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"Nadie supo escuchar la desesperación de Neruda"
El escritor
chileno dice
que partió de
la frase «Yo
te pregunto,
¿dónde está
mi hijo?» del
poema «La
pródiga»
para gestar
«El caso
Neruda»,
algo así
como una
precuela de
su exitosa
saga sobre el
investigador
Cayetano
Brulé.
R.A.: Nunca me puse a pensar sobre los riesgos que me iba a traer esta historia, porque sentí el impulso, el estímulo, a partir de releerlo, investigarlo, encontrar datos inesperados. Y, fundamentalmente, saber lo que decían las mujeres sobre él, lo que fue muy importante para construir esta nueva visión de Neruda. Me fue importante haber podido pasar mucho en su casa, porque hay algo en esos ambientes que tiene que ver con el alma de Neruda que yo necesitaba sentir. Cuando sentí que lo tenía incorporado, y que por lo tanto podía dialogar con mi personaje de ficción, empezaron a darse esos juegos, confesiones y pedidos del poeta, y no me puse a pensar en las reacciones de los nerudianos porque lo importante para mí era sentir que Neruda está vivo, que no estaba acartonado, que no estaba listo para ser colocado en un pedestal ni era demonizado.
P.: ¿Cree que lo que le confía -Neruda al aún no detective- Brulé era esperable o insospechable?
R.A.: Un joven cubano, que vivía en Estados Unidos, y llega a Valparaíso enamorado de una chilena muy aristócrata pero muy de izquierda, que le dice: «Tú te perdiste la revolución cubana, ven conmigo a ver la revolución de Allende.
Cayetano Brulé no es nada político, esta en Chile por razones de amor. En ese momento, y dados los vínculos que tiene su mujer con Neruda, el poeta le pide que en forma muy discreta le aclare lo siguiente, le dice: yo tuve hace unos treinta años una amante muy bella, muy joven, en la ciudad de México.
Neruda, efectivamente, fue consul en México entre 1940 y 1943. Le dice: era una mujer casada con un médico cubano que investigaba remedios naturales para curar el cáncer, y yo necesito que la ubiques. Cayetano piensa que Neruda lo llama porque él sabe que tiene cáncer y. por eso, quiere que ubique a ese médico. Brulé luego se dará cuenta de que no es ésa la razón de la búsqueda que le propone el poeta. Es ahí que Neruda necesita confiarle que, mientras él estaba casado con Delia del Carril, con aquella mujer tuvo un extraordinario romance secreto hasta el momento en que ella le dice que está embarazada de él. Y ahí Neruda sale escapando. Escapa porque ya había gestado una hija con una mujer de Java, que había nacido con hidrocefalia y había muerto a los siete años, y estaba aterrado, creía que no tener hijos era su destino. Escapa porque Delia, que era mucho mayor, lo contenía en todo sentido. Escapa porque, dice: «no me sentía responsable, capaz de ser padre, sólo podía ser padre de mis poemas, no de un hijo». Pero ahora siente que necesita haber dejado algo más, descubre la importancia de los hijos y quiere saber si lo ha tenido, si existe.
P.: Con esta novela, por momentos chandleriana, usted quiso mostrar que el investigador se hace, que tuvo sus maestros.
R.A.: Uno Neruda, gran lector de policiales y que le ofrece a Cayetano Brulé material de lectura, y fundamentalmente las novelas de Simenon, para que aprenda del inspector Maigret. Y ahí aparecen temas que me interesan: el maestro viejo y el joven aprendiz, el poeta lírico que juega con las ideas y el detective que debe meterse profundamente con la realidad, la novela policial con protagonistas hombres pero girando en torno a mujeres.
P.: ¿Cuál fue el detonante?
R.A.: Un día estaba hojeando «Los versos del capitán», aquel libro que Neruda mantuvo anónimo, y leo en el poema «La Pródiga»: «Yo te pregunto, ¿dónde está mi hijo?». Ese libro, que en secreto estaba dedicado a sus amores con Matilde, mientras el seguía casado con Delia, tuvo una edición de 100 ejemplares en Nápoles, que fue pagada por sus amigos italianos, entre ellos Palmiro Togliatti. Esa pregunta de Neruda, «¿dónde está mi hijo?», ese grito al aire, al mundo, es la que le pide a mi detective que le consiga dar respuesta. Estamos acostumbrados a escuchar de la mujer que sufre por no poder tener hijos, pero poco o nada se habla de la pesadumbre de los hombres. Creo que no se ha querido escuchar esa desesperación final del poeta, porque queremos tener la visión triunfalista de Neruda. El Neruda que conquistó Chile pero tambien al mundo. El que lo tuvo todo: mujeres, amigos, libros, propiedades, riqueza, el Nobel, y que finalmente de un modo que tambien nos marca a los chilenos, muere junto con la democracia chilena, como si el poeta diera su vida en una última metáfora. Ese grito de Neruda que otros no quisieron escuchar, es el que a mí me conmueve, el que me llevó a empezar a anotar ideas, el que puso en movimiento a mi detective.
Entrevista de Máximo Soto

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