2 de marzo 2009 - 00:00

Pablo Porcelli, sin sorpresas, pero eficaz

Pablo Porcelli, sin sorpresas, pero eficaz
«Cada uno, cada cual». Pablo Porcelli ensamble. Típica Records 311-02.
El saxofonista Pablo Porcelli llegó a la música con el jazz y lentamente se fue acercando al tango. En parte, siguiendo el mismo recorrido que hiciera el desaparecido Gerry Mulligan de la mano de Astor Piazzolla en aquel inolvidable disco conjunto que marcó a fuego a todos los saxofonistas.
Porcelli grabó y editó ahora su cuarto álbum. Su grupo creció al formato de sexteto: Julio Peressini en violín, Leandro Ragusa en bandoneón, Santiago Cichero en guitarra, Maxi Rozenblum en bajo y contrabajo y Claudio Eidler en batería. Su repertorio se enfoca claramente hacia el tango, sea a través de clásicos como «Libertango» o «Nada», o de temas propios. Y apenas se permite una escapada hacia otro género en una elegante versión de la zamba «Alfonsina y el mar» de Ariel Ramírez.
Como intérprete, Porcelli exhibe una técnica depurada y un muy fraseo; seguramente por eso se destaca en los temas lentos. Como compositor y como arreglador -en esta última tarea colaboró, en algunos casos, Julián Hermida-, tiene, indudablemente, a Piazzolla como referente y se inscribe, por lo tanto, en el mundo del tango de hoy, que sigue ubicando al bandoneonista marplatense a la vanguardia del género. Pero como nunca ha dejado de ser un intérprete de jazz, esa música sigue estando de algún modo, en armonías, libertades formales, secciones que suenan improvisadas. Y aunque nunca llega a sorprender ni muestra una gran originalidad, el disco está tan bien realizado que vale la pena escucharlo.
R.S.

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