26 de noviembre 2008 - 00:00

"Nadie supo escuchar la desesperación de Neruda"

El escritorchileno diceque partió dela frase «Yote pregunto,¿dónde estámi hijo?» delpoema «Lapródiga»para gestar«El casoNeruda»,algo asícomo unaprecuela desu exitosasaga sobre elinvestigadorCayetanoBrulé.
El escritor chileno dice que partió de la frase «Yo te pregunto, ¿dónde está mi hijo?» del poema «La pródiga» para gestar «El caso Neruda», algo así como una precuela de su exitosa saga sobre el investigador Cayetano Brulé.
"Hay un grito de ese hombre conocido como Pablo Neruda que no se ha querido escuchar, y que un detective a pedido del poeta decide descifrar". Este, explica el novelista chileno Roberto Ampuero, es el motor de «El caso Neruda», sexto tomo de la saga de su investigador privado Cayetano Brulé que lo convirtió en best seller internacional. Ampuero, que reside en Estados Unidos, donde enseña escritura creativa y literatura latinoamericanas en la Universidad de Iowa, estuvo de visita en Buenos Aires y dialogamos con él sobre su nueva novela.

Periodista: ¿Cómo se le ocurre, luego de haber escrito cinco policiales con la saga de Cayetano Brulé, contar cómo se volvió detective?

Roberto Ampuero: Tengo la impresión de que, a medida que se va creando un personaje que se repite en varias novelas, va adquiriendo una consistencia cada vez mayor, que en un comienzo uno no se la imagina. Y va exigiendo historias diversas. En un momento sentí la demanda de Cayetano de contar su primera historia, cómo había comenzado. Nunca había pensado esto. Cuando escribí la primera novela de Brulé, «¿Quién mató a Cristián Kustermann?», pensé que era la última, la única. Por esas cosas que uno no sabe por qué ocurren, toda esta historia que aparece ahora en «El caso Neruda» calza de forma tan perfecta con lo que yo había sugerido, mencionado, como el pasado de Brulé. Cuando comienzo a escribir esa historia, que está muy relacionada con momentos y circunstancias históricas muy precisas de Chile, y de Pablo Neruda naturalmente, las cosas calzan de forma casi perfecta, pero por una casualidad, porque nunca antes lo había imaginado. Mucha gente cree que yo lo tenía todo planeado. No, yo no sabía nada.

P.: ¿Ni siquiera que en la forma de investigar su detective había tenido un instructor inimaginable?

R.A.: Se fue dando. Yo tengo una relación muy personal, en sentido figurado, con Neruda. La casa de mis padres, donde nací y crecí, estaba muy cerca de la casa de Neruda en Valparaíso. Desde allí, todas las mañanas, miraba esa casa donde me habían dicho que vivía un gran poeta, un poeta universal. Si bien lo veía pasar, nunca me atreví a acercármele. Siempre estaba rodeado de gente, de una corte de aduladores, que para él era muy importante. Un día con mi padre lo vimos pasar por la avenida Alemania con Salvador Allende y con una mujer, que debía de ser la argentina Delia del Carril, pero los dos compartíamos la timidez y no nos atrevimos a nada. Me quedó aquel encuentro como una deuda pendiente. Por eso, en mi novela Cayetano sí se atreve, sí va a verlo, sí va a charlar con él.

P.: ¿No temió que lo criticaran por andar inventando intimidades de Neruda?

R.A.: Nunca me puse a pensar sobre los riesgos que me iba a traer esta historia, porque sentí el impulso, el estímulo, a partir de releerlo, investigarlo, encontrar datos inesperados. Y, fundamentalmente, saber lo que decían las mujeres sobre él, lo que fue muy importante para construir esta nueva visión de Neruda. Me fue importante haber podido pasar mucho en su casa, porque hay algo en esos ambientes que tiene que ver con el alma de Neruda que yo necesitaba sentir. Cuando sentí que lo tenía incorporado, y que por lo tanto podía dialogar con mi personaje de ficción, empezaron a darse esos juegos, confesiones y pedidos del poeta, y no me puse a pensar en las reacciones de los nerudianos porque lo importante para mí era sentir que Neruda está vivo, que no estaba acartonado, que no estaba listo para ser colocado en un pedestal ni era demonizado.

