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No cumple objetivos contrarreforma previsional
Otro punto es el «drama» para los afiliados de las AFJP a raíz de la crisis financiera global. Este fue el primer argumento oficial en defensa de la contrarreforma, pero también es endeble. Al año 2008, menos del 5% de los afiliados a las AFJP estaban en condiciones de jubilarse en 2009 o 2010. Hubiera sido fácil, por lo tanto, proteger a estos jubilados por medio de transferencias intrarrégimen asegurándoles un retorno positivo a los fondos en 2008.
Por otra parte, la solución estructural hubiera consistido en replicar lo hecho en Chile desde 2002, donde cada AFP administra 5 fondos con distinto riesgo: el fondo «E» (ultraconservador, y obligatorio para quienes están próximos al retiro) tuvo una rentabilidad negativa de sólo un -0,9% en 2008, muchísimo mejor que las de los fondos más riesgosos (comparables con las de las AFJP en la Argentina en ese año).
Con respecto al uso de los fondos de las AFJP como herramienta contracíclica y promocional, es positivo, sin dudas, que los gobiernos puedan realizar políticas contracíclicas frente a situaciones críticas como la actual. Sin embargo, la política fiscal de este Gobierno ha sido sumamente procíclica entre 2003 y 2008 (precrisis global), y la economía en su conjunto carece de financiamiento como para realizar una política contracíclica durante 2009: los fondos que invierte la ANSES antes eran invertidos por las AFJP, por lo cual hay un desplazamiento («crowding-out») y no hay un efecto neto relevante en la demanda agregada; las inversiones de las AFJP que se repatrian del exterior representan menos del 9% de sus carteras, y fueron mucho más que compensadas por la salida de capitales provocada en buena parte por esta contrarreforma. De hecho, tomando las proyecciones del FMI (relativamente benévolas para la Argentina), la contracción de la economía del país (medida por la diferencia entre la tasa de crecimiento en 2008 y la proyectada para 2009) es una de las mayores del mundo (superada sólo por los países de Europa del Este).
En cualquier caso, el ahorro previsional debe procurar el mayor rendimiento posible para beneficio de los trabajadores en su vejez. De lo contrario, cuando la rentabilidad real negativa de las inversiones dirigidas a crear mayor empleo lleve a un default de las promesas del esquema de reparto habrá un serio problema (cuya anticipación dañará el clima de inversiones y la posibilidad de crear empleo genuinamente). Bajo esa óptica, los flamantes créditos para viviendas del Banco Hipotecario, fondeados con recursos de la ANSES que obtienen rendimientos menores a los del mercado, constituyen una buena noticia sólo para quienes tomen dichos créditos, pero sin dudas no lo son para los aportantes actuales del sistema previsional.
Es loable que el Estado promueva inversiones en infraestructura y vivienda social, y que fomente el empleo, pero ello debe hacerse con los instrumentos de política pública propios a dichos objetivos, de manera transparente y no arbitraria. Desinformar sobre los verdaderos costos que tiene la «utilización social» de los fondos previsionales no es aceptable.


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