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“Novak”: apenas un amable ejercicio
El apellido Novak nos remite en primer término a Kim Novak, la rubia de «Vértigo», con todos los lindos recuerdos que su figura implica. También puede remitirnos a Marzenka Novak, de «Clave de sol», o monseñor Novak, de Quilmes. Pero a la chica de esta historia ese apellido la remite a los abismos insondables del festival porteño de cine, y quizá también a los brazos de un joven medio inútil, que ella debería proteger como un ángel: un tal Laszlo Novak, director húngaro más perdido que turco en la neblina.
El pobre, invitado por el festival, vino aquí desde lejanos lares, pero nadie lo espera, nadie lo registra, su película no está programada en ninguna sección, incluso parece que la perdieron. Por su parte, la chica llega desde Rosario invitada de palabra para reemplazar a una amiga que se fue de viaje, pero tampoco hay quien la espere, ni la registre, ni la oriente. Para abreviar: son como dos almas gemelas. Y promediando la historia, se encuentran, igual que la chinita y el cantor del viejo foxtrox de Roberto Ratti «En un bosque de la China».
Pasatiempo improvisado entre amigos con una mini DV, con demasiados primeros planos y unas amables ironías sobre la organización del festival, sugeridas a través del absurdo, «Novak» es en parte una oportunidad desperdiciada (lo esperado en obras como ésta es la inserción de figuras y acontecimientos reales, cosa que aquí apenas ocurre en una escena, y el tipo está tomado de lejos), y es también, en parte, un ejercicio amable, donde hacen sus primeras armas Mariela Centurión (protagonista y asistente de dirección al mismo tiempo), Martín Aletta (actor, autor de la idea, coproductor, coeditor, etc.), Andrés Andreani (director y muchas cosas más) y demás buenos muchachos egresados de Artes Combinadas y lugares afines, reunidos en Tourbillón Films. Se exhibe los viernes, en el Camarín de las Musas, y quizá reconozca un antecedente: la comedia de Dino Risi «Un italiano en la Argentina» (Il gaucho, 1965); también se hizo improvisando día tras día durante el Festival de Mar del Plata. Sólo que en cada improvisación participaban unos señores libretistas: Ruggero Maccari, Tullio Pinelli, Ettore Scola y el propio Risi. Así cualquiera.
Paraná Sendrós

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