P.: ¿Cree que lo que le confía -Neruda al aún no detective- Brulé era esperable o insospechable?

R.A.: Un joven cubano, que vivía en Estados Unidos, y llega a Valparaíso enamorado de una chilena muy aristócrata pero muy de izquierda, que le dice: «Tú te perdiste la revolución cubana, ven conmigo a ver la revolución de Allende.

Cayetano Brulé no es nada político, esta en Chile por razones de amor. En ese momento, y dados los vínculos que tiene su mujer con Neruda, el poeta le pide que en forma muy discreta le aclare lo siguiente, le dice: yo tuve hace unos treinta años una amante muy bella, muy joven, en la ciudad de México.

Neruda, efectivamente, fue consul en México entre 1940 y 1943. Le dice: era una mujer casada con un médico cubano que investigaba remedios naturales para curar el cáncer, y yo necesito que la ubiques. Cayetano piensa que Neruda lo llama porque él sabe que tiene cáncer y. por eso, quiere que ubique a ese médico. Brulé luego se dará cuenta de que no es ésa la razón de la búsqueda que le propone el poeta. Es ahí que Neruda necesita confiarle que, mientras él estaba casado con Delia del Carril, con aquella mujer tuvo un extraordinario romance secreto hasta el momento en que ella le dice que está embarazada de él. Y ahí Neruda sale escapando. Escapa porque ya había gestado una hija con una mujer de Java, que había nacido con hidrocefalia y había muerto a los siete años, y estaba aterrado, creía que no tener hijos era su destino. Escapa porque Delia, que era mucho mayor, lo contenía en todo sentido. Escapa porque, dice: «no me sentía responsable, capaz de ser padre, sólo podía ser padre de mis poemas, no de un hijo». Pero ahora siente que necesita haber dejado algo más, descubre la importancia de los hijos y quiere saber si lo ha tenido, si existe.

P.: Con esta novela, por momentos chandleriana, usted quiso mostrar que el investigador se hace, que tuvo sus maestros.

R.A.: Uno Neruda, gran lector de policiales y que le ofrece a Cayetano Brulé material de lectura, y fundamentalmente las novelas de Simenon, para que aprenda del inspector Maigret. Y ahí aparecen temas que me interesan: el maestro viejo y el joven aprendiz, el poeta lírico que juega con las ideas y el detective que debe meterse profundamente con la realidad, la novela policial con protagonistas hombres pero girando en torno a mujeres.

P.: ¿Cuál fue el detonante?

R.A.:
Un día estaba hojeando «Los versos del capitán», aquel libro que Neruda mantuvo anónimo, y leo en el poema «La Pródiga»: «Yo te pregunto, ¿dónde está mi hijo?». Ese libro, que en secreto estaba dedicado a sus amores con Matilde, mientras el seguía casado con Delia, tuvo una edición de 100 ejemplares en Nápoles, que fue pagada por sus amigos italianos, entre ellos Palmiro Togliatti. Esa pregunta de Neruda, «¿dónde está mi hijo?», ese grito al aire, al mundo, es la que le pide a mi detective que le consiga dar respuesta. Estamos acostumbrados a escuchar de la mujer que sufre por no poder tener hijos, pero poco o nada se habla de la pesadumbre de los hombres. Creo que no se ha querido escuchar esa desesperación final del poeta, porque queremos tener la visión triunfalista de Neruda. El Neruda que conquistó Chile pero tambien al mundo. El que lo tuvo todo: mujeres, amigos, libros, propiedades, riqueza, el Nobel, y que finalmente de un modo que tambien nos marca a los chilenos, muere junto con la democracia chilena, como si el poeta diera su vida en una última metáfora. Ese grito de Neruda que otros no quisieron escuchar, es el que a mí me conmueve, el que me llevó a empezar a anotar ideas, el que puso en movimiento a mi detective.

Entrevista de Máximo Soto

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