22 de septiembre 2009 - 00:00

Para el gran Aznavour no pasan los años

El veterano chansonnier volvió a deslumbrar por su calidad vocal inmodificada, su refinamiento y la envidiable vitalidad que conserva a los 85 años.
El veterano chansonnier volvió a deslumbrar por su calidad vocal inmodificada, su refinamiento y la envidiable vitalidad que conserva a los 85 años.
Charles Aznavour. Con K. Aznavour y C. Lombard (coros), E. Wilms (teclados), A. Bonfils (bajo), J.J. Cramier (guitarras), E. Berchot (piano), S. García (acordeón), F. Arnaud (batería) y M. Gaucher (saxo y flauta). (Teatro Gran Rex, 19/9).

Se nos hace cuento que Charles Aznavour tenga 85 años, por su estado físico y su prodigiosa calidad vocal sin mella, la felicidad con que expresa el canto y la interrelación afectiva que establece con el auditorio.

De riguroso negro (camisa mao, pantalón, saco y zapatos) apareció Aznavour en el escenario, luego de una breve introducción instrumental de su grupo conformado por siete músicos de equilibrada sonoridad. En las contadas ocasiones que ese equilibrio se rompió, y el fragor instrumental amenazó con tapar el volumen del cantante, bastó una pequeña señal de Aznavour a su tecladista y director musical, Eric Wilms para que todo se ordenara.

Con el micrófono en una mano y libre la otra para acompañar su expresividad vocal, el cantante repasó un menú que conoce en profundidad y que el público festeja, felizmente, con el respeto y el silencio que un artista de su estatura merece.

Como es sabido, Aznavour frasea con intensidad. En cuanto al repertorio, a una composición en francés le sigue otra en castellano y así hasta el final. Algunas frases en italiano y «She» cantada en inglés son las únicas transgresiones a la regla del recital bilingüe. Desde «Les emigrants» inicial hasta «Venecia sin ti» de cierre (el público pedía más pero la sesión terminó definitivamente ahí), Aznavour pasó de una canción a otra sin respiros como si los textos fueran parte de un largo discurso conceptual.

En algún momento se sacó el saco, se sentó en una banqueta, tarareó y se atrevió a unos sencillos pasitos de baile siempre hechos con delicadeza y refinamiento. «Je voyage» la cantó, además, formando buen dúo con su hija Kátia. No se privó y no privó al público de nada. Estuvieron las nuevas canciones pero también las de siempre como «Apaga la luz», «Mourir daimer», «Ave María», «La Bohéme» junto a los ya citados hits. Musicalidad permanente, color de voz sin mácula, calidez y expresividad constantes, dramaticidad, el recital del gran chansonnier resultó excelente, como siempre.

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