23 de marzo 2015 - 00:47

No sólo Macri y Massa quieren lotear el radicalismo

• GEN Y SOCIALISTAS ALIENTAN LA RUPTURA DENTRO DE LA UCR

Margarita Stolbizer y Ernesto Sanz
Margarita Stolbizer y Ernesto Sanz
Aclaraciones, peleas y discusiones casi de agrimensor sobre los pedazos de radicalismo que cada candidato quiere asignarse saturaron el fin de semana. La cuestión es que la UCR sigue siendo un partido con estructura nacional que, a pesar de las divisiones entre quienes quieren continuar con sus acuerdos provinciales con Sergio Massa y los que triunfaron en un acuerdo con el PRO, tiene intendentes, legisladores, diputados y senadores que seducen y a quienes les interesa ser seducidos. En el medio, Ernesto Sanz, cabeza del acuerdo con el macrismo, aunque el bordado fino haya involucrado a muchos más, tuvo que volver a dedicarse a hacer equilibrio con su aliado, Mauricio Macri.

"Quien gane las PASO tendrá derecho a conducir", repitió ayer Sanz. Se refería, obviamente, al acuerdo que conformaron el radicalismo, el PRO y la Coalición Cívica.

Sanz hace equilibrio entre las presiones de su partido y las declaraciones de Macri. El jefe de Gobierno porteño sigue mostrando en público la estrategia que definió hace tiempo: Emilio Monzó negociando durante meses un acuerdo con los radicales y él mismo negando toda posibilidad de un acercamiento con la UCR. "Por ahora no. Yo soy lo nuevo y por eso la gente me quiere. No necesito atarme a errores del pasado", se cansaba de afirmar Macri cuando se le preguntaba sobre un posible acuerdo con radicales.

"No hemos convenido los cargos previamente porque no corresponde. Quien gane la primaria tendrá derecho a conducir el proceso y los que no ganen, pues se integrarán en los lugares que corresponda, ya sea en el Parlamento o en el Gobierno. Pero no hay de antemano una distribución rígida o inflexible que no permita a quien gane tener su libertad. No hay distribución previa de cargos", les dijo Sanz a los medios. La formalidad con que expresa el problema resulta elocuente. No podrá Sanz emitir otra declaración que no sea ésa mientras el jefe del PRO siga alentando independencia absoluta de los partidos dentro de la PASO que ellos mismos armaron.

Declaraciones aparte, los problemas realmente graves de Sanz no son ésos. Debe, junto a su almirantazgo en el Comité Nacional, controlar el proceso interno con los jefes provinciales que prefieren continuar con sus acuerdos con Sergio Massa para garantizar el armado de listas y hasta victorias locales. La presidencia de Macri, frente a eso, poco les importa y por lo tanto menos las complicaciones de Sanz.

Morales cree que está cerca de imponer al radicalismo en las elecciones de su provincia. El macrismo allí poco puede acercar y, en realidad, tampoco puede decirse que Massa esté en condiciones de hacer la diferencia, pero con Eduardo Fellner en la gobernación, Milagro Sala y el largo brazo de Cristina de Kirchner, Morales está convencido de que necesita una pata peronista. Ayer, uno de los armadores de Morales fue terminante: "¿Qué quieren de la interna radical?", se le preguntó. "Ganar Jujuy", fue la única respuesta.

Naidenoff no fue consultado, pero respondería lo mismo. También el tucumano José Cano, otro radical que lidia con los Alperovich, se beneficia de su desgaste, y este fin de semana recibió un regalo inesperado cuando la primera dama local, Beatriz Rojkés, perdió los estribos y mostró en público un poco de lo que es la política local mientras pretendía visitar a inundados furiosos de su provincia.

•Esa estrategia de los radicales antiacuerdo es la que explica que en la Convención Nacional de Gualeguaychú, Gerardo Morales o Luis Naidenoff se sumaran al repentino embelesamiento de otros, como Ricardo Alfonsín, con una candidatura presidencial de Julio Cobos.

Morales,
por si hace falta recordar, fue el ejecutor de casi todas las políticas de castigo a Cobos tras su pase al kirchnerismo y el mayor opositor a su regreso. Cobos, en la Convención, fue más tapón que candidato para el grupo que integra Morales.

Esa pelea amarga lo deja a Sanz también sin aliados en otras épocas. Si bien mantiene en el Comité Nacional al cordobés Mario Negri, que puja en la interna cordobesa pero sin los peligros que el PRO supone para otros, Morales o Naidenoff le sirvieron en su momento para solucionar conflictos, inclusive los curiosos enroques en las jefaturas de bloques de Diputados y el Senado.

Massa presiona para que los radicales con los que ya tiene foto no abandonen los acuerdos que cerraron en cada provincia; a Sanz le resulta más complicada la parada porque Macri se hace el duro y no termina de contener a los derrotados con más o menos votos.

En medio aparece, obviamente, la ambulancia de Margarita Stolbizer. "Recibo llamados todos los días. Paradójicamente quienes han reaccionado frente a esto son, por un lado, los grupos más juveniles y, por otro lado, la gente más antigua del radicalismo, que dicen '¡Uy, si Raúl viviera no soportaría una cosa así!'" , alardeaba a los medios.

Stolbizer se lanzó a una candidatura presidencial cuando Hermes Binner se bajó de esa opción, que mantuvo mientras, aunque formalmente, FAUnen existía, para garantizarse una mucho más segura senaduría por Santa Fe.

Tras el pedido de Binner, que poco problema le trajo a Stolbizer frente a la complicada performance que venían teniendo tanto el GEN como el socialismo y también los radicales en la provincia de Buenos Aires, ahora se lanzó a intentar levantar los heridos que deja el acuerdo entre el PRO y la UCR.