para Mursi, la «sharía» es el único medio por el que los egipcios pueden «recuperar su dignidad» y, en su opinión, garantiza también los derechos de la minoría cristiana, según dijo durante un acto de campaña.

Si llegara a la presidencia, Mursi efectuaría un cambio en muchas leyes para recoger restricciones religiosas sobre el alcohol o la censura en las artes, pronosticó Ishak, quien afirmó que, de mantenerse el antiguo artículo 2, la legislación no se vería afectada por las normas de la «sharía».

Ante el papel privilegiado que la religión jugó en el debate electoral, en los comicios de hoy y mañana los votantes deberán dirimir hasta qué punto el islam debe ser la referencia o no para el presidente que construya el nuevo Egipto.

Agencia EFE

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