28 de diciembre 2015 - 00:00

Oficial: China le puso fin a la odiosa política del “hijo único”

El estricto sistema de planificación familiar que se mantuvo a lo largo de tres décadas fomentó los abortos selectivos y provocó penurias para los “segundos” y “terceros” hijos.
El estricto sistema de planificación familiar que se mantuvo a lo largo de tres décadas fomentó los abortos selectivos y provocó penurias para los “segundos” y “terceros” hijos.
Pekín - La Asamblea Nacional Popular (ANP) aprobó ayer un proyecto de ley que permite a todas las parejas casadas tener un segundo hijo, con lo que puso fin a su política del "hijo único", el estricto y polémico sistema de control de la natalidad que ha regido en China desde 1979.

La histórica medida había sido decidida y anunciada el pasado 29 de octubre, al término del plenario anual del Partido Comunista de China (PCCh), por lo que la ratificación parlamentaria era un trámite antes de su entrada en vigor, que se producirá el próximo 1 de enero de 2016. El Comité Permanente de la ANP resolvió reformar la Ley de Población y Planificación Familiar para universalizar la relajación adoptada en diciembre de 2013, cuando se aumentó el número de parejas que podrían obtener una excepción a la regla. No obstante, las limitadas consecuencias de esa reforma en sus dos primeros años de vigencia hacen dudar a muchos expertos de que el cambio normativo vaya a revolucionar la demografía china.

Para maximizar sus efectos, el borrador que presentó la ANP contemplaba iniciativas que fomenten que las parejas tengan dos hijos, de modo que, además de permitir un incremento de la natalidad, también lo estimula. La nueva norma, no obstante, no liberaliza el número de descendientes que cada pareja puede tener, sino que amplía de uno a dos el máximo autorizado, por lo que ya fue bautizada como la política del "segundo hijo".

La normativa actual fue puesta en marcha en 1979 y desde entonces ha tenido diferentes períodos de aplicación más o menos laxa. Su aspiración era reducir los problemas de superpoblación del gigante asiático, que contaba con 987 millones de habitantes.

De no haberse puesto en práctica esa restricción sobre la natalidad, la población china actual se situaría en unos 1.700 millones de habitantes (hoy 1360), según la estimación de la Comisión de Población y Planificación Familiar de China, el organismo que se encarga de aplicar las leyes de control demográfico.

El Gobierno chino siempre defendió que restringir a un solo hijo la descendencia de las parejas hizo posible el desarrollo económico del país y la salida de la pobreza de millones de personas. Este estricto sistema de planificación familiar, sin embargo, también tuvo notables contrapartidas. La política del "hijo único" provocó múltiples abortos forzados, privó de educación o salud a "segundos" o "terceros" hijos y hasta los confinamientos en cárceles no oficiales para los progenitores que la incumplían, según las denuncias de afectados.

En este sentido, el presidente chino, Xi Jinping, anunció la concesión del "hukou" (una especie de carta de ciudadanía) a trece millones de chinos, en su mayoría hijos de padres que violaron la ya abolida política, lo que les dará acceso por primera vez a servicios básicos hasta ahora vedados. Asimismo, se cree que la política del "hijo único" ha sido un factor clave, junto al desarrollo económico experimentado por el país en las últimas décadas, en el envejecimiento que está erosionando la base de la pirámide de población china. La mano de obra del gigante asiático alcanzó su cifra máxima en 2012, con 940 millones de personas, pero desde entonces inició un declive. En 2014 la fuerza laboral cayó a 930 millones y se espera que baje la barrera de los 900 millones.

Agencias EFE, AFP y ANSA

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