27 de abril 2009 - 00:00

Nadal, una máquina afilada sobre polvo de ladrillo

Al igual que la semana pasada en Montecarlo, el número uno del tenis volvió a sumar su quinto título en serie. Esta vez fue en Barcelona.
Al igual que la semana pasada en Montecarlo, el número uno del tenis volvió a sumar su quinto título en serie. Esta vez fue en Barcelona.
Una vez más, Rafael Nadal hizo alarde de su hegemonía sobre el polvo de ladrillo. La semana pasada, se coronó por quinta vez en Montecarlo. Ayer repitió la marca, pero en su España natal, que disfrutó de una final ciento por ciento local, que reeditó la final del Conde de Godó 2008. Y al igual que en la temporada pasada, el número uno del tenis volvió a lucir su espíritu inquebrantable y venció a David Ferrer por 6-2 y 7-5, en una hora y 46 minutos de juego, por lo que extendió el dominio en el historial sobre su rival a 7-3.

Las estadísticas sustentan cada vez más por qué el mallorquín es el mejor de todos. Sólo perdió en una ocasión en Barcelona, en la segunda ronda de 2003, cuando apenas tenía 16 años. Además, fue derrotado tres veces en los últimos 133 partidos sobre polvo de ladrillo. Este año, sólo perdió en superficie dura, en Doha contra el francés Gael Monfils (6-4 y 6-4), en Rotterdam (Indoor) frente al escocés Andy Murray (6-3, 4-6 y 6-0) y en Miami con Juan Martín del Potro (6-4, 3-6 y 7-6). Y ayer sumó su título número 24 sobre una superficie en la que reina sin discusión.

El match de ayer se le simplificó a Nadal cuando le quebró el servicio en el primer game a Ferrer, que acumulaba más partidos que su adversario; Nadal llegaba a este choque más descansado porque había alcanzado la semifinal sin jugar (Nalbandian se había retirado por una lesión en la cadera). En consecuencia, el mallorquín dominó a gusto y cerró con un cómodo 6-2 el primer parcial. El segundo resultó más emotivo, a raíz de que Ferrer exhibió vergüenza deportiva y dio pelea. De arranque, se puso 3-2 arriba. Pero apenas pudo aguantar hasta el 5-5. En ese momento, Nadal sacó a relucir su capacidad y tomó una ventaja decisiva para alcanzar un 7-5 que le permitió alzar el trofeo Conde de Godó por quinta vez consecutiva.

«Esto es más que un sueño, estoy muy feliz. Jugué el mejor partido de la temporada sobre polvo de ladrillo», aseguró al recibir el título número 35 de su carrera.

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