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Otra cumbre que no aportó nada
El hecho de que simultáneamente se realizara ayer la reunión de los ministros de finanzas de la eurozona no creó mayores expectativas. Ya hubo cumbres en Europa, reunión de ministros primero y luego mandatarios de los países del G-20 y múltiples encuentros Merkel-Sarkozy. En todos los casos hubo poco más que diagnósticos y advertencias. Nunca medidas concretas que modifiquen aunque sea unos milímetros el escenario.
Los mercados cerraron mal en Europa, pero se recuperaron luego frente a las expectativas de un ordenamiento de la situación política en Italia, donde la fragmentación del Gobierno de Berlusconi había creado una incertidumbre absoluta sobre la suerte política de la península. Pero luego las Bolsas volvieron a la baja para proseguir con profundas oscilaciones. Lo único claro era quizá la suba del oro, que buscaba desde temprano nuevamente los u$s 1.800 la onza.
Pocos días atrás, al culminar la cumbre europea, se habló de acuerdos clave, dando lugar a un rally en los mercados mundiales. Fue sólo espuma. Sólo está definida una serie de grandes objetivos que una vez alcanzados permitirían contener la crisis. Pero no hay acuerdo de cómo implementarlos.
En concreto, se ha definido que son necesarias tres cosas: 1) una quita del 50% de la deuda griega, 2) la potenciación del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), que debería aumentar por 5 su actual disponibilidad de fondos y 3) recapitalizar la banca europea.
Cada día está más claro que el 50% de quita resulta insuficiente para hacer posible la recuperación de la solvencia griega, aun cuando se profundicen los programas de ajuste. Tamaña pérdida producía un efecto terminal sobre los bancos griegos, lo que daría lugar a pérdidas cuantiosas para el conjunto de bancos europeos. Por otra parte, generaría un efecto dominó, ya que implicaría que Portugal e Irlanda inmediatamente estarían demandando una quita semejante potenciando el problema para los bancos.
Los gobiernos de la zona euro quieren que la reducción de deuda griega sea «voluntaria», concertada con los bancos de forma de evitar un default propiamente dicho, para moderar el impacto sobre los mercados de deuda. Pero los bancos no quieren aceptarlo porque ello implicaría renunciar a los seguros contra default, tomados por las entidades y que sin duda deberían reducir las pérdidas. Sin embargo, el Banco Central Europeo ya ha advertido que el mercado de CDS (Credit Default Swap) no tiene solvencia para enfrentar semejantes pagos, lo que llevaría a las entidades que los negocian a la quiebra. Y una quiebra de esta naturaleza tendría efectos muy destructivos sobre todo el mercado financiero mundial, ya que caerían todas las coberturas contra default, lo que implicaría una masiva pérdida de capital que dejaría a toda la banca mundial frente a una urgente necesidad de recapitalización. Lo que ocurriría si la deuda queda sin cobertura contra default implicaría retornar al escenario de la quiebra de Lehman Brothers.
Para hacer frente a esa situación se quieren multiplicar los recursos del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF), o Fondo de Rescate. Los franceses quieren que este fondo aporte a la recapitalización de los bancos, porque si esa tarea queda en manos del Estado francés se teme que el elevado endeudamiento los lleve a perder la calificación crediticia del país, hoy triple AAA. Pero Alemania, que está en mejores condiciones, no está dispuesta a que el FEEF, creado para salvar países, sea empleado para salvar entidades. Ya en su momento Alemania frenó la iniciativa de crear eurobonos, porque eso implicaría una tasa común para todo el continente, y para Alemania implicaría un sensible incremento.
Si algo quedó claro en la reunión del G-20 es que no será posible obtener un financiamiento significativo fuera de la eurozona para el FEEF. Brasil lo expresó claramente, también lo hizo China. El FMI ha manifestado que estatutariamente está concebido para prestar a países en dificultades, no para financiar fondos de salvataje.
La magnitud de las tareas de salvataje a las que se enfrenta el planeta ha llevado también en forma unánime en la reunión del G-20 a plantear que el FMI debería ampliar su ayuda. Pero nuevamente no está claro cómo se concretaría un fortalecimiento del FMI que le permitiera cumplir ese rol. Merkel ha debido reconocer que no se cuenta aún con recursos fuera de Europa para ampliar el Fondo de Rescate y que tampoco hay acuerdo sobre la ampliación de los recursos del Fondo Monetario.
Se advierte que aún no se dan las condiciones políticas para que pueda definirse qué es lo que se quiere salvar y cuáles son las pérdidas que se van a tener que asumir. Y el tiempo corre en contra porque los indicadores a ambos lados del Atlántico hablan de situaciones recesivas que no pueden dejar de profundizarse en un clima de incertidumbre. Los titulares de la Reserva Federal Norteamericana y el Banco Central Europeo han dejado claro en estos días que sólo puede esperarse un mayor debilitamiento de la actividad económica en el 2012. Y en un contexto como el que se avizora los problemas de la deuda pública y privada se retroalimentan haciéndose cada día más graves.


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