27 de julio 2012 - 00:00

Paquito D’Rivera con sabor clásico cautivó a San Juan

Sin traicionarse en lo más mínimo, D’Rivera armó un recital a la medida de la invitación del Mozarteum con arreglos propios o de sus músicos de obras de Chopin Mozart, Beethoven y, en la segunda parte, Piazzolla.
Sin traicionarse en lo más mínimo, D’Rivera armó un recital a la medida de la invitación del Mozarteum con arreglos propios o de sus músicos de obras de Chopin Mozart, Beethoven y, en la segunda parte, Piazzolla.
Mozarteum Argentino San Juan. «5° función de abono». Paquito DRivera (saxo soprano y clarinete). Con A. Brown (piano), O. Stagnaro (bajo), D. Urcola (trompeta y trombón), P. Saturnino (percusión) y M. Walker (batería). Invitada: B. Feliciano (canto, recitado). (Auditorio Juan Victoria de San Juan, 25 de julio).

El Mozarteum Argentina programó un concierto del cubano/norteamericano Paquito DRivera en el bellísimo e imponente Auditorio Juan Victoria de la capital sanjuanina. El aporte «popular» no sólo no fue extraño para una buena cantidad de gente que se acercó para ser parte de los festejos por el 30° aniversario de la sociedad de conciertos de música clásica, sino que generó tal entusiasmo que hasta produjo un pequeño tumulto en los camarines a la hora de intentar acercarse al músico para saludarlo, fotografiarlo y pedirle autógrafos.

Consciente del lugar en el que estaba tocando pero sin traicionarse en lo más mínimo, DRivera armó un recital a la medida de la situación y logró tener al público siempre de su lado. En la primera parte, presentó arreglos propios o de sus compañeros del sexteto para obras de Chopin («Fantasía impromptu»), Mozart («Adagio» del «Concierto en La para clarinete»), y Beethoven («Sonata Patética»), y homenajeó a Bach con un popurrí que bautizó «Juan Sebastián baila el danzón».

Bromeó diciendo que estos ilustres compositores habían nacido respectivamente en Brasil, Nueva Orleans, Perú y Cuba. Sumó una composición propia dedicada a su compatriota Ernesto Lecuona. Y cerró la primera mitad con su «Suite panamericana», una piaza que hizo por encargo del Lincoln Center, y que incluye textos de Annie Colin en inglés y en castellano, cantados y recitados por su esposa la soprano puertorriqueña Brenda Feliciano. Con todo su virtuosismo, acompañado sin medias tintas por los integrantes de su grupo, y con ese swing cubano que lo ha hecho tan importante, DRivera cautivó a una platea acostumbrada a escuchar muchas de esas músicas pero en versiones bien distintas.

La segunda parte cambió radicalmente las cosas, porque el destinatario de la atención fue el argentino Astor Piazzolla, a quien el clarinetista refirió como uno de los mayores compositores del siglo XX. La sección se armó con «Adiós Nonino» en un muy original arreglo de Diego Urcola, «Oblivion», arreglo de Oriente López, otro cubano en Nueva York, «Libertango» en los bises, o el «Blues for Astor» de Urcola. También transformado en músico de jazz y de música caribeña, de la mano de este combo internacional, el artista marplatense del que se están conmemorando 20 años de su muerte, demostró una vez más su estatura de clásico. En las versiones de Paquito, en su talento y el de sus músicos para abordarlas, recrearlas y tocarlas, las composiciones de Piazzolla fueron también muy festejadas por los sanjuaninos, que se quedaron con ganas de más aún después de un concierto largo.



* Enviado Especial

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