29 de diciembre 2008 - 00:00

“No pudimos hacer de Bush un Maquiavelo”

Suzie Gilbert: «Hasta los 40, George W. Bush fue un mediocre, un alcohólico, y cuando se convirtió al evangelismo cambió. Hoy tiene los reflejos suficientes como para esquivar algo más que dos zapatazos».
Suzie Gilbert: «Hasta los 40, George W. Bush fue un mediocre, un alcohólico, y cuando se convirtió al evangelismo cambió. Hoy tiene los reflejos suficientes como para esquivar algo más que dos zapatazos».
Una semana antes que Obama jure como presidente, en la Argentina se estrenará la nueva película de Oliver Stone, «W.», polémica biografía de George W. Bush que los demócratas consideran demasiado benevolente y los republicanos demasiado ácida. De paso por Buenos Aires, la productora inglesa del film, Suzie Gilbert, dialogó con este diario acerca de los dos rostros de un hombre público.
Alta, blanca, de cabello abundante, con largas hebras enruladas, y ojos vivaces («como mi madre iraní»), Suzie Gilbert habla a borbotones como una norteamericana («Mi Dios, ya hace mucho que vivo en EE.UU., pero también viví mucho en Ceará», comenta en perfecto portugués), y acredita una buena carrera junto a Oliver Stone, desde coordinadora de postproducción de «Alexander» y asistente personal en «World Trade Center», hasta coproductora de sus dos nuevas y disímiles biografías: la de Bush y la que hará próximamente sobre Hugo Chávez.
Periodista: ¿Ya está avanzado el proyecto Chávez?
Suzie Gilbert: Sí. A este film se sumarán los productores argentinos Fernando Sulichin y José Ibáñez, que ya han trabajado con Stone. Esperamos iniciar el rodaje en Venezuela el mes próximo, pero no será un retrato íntimo como «Comandante», que Stone hizo sobre Fidel Castro, sino algo más amplio, con entrevistas a diversas personas, buscando el equilibrio, y chequeando la imagen que registremos con la que ofrecen los diversos medios.
P.: ¿Y qué imagen de Bush muestran ustedes en «W.»?
S.G.: La de alguien que hasta los 40 fue un mediocre, un alcohólico, y cuando se convirtió al evangelismo cambió, se hizo un sólido empresario, fue dos veces elegido gobernador de Texas, y dos veces elegido presidente de los Estados Unidos.
P.: Digamos, el típico «american hero» que sale del pozo.
S.G.: ¡Absolutamente! En ese sentido la suya es la clásica historia americana. Y también es muy interesante cómo habla de sus dos padres, el de sangre, y otro más elevado, al que consulta. Cada reunión de gabinete de Bush termina con una oración, esto lo dicen muchos, y mucha gente lo aprecia por ello. Stone lo compara con John Wayne, porque es un representante de la política dura que se ha vuelto un ícono popular, simpático, accesible, querido, que se siente realmente un héroe americano, contento consigo mismo, indiferente al juicio de la Historia (total cuando lo juzgue él ya estará muerto). El no cree haber hecho gran cosa de malo, y ni siquiera se aflige cuando le tiran un par de zapatazos.
P.: Encima los esquivó, todavía tiene buenos reflejos.
S.G.: Reflejos del deportista que quiso ser, porque ese fue uno de sus sueños, inclusive llegó a tener un club de béisbol. Nuestro guionista quería pintar un Maquiavelo, pero le fue imposible.
P.: ¿Entonces el malo de la película pasa a ser el vicepresidente Dick Cheeney?
S.G.: Uno diría que sí, pero tampoco es «el» malo, porque en el gobierno todos están involucrados. Una escena del film lo muestra muy manejador, pero quien decide es el presidente. Me gusta en especial una escena donde ambos hablan de Guantánamo mientras comen un sándwich, es algo así como presenciar la banalización del Mal. Y cosas así han ocurrido. Muchos piensan que ahora, aunque Obama no pueda cambiar mucho, empezará al menos a cicatrizar algo del daño que hizo Bush durante tanto tiempo.
P.: Por todo lo que usted cuenta, parece que «W» será bastante distinta de otra película de Stone sobre un presidente, «Nixon».
S.G.: Cada obra es fiel a su personaje. Nixon era un torturado, un introspectivo. En cambio Bush es un tipo feliz, medio inconsciente, satisfecho consigo mismo. La obra entonces es más fresca, sin caer por ello en la sátira gruesa. Sería fácil reírnos de sus errores, o denunciar nuevamente sus maldades, pero nos interesó más saber cómo un fracasado llegó a ser líder mundial, y a dejar una herencia que ha de mantenerse por varias generaciones. Es importante saberlo, incluso como advertencia para cuando más adelante aparezca otro con un carisma similar. En ese sentido, un caso interesante es el de Sarah Palin. Y yo diría que McCain, con su figura de héroe de guerra, tuvo muchas posibilidades de ganar estas elecciones. Le agrego un detalle.
P.: ¿Cuál?
S.G.: Bush dice que ha renacido gracias al Evangelio, y que la religión le cambió la vida. Pero no aflojó para nada su ego, accediendo a la humildad que el Evangelio reclama. Ese asunto del ego es algo que, desde una perspectiva budista, les interesa mucho a Oliver Stone (cuyo segundo nombre, igual que el de Bush, empieza con W) y a su guionista. Un tema fundamental de la película es, precisamente, el manejo del ego.
P.: Y ahora siguen con otro gran ególatra, Hugo Chávez. Perdón, ¿dijo «desde una perspectiva budista»?
S.G.: Así es. Stone se convirtió mientras filmaba «Entre el cielo y la tierra», y Stanley Weiser dirige un centro de meditación budista.
P.: ¿Weiser, el guionista de «Wall Street»?
S.G.: Sí señor. ¡Y qué película! No ha perdido nada de actualidad. Tampoco «W.» se pondrá vieja. Personajes como esos forman parte de la mentalidad americana.
Entrevista de Paraná Sendrós

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