18 de marzo 2010 - 00:00

“Paco” denuncia al paco algo débilmente

El film de Diego Rafecas sobre la vida de los adictos quiso abarcar demasiado, y todo no se puede.
El film de Diego Rafecas sobre la vida de los adictos quiso abarcar demasiado, y todo no se puede.
«Paco» (íd., Argentina, 2010, habl. en esp.); Guión y dir.: D. Rafecas; Int.: T. Fonzi, N. Aleandro, E. Goris, L. Luque, R. Ricci, W. Lemos.

El comienzo tiene estilo de trailer, un montón de piezas de llamativo efectismo. De a poco esas piezas se van ligando, hasta explicar algunos hechos. Otros son explicados desde la visión de un padre, por ejemplo, y otros, en fin, habrán quedado en la mesa de edición. Quiso abarcar demasiado esta película, y todo no se puede. Pero lo que alcanza a plantear ya es suficiente como para abrir unas buenas discusiones públicas, que es su intención declarada. El asunto es que alguien quiera discutir en serio.

Pero ese es un problema a posteriori. Los que aquejan a la película son de otra índole: demasiada estridencia, muchos vaivenes narrativos, escasa credibilidad de un tratamiento rehabilitador donde nunca vemos tratar a nadie pero de donde todos egresan felices y contentos rumbo al siguiente nivel, el de paciente ambulatorio (eso sí, maltratos hay varios, en la villa donde se cocina la droga y en los establecimientos públicos donde los adictos deberían recuperarse).

Como es sabido, paco se llama «la droga de los pobres» que ahora también consumen las clases medias, y Paco se llama el protagonista de esta historia, hijo de una senadora con aspiraciones políticas y amiguito de una cantora con vocación besadora, empleada de limpieza en el Congreso. También hay una rubia de similar tendencia, que afecta la relación del personal de la única clínica decente de la película, una chica de familia normal, como ella dice, una peladita de armas tomar, un médico sucio y malhumorado, otro limpio y abusador, un cura que halla refuerzo a su fe en ciertos preceptos de la física cuántica, un rockero que se droga «para soportar la gilada», un desafío a los oídos con inesperados saltos de volumen, peregrinas teorías sobre la real finalidad del paco, tomas de Johannesburgo (con un negro con la camiseta argentina), etc. etc.

Algunas figuras son dignas de mención: el ex alcohólico que ahora debe ayudar a su hija, el padre afeminado que saca las uñas como una leona por su criatura, el encargado de seguridad que también necesita contención familiar, el chofer bien autocontrolado de la senadora, papeles a cargo de Claudio Rissi, Willy Lemos, Juan Palomino y Pascual Condito. También, la directora de la clínica y la viscosa senadora que representan Norma Aleandro y Esther Goris. Buen debut, Charo Bugarin, cantante del grupo tecnofolk Tonolec. Buen protagónico, Tomás Fonzi. Discutible, en cambio, el estilo de la película, pero acaso sea adecuado para el público que más podría comentarla: el que (cuesta decirlo, pero es así) la comprará dentro de poco a los manteros en las estaciones de tren y tantos otros lugares que (como los de expendio de drogas) todo el mundo sabe dónde están pero los inspectores nunca ven.

P.S.

Dejá tu comentario